24 de abril de 2009

La ballena varada.

Ayer comenzó el día con gritos y carreras por la playa. Casi no había salido el sol y ya se había corrido la voz: una ballena había aparecido varada en la arena. Hacía muchos años que no pasaba, tal vez por eso la gente ayer dejó sus quehaceres y vino a verla.

Algunos la miraban desde lejos, asustados de verse tan poca cosa si se acercaban mucho, otros más valientes se atrevieron a tocarla. Tan sólo unos cuantos han intentado la inútil labor de devolverla al mar. Los he visto desde el faro echarle agua por encima, acariciarla como quien acaricia a un niño asustado, hablarle y empujarla para que regrese a su mundo, pero la ballena se quedó dormida en la playa.

Ayer, al caer la tarde, las olas iban y la bañaban, parecía que querían rescatarla, que cada una de ellas quería decirle adiós dándole un último beso. Nadie sabe en verdad que ha hecho que esta pobre ballena termine su vida fuera del mar, unos dicen que se vuelven locas, que se pierden por culpa de los instrumentos electrónicos de algunos barcos, otros que es la contaminación… A mi me da miedo pensar que la ballena ha querido conocer otro mundo, que había visto el faro y los acantilados y quiso conocerlos. Me da miedo verla tan grande, tan indefensa, tan incapaz de rectificar su error y volver a las aguas donde vivía.

Hoy, con las primeras luces del alba, unos cuantos barcos pesqueros se han acercado todo cuanto han podido a la ballena cuando la marea estaba alta y han lanzado cabos y redes. En la playa, otros marineros y una máquina han ayudado a que los barcos se la lleven al mar del que nunca debió salir. No quiere nadie que pasado mañana vengan los turistas a hacerse fotos junto a ella como si fuese un trofeo cazado, a que se recreen mirando la tragedia. Somos las personas aficionadas a contemplar el mal ajeno, a mirar en la carretera el coche accidentado, a pasear por delante de la casa que se quemó, a ver en las noticias los niños muriendo…

Ha venido a media tarde un equipo de televisión, unos reporteros de un miserable programa que se alimenta de mostrar tragedias ajenas. Han llegado tarde, la ballena está dormida y el mar se la ha llevado lejos de la tierra, de los hombres, de los ojos que buscan la muerte para sentirse vivos.

El viejo farero.