29 de diciembre de 2009

¡ Feliz nueva partida!


Ahora que estamos a punto de quitar la última hoja del calendario y estrenar un nuevo año parece como si con ello comenzásemos una nueva etapa en nuestras vidas, una nueva partida que esta vez sí podemos ganar. Después la vida volverá a repartir las cartas, casi siempre malas, y el año que nace se suele convertir en una mera continuación del que termina donde lo único que cambia es un número. Pero la vida no sabe que cada vez que una partida comienza junto con las cartas cogemos una buena carga de nuevas ilusiones, de nuevas fuerzas y nuevos sueños. Yo deseo que esta partida que está a punto de comenzar la ganéis, que consigáis de vez en cuando alcanzar una meta, realizar un sueño, arrancarle a la vida unos minutos vividos de verdad, unos momentos inolvidables, que dibujéis sonrisas en las caras de los demás, que recuperéis amigos casi perdidos, que hagáis aquello que siempre quisisteis hacer y nunca tuvisteis el valor de hacerlo, que dentro de un año tengáis un calendario lleno de buenos recuerdos... y que recordéis una frase que hace tiempo aprendí de una buena persona: Al final todo acaba bien, si no es así es que no es el final.

Bonne année.

Pelo ano novo.

Happy new year.

Felice anno nuovo.

Feliç any nou.

Feliz ano novo.

Urte berri on.

An nou fericit.

Asgwas amegas.

Gelukking nieuwjaar.

Tashi délek.

Bliadhna mhath ur.

Boldog új évet.

Yeni yiliniz kutlu olsun.

Feliz año nuevo.




10 de diciembre de 2009

Mis Reyes Magos.


Si hace un mes los jóvenes y los niños del pueblo andaban por las calles disfrazados celebrando una fiesta con nombre extranjero y pidiendo caramelos ahora son algunos mayores los que se adaptan a otras costumbres y ponen en sus balcones y ventanas unos muñecos gordos con barba blanca y vestidos de rojo que escalan por una escalera. En algún balcón se han olvidado la escalera y el viejo barrigón vestido de rojo parece más un suicida a punto de lanzarse al vacío que un sujeto que escala para dejar regalos.

Hoy, llegar al bar de María era más gratificante que nunca. A mitad de camino entre la puerta y el mostrador, a la izquierda, casi debajo del televisor, ha puesto un portal de Belén. Acercarme a verlo ha sido algo así como llegar al pueblo y ver caras conocidas; me alegra volver a ver después de casi un año al pastor que camina con su pequeña oveja sobre los hombros, a la mujer que arrodillada lava la ropa, a la que hila, al herrero, los patos que nadan en un río de papel de aluminio, al que intenta pescar desde el puentecillo de madera, a la gente que camina por un sendero de serrín y albero, las montañas de corcho y papel, la nieve de algodón, el castillo de Herodes a lo lejos, a los Reyes Magos y sus pajes acercándose a una cuadra donde una mula y un buey acompañan a una pareja que acaba de traer una criatura al mundo...

Está el pueblo dividido entre partidarios de los Reyes Magos y de Papá Noel, tan sólo la maestra conjuga su amor por los primeros, que llevan toda la vida trayendo regalos a los niños de este pueblo con su aceptación lógica del segundo, que trae los juguetes al comienzo de las vacaciones. Yo, tal vez por costumbre o porque a ciertas edades ya no podemos cambiar me quedo con mis Reyes Magos. Prefiero imaginarlos cabalgando de madrugada por el camino que viene al faro, prefiero, puestos a soñar, imaginar que esta vez no hay estrella que los guíe, sino que es la luz de mi faro la que les marca el camino. Prefiero asomarme la mañana del día 6 al balcón que da a la playa y buscar las huellas de sus camellos en la arena y pensar, si no las veo, que ha sido la marea alta que las ha borrado antes del amanecer. No me entra en la cabeza un viejo gordo montado en un trineo tirado por renos que se creen gaviotas y vuelan, ni a ese mismo señor escalando por la pared del faro, sujeto a una cuerda y con un saco, posiblemente lleno de carbón, a sus espaldas.

Aquí, en la soledad del faro, pongo bien ese papel rojo que cubre una bombilla y simula una candela, y miro a mis pastorcillos, hermanos de los pastores que María tiene en su bar, y miro a los magos, y me viene a la mente la imagen del viejo gordo vestido de rojo escalando por las paredes del faro, y con unas tijeras capaces de cortar cualquier cuerda subo al balcón, y miro pared abajo...