31 de diciembre de 2010

Feliz 2.011.

Un año más que se termina y, de nuevo, la ilusión de que el que está a punto de comenzar sea un poquito mejor. Viene bien que de vez en cuando, sin más motivo que una simple fecha, se reaviven las ilusiones y las esperanzas; después posiblemente todo siga igual, pero durante un tiempo viviremos un poco más esperanzados.

No ha sido mal año, en lo personal, este 2010; ha vuelto mi hada madrina y de vez en cuando ha tocado mi vida con su varita mágica y me ha hecho feliz y ahora, justo cuando termina el año, ha convertido un sueño en un objetivo alcanzable.  Llega el nuevo año lleno de ilusiones y preñado con un proyecto que va creciendo y tomando forma como si de un crío se tratase y que en los primeros días de febrero verá la luz. Una portada, un título, 55 temas...  El blog se convierte en libro. Otro sueño que juega a hacerse realidad.

Deseo que 2.011 sea un poco mejor que 2.010, que alcancéis algunos sueños, que tengáis más ratos felices que de tristeza y que siempre tengáis a vuestro lado a una persona con la que compartir todo aquello que la vida os depare.

Un fuerte abrazo.


El viejo farero.

25 de diciembre de 2010

El Cachorro.

Cuenta que leyenda que en el siglo XVII vivía en Triana, en la zona de los tejares, un gitano al que llamaban el Cachorro.  Se ganaba la vida cantando en tabernas y destacaba por sus finas manos, poco habituales en un barrio donde los hombres trabajaban de sol a sol sacando barro de los barrancos para hacer ladrillos. 

Era un hombre serio, distante, y cuando cantaba y tocaba la guitarra parecía que lo hacía para sí mismo. No eran pocas las mujeres de Triana que suspiraban por sus amores pero al Cachorro no se le habían conocido amores aunque las malas lenguas decían que algunas noches cruzaba el puente de tablas y pasaba a Sevilla, donde una paya casada le entregaba su corazón y su cuerpo.

Por aquel tiempo, en el año 1.689,  se fundó una hermandad en el barrio, resultado de la fusión de dos existentes hasta entonces y a la que pusieron el nombre de Hermandad de la Sagrada Expiración de Nuestro Señor Jesucristo y María Santísima del Patrocinio.  La hermandad ya tenía una imagen de la Virgen que había aparecido años antes en el fondo de un pozo, pero necesitaba la de un Cristo expirando.  Fue entonces cuando el Cabildo de Cofrades hace al escultor Francisco Ruiz Gijón el encargo de tallar un Cristo agonizando. Fueron muchos los bocetos dibujados al carbón o modelados en barro que hizo Ruiz de Gijón, pero todos eran abortados ya que ninguno reflejaba para el escultor el momento de la agonía de Cristo que quería reflejar.

Comenzó a visitar las tabernas de Triana un jinete payo al que nadie conocía y que andaba de tasca en tasca preguntado por un gitano. Mientras tanto Ruiz de Gijón dormía y comía cada día menos y se mostraba más obsesionado con la imagen que no terminaba de crear. La fiebre se iba apoderando de él y una noche, casi delirando, tomó papel y carboncillos y sin saber donde iba salió a la calle.  Cruzó el puente de barcas y terminó perdido por las calles de Triana, hasta que un escándalo de voces de mujeres y gente corriendo lo trajeron a la realidad. Se acercó al lugar dispuesto a ayudar a quien seguramente necesitaba ayuda y en el camino se cruzó con un hombre que huía a caballo hacia Sevilla.  Cuando el escultor llegó al lugar donde se arremolinaba la gente encontró a un gitano agonizando, con una daga que atravesaba su pecho. Era imposible hacer nada por aquel hombre, pero el escultor tomó su papel y sus carboncillos y pintó a grandes rasgos el rostro del hombre que estaba agonizando.

Meses después la Hermandad del Patrocinio sacó por primera vez a la calle a sus dos imágenes, la de la Virgen y la del Cristo. Los vecinos de Triana  al ver la cara del cristo comenzaron a gritar: Es el Cachorro...  es el Cachorro... 

Cuenta la leyenda que era cierto, que el gitano tenía amores en Sevilla con una mujer casada, y que una noche el esposo vengó la traición apuñalando al gitano. Y cuenta la leyenda que Francisco Ruiz de Gijón vió en aquella  cara la expresión de agonía que andaba buscando para su Cristo.  Hoy, después de más de 300 años,  el Cristo de la Expiración sigue siendo para todos los sevillanos el Cachorro.

24 de diciembre de 2010

Mis mejores deseos.

A todas las personas que visitáis este faro, a todas las que dedicáis unos minutos de vuestro tiempo a leerme, os deseo toda la felicidad del mundo, no sólo en estas fiestas sino en cada uno de vuestros días.


Un abrazo.



El viejo farero.

12 de diciembre de 2010

Lucía.

Hasta la estación de autobuses, con su miserable iluminación, hace que la noche del domingo sea triste. La despiden en el andén,alivia un poco verla charlar con sus compañeros de estudios, verla sonreír...

Ella siempre quiere que se marchen antes de que suba al autobús, ellos la engañan: suben por las escaleras mecánicas y, casi escondidos, esperan hasta que el autobús parte. Después el regreso a casa, casi sin hablar y una parada antes de llegar para tomar un refresco, una excusa para llegar un poco más tarde y no enfrentarse a la soledad y el vacío de la casa.

Sin ella todo es diferente: falta su presencia, sus risas, su voz alegre y juvenil, sus bromas, la música en su cuarto de la que todo son quejas cuando suena y que ahora darían media vida por oírla, porque sería la señal de que la niña está en casa.

