22 de abril de 2009

Asignaturas pendientes.

Esta mañana he ido a la tienda que Esperanza tiene en la plaza. Más que una tienda es la tienda, hay otras tiendas más pequeñas, pero Esperanza vende de todo, o casi todo. Son generosas las mujeres de este pueblo con este pobre y viejo farero, y cuando me ven entrar al local dejan su conversación con la tendera. -Esperanza, anda, despacha al farero, que nosotros no tenemos prisa.- Y Esperanza les hace caso, y me pregunta que quiero, y me cuela, y mientras me va dando lo que le pido vuelve a su charla con las otras mujeres. Saben que yo tampoco tengo prisa, pero también saben que no me gusta estar en sus conversaciones.

Mientras me pesa los tomates y las patatas una de las mujeres se queja de las notas de su hijo, de las dos asignaturas que en el instituto le han quedado para septiembre. Ahora tendrá que hacer en verano, dice la madre del mal estudiante, lo que no ha hecho durante el curso.

Aqui en el faro, mientras comparto mi soledad con mi soledad, pienso en el muchacho que tiene dos asignaturas pendientes y me viene a la cabeza una película de hace muchos años de José Sacristán. El instituto le da al chaval la oportunidad de recuperar, de hacer lo que no hizo, pero... ¿ Y la vida?

Me imagino la cantidad de asignaturas pendientes que nos vamos dejando atrás, la de cosas que debimos hacer y no hicimos, los besos que teníamos que haber dado y no dimos, el viaje que siempre quisimos hacer y siempre dejamos pendiente para otro año. ¡Cuantos veranos lamentando las cosas que quedaron pendientes y que pocos septiembres para recuperarlas!

Deberíamos llenar el calendario de nuestra vida de septiembres, de meses de recuperación, de ocasiones nuevas de recuperar esas asignaturas pendientes que jamás llegamos a aprobar. Pero la vida no nos los pondrá, por eso deberíamos ponerlos nosotros, regalarnos a nosotros mismos otra oportunidad, para dar aquel beso, para decir aquel "te quiero" que se nos perdió entre un corazón que lo sentía y unos labios que lo callaron, para aclarar aquel mal entendido que nos costó perder a un amigo, para tomarnos la vida siendo conscientes de que se acaba, de que solo hay una, de que no podemos tirar los días, ni siquiera los minutos, porque cada día y cada minuto que se pierde se pierde para siempre.

Cierro los ojos y recuerdo asignaturas y más asignaturas pendientes. Miro el almanaque que cuelga de una puntilla en la pared y veo que solo hay un mes de septiembre, solamente uno entre doce.

Amanece, y por unos instante no se en que día de la semana ni del mes vivo. Tampoco puedo comprobarlo en el almanaque, anoche, el calendario, se volvió árbol en otoño, y casi todas sus hojas han descendido desde sus ramas hasta el suelo, solo le ha quedado una. Se llama septiembre.

El viejo farero.

1 comentario:

blanco dijo...

si, estudiar esta bien,pero la vida es mas importante. si suspendes en la vida, entonces nada sirve de nada.