23 de abril de 2009

Soñándote.

Esta madrugada no ha sido el rugir del mar, ni el viento que se relía entre los hierros de la barandilla, ni el golpeteo de esa ventana que tantas veces me dejo abierta por puro olvido. Tampoco ha sido el frío, esta madrugada me has despertado tú, tu recuerdo.

Entraste primero en mi mente y comenzaste a dar vueltas por ella sin yo saberlo, después bajaste a mi corazón y poco a poco lo fuiste acelerando. Has estado recorriendo mi cuerpo entero y me has llevado de la mano a la playa.

Te he visto delante de mí, entre mis ojos y el mar, entre mi pecho y las olas, y me he acercado a ti lentamente. Jugaba el viento con tu blusa y con tu pelo, y tú has hecho magia, y cuando he llegado a ti tu blusa había volado dejando al descubierto la fina piel de tu espalda.

He apoyado mi barbilla en tu hombro y he rodeado con mis brazos tu cintura; tú has inclinado levemente tu cabeza, aprisionando con toda la dulzura del mundo mi cara entre la tuya y tu hombro. He sentido tu vientre desnudo en las palmas de mis manos, y he apretado tu cuerpo contra el mío mientras besaba tu hombro.

Generosa, o egoísta, no se, has liberado mi cara y has dejado que mi boca recorra tu espalda y suba, dejando una estela de besos, hasta tu cuello. Han tenido celos mis manos, y han explorado tu vientre, y han subido hasta rozar tus pechos. Te has estremecido y has girado tu cara, buscaba tu boca a mi boca y se han encontrado.

Algunas olas han besado nuestro pies, tú has seguido con tu cabeza girada devorando mi boca, yo he seguido inclinado sobre tu hombro devorando tus labios, y mis manos… mis manos han acariciado tus pechos una y otra vez, y han jugado a ser alfareras que modelan dos pequeñas vasijas, y tú, entre beso y beso, te has vuelto y me has dejado beber de ellas.

No ha sido el rugir del mar, ni el viento que se relía entre los hierros de la barandilla, ni el golpeteo de esa ventana que tantas veces me dejo abierta por puro olvido. Tampoco ha sido el frío, esta madrugada me ha despertado tu ausencia, esta madrugada me he despertado soñándote.

El viejo farero.

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