Ninguno dice nada, pero poner la mesa es una nueva espina que se clava en el alma cuando son dos platos, dos cubiertos, cuando su silla permanece vacía.  El móvil siempre a mano esperando la llamada perdida que avisa de que ya está en la residencia de estudiantes, que todo ha ido bien.  Y comienza la espera del retorno, hasta la hora más feliz de la semana: la tarde del viernes. La misma estación de autobuses con la misma luz miserable, el mismo andén, el mismo autobús y todo tan diferente. No se marcha, llega, no se apaga la vida, se enciende.

Después el regreso a casa, una parada antes de llegar para tomar un refresco, una excusa para disfrutar de su presencia, para oír su voz alegre y juvenil contando las cosas de la semana y, al final, la cena, la mesa, los tres cubiertos, las risas, las bromas, la alegría... Lucía en casa.



27 de noviembre de 2010

Cosas antiguas.

No recuerdo cual fue la primera, pero con el tiempo he ido juntando cosas que dejaron de cumplir la misión para la que fueron hechas y que ahora decoran rincones del faro, de las escaleras... Un teléfono con un disco que gira para marcar el número al que llamaba, una cámara de fotos que llevaba carrete, una cinta de casete, una hoz, una plancha de hierro...   No se si será cosas de la edad, pero me resisto a sacar de mi vida cosas que me acompañaron, como mi vieja cafetera, que sigue en la cocina, en un rincón, sin hacer café pero haciendo compañía, mirando de reojos a esa otra nueva, eléctrica, de formas diferentes. Yo creo que no la mira con envidia ni le reprocha que la haya sustituido, más bien la mira y la observa, y ve el café que hace, y  aprieta su vieja tapadera como quien aprieta los labios, esperando mi reacción cuando doy el primer sorbo.  Ahora que ha aceptado la realidad mi vieja cafetera me sigue queriendo, y sonríe a escondidas cuando ve que poco a poco ésta nueva va haciendo un café cada vez más de mi agrado.

Entre las cosas antiguas que guardo había un tornillo de esos que se usaban para sujetar los railes del tren a las traviesas de las vías. Me lo encontré una tarde paseando por una estación casi abandonada y me lo traje al faro. Algún día esos tornillos no existirán y a mi me hará feliz mirarlo y recordar los tiempos en que siendo un crío ponía monedas de una peseta en la vía para que el tren las  convirtiera con su peso en un sello de metal.

Esta mañana he vuelto a aquella vieja estación y está abandonada y ruinosa. Ha dejado de ser una estación para ser un edificio semiderruido. Nadie la visita ya, nadie pasea por su andén ni toma café en su cantina. Ni los trenes se paran para que se sienta querida y pasan de largo como si ya no formase parte de sus vidas. Y allí, en la vieja estación, entre los restos de las vías muertas que desmontaron, me he encontrado otro tornillo de aquellos. Me ha impresionado verlo y lo he recogido somo si de un pájaro herido se tratase. Lo ha maltrato  la lluvia, el frió, el calor, el paso de los trenes y del tiempo.

Aquí, en el faro, lo he puesto junto al que ya estaba en un rincón y he visto que el tiempo no perdona, que es un verdugo frío y sin sentimientos que cumple siempre su trabajo.  Duele,algunas veces, ver la realidad, ver que en el fondo todo es temporal. Y yo, que no tengo ya prisas por nada me voy a la cocina y rescato de su jubilación a mi vieja cafetera. Somos viejos: ella, el faro, yo... pero le queda mucho tiempo al tiempo para que nos convierta en pasado.



El viejo farero.

25 de noviembre de 2010

La ruta de los faros. 12ª etapa.

La lluvia nos ha despertado antes de lo previsto; en la autocaravana el sonido de la lluvia hace que parezca que llueve más de lo que en realidad es. Hemos desayunado con vistas al puerto, al castillo y al faro que a estas horas continúa encendido. Echando un vistazo a la ruta prevista para hoy vemos que el día empieza mal y que el primer faro es más que probable que no podamos verlo.

Hoy el recorrido total es corto, así que al poco de salir de Castro Urdiales nos desviamos un poquito para ver la playa de Oriñón por la que desemboca al  Cantábrico un pequeño río llamado Agüera. La playa es grande y bonita y con la soledad que le otorga el estado del día tiene un aspecto precioso. El tiempo empeora por momentos y Laredo lo pasamos de largo: es imposible pasear por ningún sitio con la que está cayendo.

El primer destino de hoy en realidad es Santoña donde hay dos faros: el del Caballo y el del Pescador. La entrada a este pueblo es a través de una marisma cuyo aspecto varía en función de las mareas. A nosotros nos ha pillado con la alta y más que una marisma parece que estamos atravesando el mismísimo mar.

El faro del Caballo es de recalada al puerto de Santoña y a él se llega caminando por una senda que hoy es imposible. Nos perdemos tanto el verlo como hacer el camino que debe ser precioso, así que nos dirigimos al otro faro que hay en las cercanías del pueblo: el del Pescador.

Tomamos la carretera que bordea el penal del Dueso y que nos lleva a una playa impresionante: la playa de Berria. A su lado, casi en la misma arena, el cementerio de Santoña.

Hace tiempo estuvimos aquí y subimos al faro con el coche; la carretera creo recordar es estrecha y con curvas cerradas, pero no nos vamos a perder dos faros se seguidos, así que comenzamos a subir. En la primera curva tengo que hacer maniobras para poder tomarla; de subir con el coche a hacerlo con este trasto hay un mundo. Ocupa todo el ancho de la carretera y si viniese alguno de frente sería un verdadero problema pues no hay donde echarse a un lado. Son dos kilómetros y medio que se hacen interminables, pero la guinda del pastel nos espera arriba.

