23 de abril de 2009

Mi querida Amiga:

Dicen que, algunas veces, los hombres bebemos para ahogar las penas, para olvidarlas. Eso debía pensar Rafael, un marinero joven, cuando entró al bar de María con un papel en blanco y un bolígrafo en las manos, y le pidió una botella de vino y un vaso. Cuando llegué y me acerqué a él me lo dijo: - Farero, ¿tienes algo que olvidar? Ven, siéntate conmigo, beber solo es muy triste.
Me acerco a la barra y saludo a María, le pido un vaso y vuelvo donde mi amigo. - Yo no tengo nada en especial que quiera olvidar Rafael, pero te acompaño- Él tampoco quiere olvidar, posiblemente quiera recordar, endulzar su dolor con el sabor del vino de Málaga, pero no quiere olvidar, y sabe que tampoco puede.

-Es mentira farero, el vino ni ahoga las penas ni hace que las olvides, simplemente hace que te sientas más impotente aun para intentarlo, y cada vaso te trae más y más recuerdos a la cabeza, y no puedes evitarlo... o será que yo no quiero.

Entre vaso y vaso mi amigo, que no tiene más de 25 años, me cuenta que la que era su novia, que vive en un pueblo relativamente lejano, le ha dejado, pero que a pesar de ello lo quiere, y y desea y necesita que sigan siendo amigos.

-Amigos dice, ¿Y cómo se mira a una amiga cuando se está enamorado de ella? ¿ Y cómo se despide uno sin decirle que la ama? ¡Amigos...! ¿Tú crees farero que puedo saludarla y darle un beso sin querer besar sus labios?

No le contesto, bebo un sorbo mínimo de mi vaso y le dejo que se desahogue hablando. También él bebe, y rompe a llorar, callado, gimiendo, como un niño asustado. Se acerca María y acaricia su pelo. Para ella es como un hijo y el chaval, porque es un chaval, la mira con los ojos llenos de lágrimas, y se limpia torpemente con una mano.
- No sé cómo se hace María, no sé cómo olvidar que la amo. ¿Se puede olvidar lo que hemos vivido juntos, las noches juntos, los paseos juntos...?
-¿Y qué piensas hacer Rafa, qué quieres hacer? Si ella ama a otro tú no puedes evitarlo.
-No verla María, ni llamarla, ni saber nada más de ella, ¿Cómo voy a verla con otro sin morirme por dentro? No puedo ser solo su amigo, ahora ya no puedo.

Retira María la botella y la deja sobre una mesa cercana, y toma entre sus dedos la barbilla de quien hoy es su hijo adoptivo, y cariñosamente le obliga a mirarla a los ojos.

-¿Qué ibas a decirle en esa carta que aun no has comenzado?
-Que la quiero, que la amo, y que no puedo hacer lo que me pide, que me duele demasiado, que... no sé.
-Claro que puedes, es posible hacerlo Rafa, sólo tienes que ver a quien quieres más, si a ti o a ella.

Se marcha al lavabo, pasándose las manos por su cara, el marinero que quiere emborracharse para olvidar un amor imposible, regresa al cabo de unos minutos, con los ojos rojos y una leve y triste sonrisa en su boca. Se sienta sin decir nada, mira a María, otra leve sonrisa... Comienza a escribir su carta:

Querida Amiga mía:

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