7 de octubre de 2009

El ladrón de recuerdos


Alguna vez, hablando de los recuerdos que cada uno tenemos, mi amigo Carmelo me decía que nuestra vida no es la que hemos vivido, sino la que recordamos, que lo demás, las cosas que olvidamos para siempre son partes de nuestra vida que desterramos. Yo, alguna vez, viendo a los críos recortando con sus tijeras del colegio un dibujo, una fotografía de una revista, me he imaginado a nuestra mente haciendo lo mismo, recortando cosas, guardándolas en nuestra alma y tirando el resto a un cubo de basura llamado olvido.

Hace ya tiempo que Carmelo no es el hombre que era. Al principio nos reíamos cada vez que se dejaba algo olvidado en el café de María, cuando al salir de su casa se detenía un segundo pensando por donde tenía que marchar hacia el puerto. Con el paso del tiempo Carmelo dejó de reírse de sus olvidos y una tarde, sentado en el puerto, dejó caer dos lágrimas de sus ojos porque no sabía a que había ido allí.

Sus hijos lo llevaron a la ciudad y volvieron con la confirmación de lo que todos sospechábamos y temíamos. Ha ido olvidando las caras de sus amigos y algunas veces, cuando lo saludamos, nos pregunta quienes somos. Ya no sale a la mar ni lo dejan ir solo a ninguna parte, ha olvidado las calles del pueblo y los caminos que antes lo llevaban al puerto, al café, a la playa o al faro.

Esta tarde, Andrea, la hija mayor de Carmelo, lo ha llevado al mar de María. Tiene que ayudarle a sentarse, le acerca el vaso y le habla de la gente del pueblo, pero el alzheimer se está adueñando de su cabeza y alimentándose de sus recuerdos, y cada día se hace más grande, más fuerte, y sus recuerdos menguan cada noche, poco a poco, como la luna en el cielo. Algunas veces su mente se revela y por nos segundos gana gana la batalla, y es entonces cuando Carmelo sonríe y asiente con la cabeza, cuando un recuerdo se enciende de repente y el devuelve un poco de vida.

Aquí, en la soledad del faro, no puedo dejar de pensar en ese ladrón de recuerdos que es esta enfermedad, y me asusta pensar que un mal día se adueñe de mi miente y me robe los míos y olvide el olor a sal en el aire, el sonido de las olas en las madrugadas de insomnio, el camino al bar de María, su boca, sus ojos, su dulce y casi triste sonrisa...


7 comentarios:

Marisa dijo...

Ese temor que muestras en tus
cuatro últimos renglones también
es el mío, desde que tuve que ver
muy de cerca ese terrible mal,
como muy bien le llamas ladrón de recuerdos.
Es terrible ver como una persona
cabal, inteligente y fuerte va
deteriorándose de esa manera sin poder hacer nada.
Ojalá que nunca tengamos que
pasar por ello.

Un abrazo.

Sakkarah dijo...

TRiste lo del ladrón de recuerdos...

Tienes un premio en mi blog.

Muchos besos.

Chesana dijo...

Hace ya un rato que he leído lo del ladrón... y llevo otro rato pensando en este comentario.

Mi madre tiene Alzheimer, y la tengo yo, en casa y sin ninguna ayuda. Ojalá nunca sepas, ni tú ni nadie, lo que esto.

Seguiré leyéndote en otro momento si no te importa. Saludos farero, con mi cariño.

Anónimo dijo...

Hola amigo farero, no me he olvidado de ti...
He estado "ausente", por temas de tecnologias e internet..
Acabo de leerte, y me has emocionado, mi aita,baserritara(casero) euskaldun, fuerte como un roble, trabajador incansable de sol a sol, en su tierra y entrañable con su familia , empieza con este pequeño-gran problema, "lagunas mentales", que hacen que mi corazón de hija, se encoja, viendo como su vejez es ya evidente, y sigue su curso, tristeza...
un musu de tu "farera" del norte

El viejo farero dijo...

MARISA: Posiblemente el saber que esa enfermedad es una amenaza real para todos y cada uno de nosotros debería hacernos vivir más cada segundo, sentir, recordar, añorar y repetirlo si se puede.
Un beso.

SAKKARAH: Sí, hay muchas cosas tristes en esta vida, esta es una de ellas, pero también hay buenos momentos, aunque sea de tarde en tarde. Charlar contigo, por ejemplo. Gracias por el nuevo regalo, me voy a por él.
Un beso... o dos.

CHESANA: Siento enormemente lo de tu madre, y lamento, por ti, haber dejado este tema.

Un abrazo y un beso.

CHICA DEL MUSU: Nadie está libre de esta amenaza, ojalá, como dice más arriba la amiga Chesana, no tengamos que vivirlo.
Un beso desde el Sur.

Anónimo dijo...

tus escritos desprenden sensibilidad y ternura, dos características que me encanta que tengan las cosas que leo, ya que son las que más me emocionan, las que más me impactan en el corazón.

Un beso también desde el sur.

El viejo farero dijo...

Me alegra que te agraden algunos de estos escritos; las puertas de este faro, por el frío invierno que se nos echa encima, están encajadas, pero solamente tienes que empujarlas levemente para entrar y pasear por él. Estás en tu casa.

Un beso... y bienvenida.