El faro del Pescador es un faro sencillo, blanco que, salvo que entres a su recinto, se ve desde arriba. Se inauguró en 1.864 sobre una terraza artificial a 30 metros sobre el mar. 30 metros es aproximadamente la altura de un edificio de 10 plantas pero a pesar de ello cuando el mar está embravecido el viento lleva el agua y la espuma de las olas hasta la torre de tal manera que en 1.915 el temporal arrancó de cuajo la techumbre y parte del primer piso.  Este faro se construyó sobre todo para orientar y dar cierta tranquilidad a la flota bonitera procedente del noroeste y que no veía el del Caballo hasta estar cerca de él. La torre está construida con piedra de la zona, pero se pintó de blanco porque desde el mar se mimetizaba con el paisaje. De su linterna cuelga una válvula solar como recuerdo de la primera automatización de los faros españoles. Esta válvula es un cilindro de bronce ahumado que al calentarse por la acción de los rayos del sol cortaba el suministro del gas acetileno apagando así el faro;  al oscurecer se enfriaba, permitiendo de nuevo el paso del gas. Este mecanismo y otros relacionados con los faros es invención de Gustaf Dalem, quien en 1.912 obtuvo por estos inventos el Nobel de Física. El faro tiene un alcance de 17 millas y ofrece un grupo de tres destellos más uno aislado cada 18 segundos.

Sigue la lluvia y tenemos que bajar, pero aqui es "cuando matan a la muchacha".  Dar la vuelta en una especie de círculo cuyo diámetro es prácticamente igual al largo de la autocaravana es de locos.  Hay un momento en que temo quedarnos bloqueados: delante 30 centímetros entre el parachoques y un muro que evita la caída al vacío; detrás, a otros tantos, la pared de la montaña. De todo se sale, incluso de esto. Cuando llegamos a la playa Lucía dice que está a punto de hacer como el papa: bajarse y besar el suelo.

Ponemos rumbo a lo que será una de las decepciones más grandes del viaje: el faro del cabo Ajo. Este es el punto más septentrional de Cantabria y posee la finca farera más grande la la comunidad montañesa. Pero la decepción comienza 700 metros antes del portalón de la finca. Allí arranca una urbanización que cínicamente se llama el Farón y que se extiende literalmente hasta la misma valla que limita los terrenos del faro. Da la sensación de que éste es un castillo y las casas adosadas un ejercito que lo tiene sitiado esperando su rendición. Por si lo de la urbanización fuese poco el faro está a 250 metros del portalón y es una estructura de hormigón levantada en 1.980 sin más atractivo que dos balcones que lo rodean y una linterna en cuya veleta puede leerse en huecograbado la fecha de 1.930. Tiene un alcance de 17 millas y ofrece 3 ocultaciones cada 16 segundos.  Reseñar que hace años hubo aqui un farero llamado D. Víctor que en sus horas libres enseñaba a leer y escribir a muchas personas del pueblo. No se puede decir que el día vaya muy bien, así que ponemos rumbo a nuestro próxima parada: Santander.


Pocas capitales habrán en este país más contrarias a la presencia de autocaravanas que ésta. Las señales de prohibición están por todas partes. Después de media hora dando vueltas buscando donde dejarla decidimos tomarnos la ley a rajatabla: El ayuntamiento nos puede prohibir acampar pero no estacionar. La diferencia entre una cosa y otra es una cuestión legal: Acampar es estacionar la autocaravana y: Ponerle los niveladores, tener ventanas o puerta del habitáculo abiertas, toldo extendido o expulsar al exterior gases ajenos al motor del vehículo. La solución es no hacer nada de eso, además hoy es fácil: no tenemos niveladores, llueve y todo está cerrado y si cocinamos con no poner el extractor es suficiente. Técnicamente estamos aparcados.

El día mejora un poco y damos una vuelta por Santander, una bonita ciudad. Desde el paseo vemos las olas ocultar el faro de la isla del Mouro. Si en España hay un faro que recuerde a las fotografías de Guillaume Plisson  ese es el de la isla del Mouro.

Este faro, que en realidad es una baliza, está en una pequeña isla en la entrada de la bahía y al edificio se le dio en parte forma redondeada para combatir los embates del mar; a pesar de ello en 1.865 una ola arrancó la linterna y en 1.891 otra quitó la vida a uno de los fareros que entonces vivían en la isla, tardándose 3 días en poder evacuar el cuerpo. Se automatizó en 1.920 y hoy en día se alimenta con paneles solares. La actual linterna se instaló en 2.004 y para su transporte y colocación se utilizó un helicóptero de grandes dimensiones.

En la península de la Magdalena se encuentra la otra baliza de entrada al puerto a la que llaman faro de la Cerda. El nombre no hace referencia a un animal sino a Rafael de la Cerda, ingeniero español diseñador y remodelador de faros, como el de la isla de Ons. En el palacio de la Magdalena veraneaba  entre 1.913 y 1.930 el rey Alfonso XIII. Las malas lenguas dicen que el faro se automatizó en 1.924 para que ni el farero molestase al rey.


Hay mucho bullicio en la zona y decidimos acercarnos al faro de cabo Mayor para pasar la noche. Dentro del recinto no nos permiten pernoctar pero lo hacemos cerca, junto a un camping que en esta época del año está cerrado. Mañana toca ver este faro y seguir rumbo a Asturias.




