23 de abril de 2009

El tiempo y yo.

El tiempo y yo somos un matrimonio que no se entiende. Tiene el tiempo, para mi, espíritu de contradicción, parece un niño travieso que disfruta haciendo lo contrario de lo que se le pide.

Cuando quiero que corra no anda, cuando quiero retenerlo vuela, cuando me hace falta no lo tengo... al final, cuando quiero vivirlo, me doy cuenta de que se me va como el agua entre los dedos. No hay forma de retenerlo, tal vez por eso hago fotos con mis ojos que cuando las revelo salen recuerdos; y algunas noches, cuando durante el día ha estado jugando conmigo, me siento en la salita de abajo y los veo. Sé que entonces él está detrás de mi, riéndose, burlándose, jugando otra vez, pasando a mi alrededor sin que me dé cuenta. Me engaña y se divierte, hace como que está quieto, pero cuando quiero darme cuenta está amaneciendo, y otra vez se ha ido, sin darme casi cuenta de que se me escapa.

Hay bromas que se las perdono, incluso alguna me hace gracia, pero hay otras que me duelen. Hay madrugadas que intento matarlo haciendo crucigramas mientras espero el amanecer para oir su voz, dejarlo tocado de ala para que no vuele, para que no pase cuando ella esté a mi lado, pero no puedo dominarlo, y cuando ella se acerca a mi, el tiempo, mi niño malo y travieso, se viste de viento y de gaviota, y vuela, y otra vez, sin darme cuenta, se me ha ido.

He pensado parar los relojes para no verlo pasar, pero no sirve, él sigue corriendo como el crío que es, jugando conmigo, y me lo recuerda contínuamente, con el sol, con las mareas, con la luna...

Mi tiempo es el espíritu de la contradicción, cuando quiero tenerlo me falta, cuando quiero que pase se detiene, cuando quiero que se pare vuela...

El viejo farero.

No hay comentarios: