23 de abril de 2009

Querido amigo mío:

Dicen que nuestra vida no es la que hemos vivido, sino la que recordamos. Si esto es cierto hoy he recuperado un trocito de la mía. Ha sido como esas cosas que tenemos arrumbadas en un rincón, olvidadas y cubiertas de polvo, como el arpa del poema, y que un buen día, buscando una cosa distinta, la descubrimos. Como esas fotos guardadas desde hace años en una caja y que encontramos al buscar ese papel que nadie sabe donde está.

Leí eso que llaman nick, en una página de esas que llaman foros, navegando por ese mar que no viene en mapas ni atlas y que se llama Internet. Cuantas palabras nuevas, extranjeras, desconocidas para mí hasta casi ayer... y cuantas cosas mías, de mi niñez más amada, de mi barrio más mío, de mis amigos más amigos me han traído de nuevo a mí. Me han hecho viajar en esa máquina del tiempo llamada recuerdo, me han pintado en la cara la sonrisa que deja esa tristeza alegre que es la nostalgia.

Otra vez he visto mis redondos chicles Bazoka, he jugado a la lima y al trompo... he cogido mi cometa y mi pandero, y los he volado en el aire cálido de una tarde de primavera que parece no haberse ido nunca. Volví a jugar con mi Exín Castillos, y a correr con una culebrilla en las manos, detrás de las niñas, para asustarlas, porque me divertía verlas gritando y huyendo... y porque ellas se querían dejar asustar. He oído otra vez las voces de mi madre, y las voces de todas las vecinas, que eran como madres temporales, sobre todo cada vez que según ellas hacías algo malo, y que según nosotros era pasarlo bien.

He estado dentro de aquella casa que nos hicimos en las ramas de una morera, me he tomado una Pepsicola en botella de cristal, de aquellas que las echabas al vaso y saltaban miles de burbujitas, que se metían por los ojos y por la nariz... y he recordado el sabor de mis Mirindas de naranja. Mis indios y mis vaqueros de plástico, mi primer camión, tirado por una cuerda... y mis amigos en la calle, jugando con ellos hasta la noche... y aquel televisor Marconi, en blanco y negro, y el papel de tres colores que compraron en casa y que jamás me gustó.

Volví a sentir el miedo al maestro y a su palmeta, el respeto a los mayores... el amor primero por aquella maestra que era la más guapa de todas las maestras... el olor a goma de borrar, aquella de Milán que teníamos los más afortunados, y el pegamento que hacíamos con harina y agua.

Las estampitas, los cromos de las niñas, sus canciones, los zapatos Gorila y la pelota verde que traían dentro. Esos zapatos que queríamos romper pronto para tener otra pelota nueva. La quina Santa Catalina, y a Quinito, cantando aquello de “sal al balcón y echa un jamón...” los peques, yéndose a la cama a las nueve, para descansar... la misa de los sábados en el colegio de los salesianos... He sentido el pinchazo de las inyecciones de don Manuel el practicante, los pregones de los pescaderos de la plaza de la Feria anunciando los lenguaos...

Me he olvidado de los satélites meteorológicos, y me he acordado de Mariano Medina, el hombre del tiempo... y del barco “K “, perdido allí, en medio del océano, encima de las Azores. He visto arder otra vez el mapa de Bonanza... y al Cordobés saltando delante del toro haciendo la rana.

En mi radio dejaron de sonar los 40 principales y oí la voz de Matilde Vilariños, de Pedro Pablo Ayuso... las voces de las radionovelas... He olido de nuevo la dama de noche del cine de verano mientras veíamos el nodo, y el olor eterno de aquel seita, el seiscientos, que nos llevó por primera vez a la playa.

Querido amigo mío, cuantas cosas que creía perdidas he encontrado, cuantos recuerdos... si tu pudieras verme te reirías, verías en mi cara la sonrisa de aquel niño que huía por medio del trigo del escopetero, el niño que cambiaba las compuertas al hombre que regaba... el que jugaba a ser ingeniero desviando los canales, el que tenia un atlas de Aguilar donde pintó el recorrido del Nautilus en sus 20.000 leguas de viaje submarino... pero tu no puedes verme, querido amigo, porque tu no tuviste la ocasión de recordar estas cosas; tu te fuiste con ellas, estás donde ellas... en mi recuerdo, en mi corazón.


El viejo farero.

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