21 de noviembre de 2010

Pastillas contra el dolor ajeno.



Puede sonar a broma, pero es una idea tan seria como prometedora.   En el enlace que os dejo  lo explican perfectamente, pero si andáis mal de tiempo os cuento que se trata de unas cajas que contienen 6 caramelos de menta y cuestan un euro y sólo se venden en farmacias. A nosotros no nos quitan ningún dolor del cuerpo, pero ayudamos a que a otras personas que no tienen acceso a los medicamentos les alivie algo. Tú te las tomas y a otra persona le ayuda a vivir. Genial ¿no? 

A quienes tenéis blogs os pido que pongáis, si os parece bien, un enlace a la página, o que comentéis algo sobre el tema. No cuesta nada y corremos la voz.





El viejo farero.

19 de noviembre de 2010

Para Nela.

Posiblemente ya hayas visto este vídeo, de todos modos es algo tan impresionante que no está de más volverlo a ver. Para todos, y en especial para ti que te gustan los faros solitarios en las rocas en medio del mar.




El viejo farero.


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18 de noviembre de 2010

De vuelta a la ruta de los faros.


La tengo abandonada desde junio y ahí sigue incompleta la ruta de los faros. Entre otras cosas un proyecto en mente que va tomando forma ha hecho que la deje casi olvidada pero hoy, un correo con un par de fotos me ha sacado de esa dejadez.

Me lo ha enviado el amigo Fernando desde Canarias. Fernando tiene un blog llamado Naturaleza y medio rural que es una maravilla y estando de vacaciones vio este faro de Punta de Fuencaliente, en la isla de La Palma, le hizo unas fotos y se acordó de este blog.

He pensado que ésta que os dejo es un claro ejemplo de dos cosas: el tipo de edificio tan original que es el faro antiguo, hecho supongo con piedra volcánica de la isla (cerca está el volcán de Teneguía) y el desastre que es el nuevo faro: una torre cilíndrica, sin encanto ni personalidad, que se puso de moda hace años y que afortunadamente pasó a la historia.

Quiero dar la gracias a Fernando por dos motivos que él conoce: acordarse de este blog y enviarme las fotos, y por uno que desconoce: darme ese empujoncito para seguir con la historia de mi ruta por los faros de España.


El viejo farero.

11 de noviembre de 2010

Aqui lo tenemos.

9 de noviembre de 2010

El 2 de Arribes del Duero


Arribes del Duero es una zona comprendida entre las provincias de Zamora y Salamanca en la que el río que le da nombre pasa encajonado entre barrancos dejando a un lado España y al otro Portugal. Es curioso que en la provincia de Zamora le llaman LOS Arribes y en la de Salamanca LAS Arribes. Tal vez por ello cuando declararon Parque Natural a la zona tiraron por la calle de en medio y quitaron ambos artículos dejando el nombre oficial en Arribes del Duero.

Hay diferentes miradores con preciosas vistas sobre el río y alguna presa, otras son sencillamente impresionantes; si tenéis ocasión visitadlos, no os arrepentiréis. Además desde algunos sitios que poseen embarcaderos se pueden hacer paseos en barco por el río. Uno de estos lugares es el pueblo portugués de Miranda do Douro al que se llega desde Zamora por la carretera ZA-324.

En el recorrido que se hace por el Duero desde este pueblo hay una curiosidad: un paredón cubierto en buena parte por vegetación y que en un punto concreto la ausencia de ésta dibuja un número 2 en la piedra. Dicen que la mujer que no consigue verlo no se casa, y alguna que otra que va en el barco deja de mirar de inmediato a la montaña para evitar la posibilidad de verlo. Mujeres. El famoso número 2 está en esta foto, algo pequeño, es cierto, pero mucho más fácil de ver que en la realidad. ¿Quién lo ve?

Venga, pasado mañana os pongo otra foto señalando el 2.


El viejo farero.

7 de noviembre de 2010

El sabor de ella.


Lleva conmigo tanto tiempo que parece formar parte de mi vida desde siempre, que nunca fui a una tienda a comprarla, que jamás la vi en un escaparate. Es imposible calcular cuantas veces ha hecho esa magia de transformar un poco de agua fría en un café caliente, cuantas veces la ceremonia de quedarme de pie junto al fuego esperando y viendo salir ese líquido negro, preparando la taza, el azúcar, la poquita de leche que le añado, el vasito para el anís dulce, tan pequeño que casi parece sacado de una cocinita de niñas.

Está ya la cafetera vieja, como tantas cosas en este faro, y hace tiempo que comenzó a tener sus achaques. La goma de la junta comenzó a ser un guardia cada día menos severo que iba dejando que el vapor del agua se escapase cada día un poquito más. El filtro del café una tarde de otoño rompió su matrimonio con el cuerpo de la cafetera y los apaños que pretendo hacer entre ellos apenas si duran unos segundos.

Arturo, el de la caja de ahorros del pueblo, lleva meses queriendo que saque una cafetera nueva. Me la regalan, dice, con unos puntos que tengo y que son como los años: los he ido acumulando sin dame cuenta, sin enterarme de que cada vez tenía más. Al final el destino ha jugado sus cartas y me regala una cafetera nueva cuando la mía, la de toda la vida, ya no puede seguir haciendo café. La jubilará, pero ella se quedará haciéndome compañía las tardes de invierno en la cocina.

Esta mañana he invitado a María a tomar café en el faro a media tarde, quería compartir con ella el último que hiciera mi vieja cafetera y el primero que pariese la nueva. ¿Con quién mejor que con ella para compartir un final y un principio? ¿Con quién mejor que con la mujer que ocupa mi mente cada mañana al despertarme y que es el último recuerdo que tengo cada noche antes de dormirme?

Es diferente el sabor de este café que siendo el mismo es otro. Será la costumbre, la fuerza de los años, pero me gusta más el que hace mi cafetera de siempre. Se lo digo a María, ella entiende de café y de máquinas que lo hacen, y me mira con esa dulzura que sólo ella tiene en la mirada, y me cuenta que hay cosas que se impregnan para siempre de un sabor que jamás otro podrá borrar ni sustituir.

Un beso, el sabor de sus labios, la humedad de su boca... Se queda el segundo café frío en la mesa. Otro beso, una caricia, cien besos más... Se acerca la noche y se quedan solas las dos tazas de café en la mesa de la cocina mientras yo sigo impregnándome del sabor de sus labios, de su cuello, de sus pechos, de ella entera.



El viejo farero.



29 de octubre de 2010

Recordando a Miguel Hernández.


La amiga Allende vuelve a colaborar en este homenaje que está a punto de terminar y nos envía este tema. Ella pone con estas letras el broche final a dicho homenaje. Como siempre, mil gracias y besos.




Recordando a Miguel Hernández.

Siguiendo la estela de homenajes a Miguel Hernández el cielo, conforme avanzan los días, va volviéndose más azul y más alto. Para el poeta de la luz, el cielo brillará con todo su esplendor en su centenario.

De la mano de su amigo el dramaturgo Antonio Buero Vallejo cruzo el umbral de esta casa que, entre todos, habéis hecho un poco suya. En ella, de su puño y letra, dejo su sentimiento hecho palabra y ésta hecha poesía.

Sería a principios de 1.940 cuando a raíz de su detención como activista dedicado a la reorganización clandestina del PCE, Antonio Buero Vallejo coincidió con Miguel Hernández en la cárcel madrileña de Conde de Toreno. Antonio y Miguel, Miguel y Antonio ya se habían conocido durante la guerra en un hospital de campaña de Benicassim donde Miguel se recuperaba de un intenso agotamiento. De esa amistad reclusa salió el conocidísimo retrato al carboncillo que el entonces dibujante y todavía escritor incipiente, Antonio Buero Vallejo, hizo de su amigo, el todavía joven, pero ya consagrado, poeta Miguel Hernández.Pero Buero Vallejo no sólo lo dibujó, también escribió sobre el poeta de Orihuela.

Miguel Hernández. Cien años en "dos dibujos"

Miguel era un hombre a caballo entre la alegría y el dolor, entre la luz y la sombra. Hay poemas suyos en los que las palabras alegría, luz, sombra... se reiteran constantemente. Él conoció tempranamente , dada su extracción humilde, el dolor; y después tuvo sobradas ocasiones de conocerlo a fondo de manera desgarradora; pero él, como verdadero hombre trágico que era, quería a toda costa, denodadamente, alcanzar la alegría. Recuerdo cómo le gustaba cantar, y hasta cómo nos canturreaba cosas divertidas y hasta un tanto chocarreras en ocasiones; solía también contar chistes. Y es que este hombre extraordinario -concluye Buero- era también un hombre como cualquiera de nosotros.

Buero evoca el pasaje del poema que Miguel escribió a la hija de uno de los presos. Cierto preso miraba preocupado una fotografía de su hija que dentro de unos días celebraría su onomástica y para la que no tenía que poderle mandar. Miguel, al saberlo, tomó prestada la fotografía y le dedicó un precioso poema que se titula El pez más viejo del río. Para concluir que "ésta obra de Miguel expresa magistralmente esa lucha entre el dolor y la alegría del poeta trágico que era, del grande, dolorido y solitario hombre que fue." Así de radicalmente humano era Miguel Hernández.

En el poema "Dos dibujos", es el propio Buero Vallejo quien, a través de la poesía, recoge aquella experiencia vital, aquella amistad forjada en condiciones extremas a la que habría de poner fin, en 1.942, la muerte de Miguel.




Miguel, digo tu nombre y me posee
la hiriente y melancólica certeza
de que ya no me oyes.
Roto quedó el diálogo y es vano
pretender tu respuesta.
Desde la piedra de tu lecho último
perdona esta locura
tú, para siempre sordo.

Alentabas, vivías.
Sonreías a veces
sentado en el petate
e iban naciendo rasgos de mi mano.
Fueron tiempos insólitos
fijos en la memoria
como un denso presente que no acaba.

Hacinados en vasta galería
tras el perdido sueño del futuro
del hombre y su justicia,
la ansiedad y las hambres compartimos
en aquella antesala de la fosa.

Recíbenos Miguel, en la paz yerta
de aquel otro dibujo
que muestra tus pupilas apagadas
y tus labios resecos.



Artículo publicado en la sección cultural de Madrid Sindical. Enero 2.010.



Allende.

25 de octubre de 2010

¿Alguien puede explicármelo?


Punto uno:

En septiembre de 1.771 el entonces rey de España Carlos III establece la Real y Distinguida Orden Española de Carlos III con el lema "Virtuti et merito", con la finalidad de condecorar a aquellas personas que hubiesen destacado especialmente por sus buenas acciones en beneficio de España y la Corona. Desde su creación es la más distinguida condecoración civil que puede ser otorgada en España.


Punto dos:

El 11 de julio de 2.002 unos cuantos gendarmes marroquíes ocuparon el islote de Perejil por orden de su ministro de interior Driss Jettou, ( que a su vez obedecía al rey Mohamed VI) hecho que puso a ambos paises en una situación tensa y complicada y que obligó a intervenir al Departamento de Estado norteamericano. 7 días después soldados españoles recuperan el islote. Poco después, en octubre, el rey Mohamed VI recompensa a Jettou por su acción en favor de su país nombrándolo primer ministro.


Punto tres:

El gobierno Zapatero otorga la gran cruz de la Orden de Carlos III (recordad, se creo en 1.771 con la finalidad de condecorar a aquellas personas que hubiesen destacado especialmente por sus buenas acciones en beneficio de España) a una persona relacionada con la historia del islote de Perejil. Atención, pregunta: ¿A quién concede este gobierno semejante honor?

No. No ha sido a ninguno de los soldados españoles que recuperaron el islote, ni al grupo en sí, ni a sus jefes. Tampoco a ningún negociador que igual evitó una guerra estúpida. No. El gobierno ha dado esta medalla (la más alta condecoración civil que puede darse en este país) al ministro marroquí que ordenó la invasión del islote, al que retó a España, al que creó la crisis más grave entre ambos paises desde la marcha verde.

No se vosotros, pero yo no lo entiendo. Y salvo que alguien me lo explique y me de buenas razones pienso que este gobierno además de no tener lo que hay que tener para pararle los pies a cierta gentuza tampoco tiene vergüenza ni sentido de la dignidad. Y es que al final aquel lema franquista de "España es diferente" va a ser verdad.

Que pena de tener un gobierno tan miserable, que ganitas de que lleguen las elecciones generales.


El viejo farero.

21 de octubre de 2010

El niño yuntero. Miguel Hernández.


Queda poco más de una semana para el día del centenario de Miguel Hernández y hoy os quiero dejar un poema suyo elegido por mi. Tal vez, porque como él mismo dice en estos versos "me duele este niño hambriento". Éste y todos los niños. Tal vez sea porque siempre me han gustado, siempre he creído que ellos, los niños, tiene la edad más bonita de todas las edades y es un crimen robarles las vivencias de esos años que jamás volverán.

También os dejo el poema hecho canción en la voz de Serrat. Ya sabéis: cerramos la música de fondo, al final de la página, y ponemos en marcha la canción.



El niño yuntero.

Carne de yugo, ha nacido
más humillado que bello,
con el cuello perseguido
por el yugo para el cuello.

Nace, como la herramienta,
a los golpes destinado,
de una tierra descontenta
y un insatisfecho arado.

Entre estiércol puro y vivo
de vacas, trae a la vida
un alma color de olivo
vieja ya y encallecida.

Empieza a vivir, y empieza
a morir de punta a punta
levantando la corteza
de su madre con la yunta.

Empieza a sentir , y siente
la vida como una guerra,
y a dar fatigosamente
en los huesos de la tierra.

Contar los años no sabe,
y ya sabe que el sudor
es una corona grave
de sal para el labrador.

Trabaja, y mientras trabaja
masculinamente serio,
se unge de lluvia y se alhaja
de carne de cementerio.

A fuerza de golpes, fuerte,
y a fuerza de sol, bruñido,
con una ambición de muerte
despedaza un pan reñido.

Cada nuevo día es
más raíz, menos criatura,
que escucha bajo sus pies
la voz de la sepultura.

Y como es raíz se hunde
en la tierra lentamente
para que la tierra inunde
de paz y panes su frente.

Me duele este niño hambriento
como una grandiosa espina,
y su vivir ceniciento
revuelve mi alma de encina.

Lo veo arar los rastrojos,
y devorar un mendrugo,
y declarar con los ojos
que por qué es carne de yugo.

Me da su arado en el pecho,
y su vida en la garganta,
y sufro viendo barbecho
tan grande bajo su planta.

¿Quien salvará a este chiquillo
menor que un grano de avena?
¿De dónde saldrá el martillo
verdugo de esta cadena?

Que salga del corazón
de los hombres jornaleros,
que antes de ser hombres son
y han sido niños yunteros.



Miguel Hernández.



El viejo farero.

16 de octubre de 2010

Álava, Vizcaya y Guipúzcoa.


Dicen los ingleses, cuando hablan en su idioma, que su país se llama England y la capital London. Un polaco que estuviese hablando en su lengua natal diría que su país se llama Polska y su capital Warszawa. Y si pedimos a un rumano que nos diga en rumano el nombre de su nación y el de su capital nos diría algo así como Romania y Bucureti. Pero yo no soy inglés, ni polaco ni rumano; tampoco hablo ninguno de esos idiomas, por eso digo que la capital de Inglaterra es Londres, la de Polonia Varsovia y la de Rumania se llama Bucarest.

Este gobierno de Zapatero pactaría con el diablo para seguir en el poder y pagaría casi casi lo que fuese a cambio de unos votos. Por ejemplo, aceptar que los nombres oficiales de las 3 provincias vascas sean en eusquera. Un pasito más. Pero yo, amigos míos, no soy vasco, no hablo eusquera (ni tengo la menor intención de hacerlo). Tampoco voy a dejar que ningún gobierno pague su permanencia en el poder robándome tres palabras de mi idioma.

Los vascos, igual que los ingleses, los rumanos o los polacos, pueden seguir llamando a sus ciudades en el idioma que prefieran, me parece perfecto. Mientras tanto yo seguiré hablando de Inglaterra, de Rumania, de Polonia, de San Sebastián, de Guipúzcoa, de Vizcaya...

Ahora, si os apetece, podéis ir al final de la página, parar la música de fondo y después oir estas sevillanas que ya os dejé hace tiempo. Cantan los Romeros de la Puebla; no os perdáis el estribillo.




El viejo farero.







14 de octubre de 2010

Leandro: padre y madre.


Aquella mañana, cuando Leandro despertó, sintió que media vida se le había ido durante la madrugada. Estaba solo en su cama y en la almohada, en el lugar donde debería estar reposando la cabeza de su mujer, había un papel con unas cuantas palabras escritas a mano y de manera presurosa: Estoy enamorada de otro hombre, me marcho con él, cuida de Elvira y, por favor, no me busques.

Muchas veces me contó que en aquel momento sintió el impulso de salir corriendo al puerto a buscarla, (sabía quien era el hombre en cuestión) a pedirle que se quedara, a matarlos a los dos. Lo habría hecho; mi amigo Leandro era hombre de mar, no era violento, pero la vida lo había hecho fuerte y capaz de enfrentarse a lo que fuese necesario. El llanto de Elvira en su cuna lo detuvo. -¿Quién sabe, farero - me dice algunas veces - si aquel llanto de mi niña no fue lo que nos salvó a los cuatro: a ella de quedarse sola, a ellos de terminar en el fondo del puerto y a mi de pasar media vida en la cárcel llorando por ellas dos?

No tardó en saberse en el pueblo que la mujer de Leandro se había ido con un marinero extranjero y que había dejado a mi amigo solo con una niña que casi no andaba. A Leandro le echaron una mano algunas mujeres del pueblo y el cura, Don Ramón como le llamaban los demás, le dijo cien veces que lo mejor para la niña era llevarla a una especie de casa-convento que unas monjas tenían en otro pueblo, muy lejos del nuestro. Noventa y nueve veces le respondió Leandro que no; la que hubiese sido la cien le dijo que jamás volviese a dirigirle la palabra.

Mi amigo aprendió a hacer "cosas de mujeres", aprendió a lavar la ropa, a cocinar, a planchar, a comprarle vestiditos a Elvira... Pasó noches enteras al lado de su cama, asustado, cada vez que la niña tenía fiebre o andaba malita. Leandro a penas si fue al colegio y aprendió a leer y escribir gracias a un médico que hubo en el pueblo y que en sus ratos libres hacía de maestro de chavales como mi amigo, cuando regresaban de la mar o del campo. Por eso Leandro, cuando la cría empezó a ir al colegio, cogía los libros de Elvira y estudiaba las cosas que ella tendría que ver días después, para poder ayudarle.

Hubieron dos cosas que él nunca supo hacer: Hablarle a la chiquilla mal de su madre y, por vergüenza, hablarle de las relaciones sexuales; y la primera vez que supo que Elvira compraba compresas vino al faro y lloró como un crío: Su niña empezaba a ser una mujercita.

Esta mañana las campanas de la iglesia rompieron su rutina de llamar a misa de 8 o a difuntos y se volvieron locas anunciando boda. Un eco de alegría corrió por las calles del pueblo rebotando de casa en casa, de muro en muro. El novio esperaba impaciente y nervioso a las puertas de la iglesia y todo el pueblo era hoy un poco la madre o el padre de Elvira, la novia más guapa, la niña que dejó de ser media vida de Leandro para convertirse en su vida entera. Todos esperábamos ver al hombre que no quiso dejar a su hija en un convento de monjas, al que aprendió a pesar de todo a hacer cosas de mujeres, al que sin dejar de ser padre se convirtió también en madre.

Esta mañana, viendo a mi amigo Leandro llevar del brazo a su hija hacia el altar me ha venido a la memoria mi pequeño amigo, ese niño que sueña ser farero, un día que llegó al faro con una jaula en sus manos y un pájaro dentro. Hoy Leandro, igual que aquel día Miguelito, estaba lleno de sentimientos contrapuestos: Tristeza por ver como se aleja un ser querido, alegría inmensa porque sabe que es feliz.



El viejo farero.







13 de octubre de 2010

¡¡ ENHORABUENA CHILE !!


Hoy el mundo entero sigue paso a paso el rescate de los 33 mineros chilenos. En cierta medida todos hemos sufrido ese cautiverio bajo tierra como si de familiares o amigos nuestros se tratase. Todos hemos sentido angustia los primeros días y una tensa espera después anhelando ver cómo esas máquinas llegaban hasta ellos. Esta mañana, mientras tomaba el primer café del día antes que saliese el sol la noticia: Hay ya 3 mineros en la superficie. Estamos a miles de kilómetros, aparentemente nadie de los que estábamos en el bar tiene la más mínima relación con ellos, ni tan siquiera con Chile, pero todos sonreímos y nos alegramos; los días no suelen empezar con tan bonitas noticias.

Creo que hoy es un buen día para volver a la luz, como los mineros chilenos, y no podía ser de otra forma: mis primeras letras son para ellos, para sus familias, para sus amigos... para nuestros hermanos de Chile.

Un abrazo inmenso desde el faro al pueblo chileno.

El viejo farero.

12 de octubre de 2010

Muerte nupcial. Miguel Hernández.


La amiga Osane me envió hace ya algún tiempo este poema de Miguel Hernández como colaboración personal en el pequeño homenaje que estamos haciendo al poeta. Las circunstancias han hecho que me retrase más de la cuenta en dejarlo en el faro, pero al final todo llega. A ti, Osane, un beso y mil gracias por el poema, a quienes habéis seguido entrando a pesar de no haber nada nuevo otras tantas. Un millón (de gracias, no os hagáis ilusiones) para vosotros que habéis dejado vuestras palabras de apoyo en estos días de silencio. Lo dicho: todo llega. En breve volvemos a la normalidad.





MUERTE NUPCIAL.

El lecho, aquella hierba de ayer y de mañana:
este lienzo sobre madera aún verde,
flota coma la tierra, se sume en la besana
donde el deseo encuentra los ojos y se pierde.

Pasar por unos ojos como por un desierto:
como por dos ciudades que ni un amor contienen.
Mirada que va y vuelve sin haber descubierto
el corazón a nadie, que todos la enarenen.

Mis ojos encontraron en un rincón los tuyos.
Se descubrieron nudos entre las dos miradas.
Sentimos recorrernos un palomar de arrullos,
y un grupo de arrebatos de alas arrebatadas.

Cuanto más se miraban más se hallaban: más hondos
se veían, más lejos, y más en uno fundidos.
El corazón se puso, y el mundo, más redondos.
Atravesaba el lecho la patria de los nidos.

Entonces, el anhelo creciente, la distancia
que va de hueso a hueso recorrida y unida,
al aspirar del todo la imperiosa fragancia,
proyectamos los cuerpos más allá de la vida.

Espiramos del todo. ¡Qué absoluto portento!
¿Qué total fue la dicha de mirarse abrazados,
desplegados los ojos hacia arriba un momento,
y al momento hacia abajo con los ojos plegados!

Pero no moriremos. Fue tan cálidamente
consumada la vida como el sol, su mirada.
No es posible perdernos. Somos plena simiente.
Y la muerte ha quedado, con los dos, fecundada.




Miguel Hernández.


29 de septiembre de 2010

Mis ojos sin tus ojos... Miguel Hernández


Mi querida amiga Mar_ (la responsable de que este blog sea como es) ha hecho que abra por unos instantes el candado y entre a dejar este poema de Miguel Hernández. En verdad me ha enviado 3, pero a mi me ha gustado éste. Muchas gracias Mar_ , y un montón de besos.



Mis ojos, sin tus ojos, no son ojos.

Mis ojos, sin tus ojos, no son ojos,
que son dos hormigueros solitarios,
y son mis manos sin las tuyas varios
intratables espinos a manojos.

No me encuentro los labios sin tus rojos,
que me llenan de dulces campanarios,
sin ti mis pensamientos son calvarios
criando nardos y agostando hinojos.

No sé qué es mi oreja sin tu acento,
ni hacia que polo yerro sin tu estrella,
y mi voz sin tu trato se afemina.

Los olores persigo de tu viento
y la olvidada imagen de tu huella,
que en ti principia, amor, y en mi termina.



Miguel Hernández.










16 de septiembre de 2010

Cierre temporal.


Hay ocasiones en las que las personas tenemos que hacer un alto en el camino, detenernos para descansar, para ordenar ideas, o para encender una luz que nos ayude a aclarar cosas y seguir caminando en la oscuridad. Es curioso que, siendo supuestamente un farero, se me de esta situación, pero es que la vida es asi de caprichosa.

Detrás de este viejo farero hay un hombre de carne y hueso, tal vez con alguna pequeña virtud y sin lugar a dudas con una interminable lista de defectos: Soy yo, una persona como cualquier otra persona y tengo, como cualquier otra persona, cosas que ordenar. El viejo farero es un ser ficticio, lo he dicho decenas de veces, pero hay un hilo que nos une y por el que algunas veces se pasan, de la mente y el corazón de uno a la boca del otro, ideas y sentimientos.

Cerramos el faro por unos días, tal vez algunas semanas; bueno, lo cerramos a medias: Dejo la puerta encajada por si alguien quiere entrar y recorrerlo, y el buzón esperando más poemas de Miguel Hernández (será lo único que se publique en este tiempo), el homenaje, por supuesto, sigue adelante.

Cualquier día de estos os acercáis y lo veis de nuevo encendido. Os iba a pedir disculpas por el paréntesis, pero que va, más bien os dejo descansar por un tiempo.

A la izquierda podéis ver una serie de enlaces a otros blogs amigos; visitadlos, son estupendos, con ellos para nada echaréis éste en falta.

Hasta pronto. Un fuerte abrazo.

El viejo farero.


Hilo y aguja.


Ni el hilo ni la aguja tienen nada de especial, pero si le echamos imaginación podría ser la manera en la que un liliputiense los vería. La diferencia con cualquiera de las que se utilizan para coser es que ésta la estáis viendo aumentada 20 veces. Ya veis, ni el ojo es tan pequeño ni el hilo tan perfecto.


El viejo farero.

14 de septiembre de 2010

Nanas de la cebolla. Miguel Hernández.


La amiga Mar me ha enviado un correo con el poema "Nanas de la cebolla", de Miguel Hernández, para colaborar en el homenaje al poeta y un enlace a un vídeo de Serrat cantando dicho poema. Estas nanas las compuso para su hijo tras recibir, estando preso, una carta de su mujer en la que le decía que solamente comía pan y cebolla.

Amiga Mar, no se si el vídeo que enlazo es el que tú querías (no tenía modo de dar con él) pero espero que de no serlo éste te guste.

Ahora, como cada que vez que os dejo un vídeo, podéis ir al final de la página, quitar la música de fondo y disfrutar de la canción.

A ti, Mar, mil gracias por la colaboración y un beso.


Nanas de la cebolla.

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre.
Escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla,
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba,
con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.

Una mujer morena
resuelta en luna
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te traigo la luna
cuando es preciso.

Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en tus ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que mi alma al oírte
bata el espacio.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa,
vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.

La carne aleteante,
súbito el párpado,
el vivir como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!

Desperté de ser niño:
nunca despiertes.
Triste llevo la boca:
ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.

Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne es el cielo
recién nacido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!

Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela niño en la doble
luna del pecho:
él, triste de cebolla,
tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa ni
lo que ocurre.


Miguel Hernández.