3 de febrero de 2010

Ausencia.


Marchó María a la ciudad hace tres días a casa de uno de sus hijos y dejó a Enrique, un buen amigo de todos, a cargo del bar. Enrique ha sido camarero en la capital durante muchos años y sabe del oficio; es eficaz, ordenado, atento y no descuida un detalle. Hoy he bajado al puerto a tomar un café, y siendo el mismo sitio, las misma mesas, el mismo mostrador, la misma radio, todo era diferente. Incluso el café parecía hoy otro café.

Se va Enrique a la cocina a por alguna cosa que le piden y cada vez que regresa la lámpara del techo hace que su sombre llegue antes que él mismo, y a mi me da un vuelco el corazón porque mi deseo corre más que mi vista y durante una fracción de segundo pienso que la sombra que se acerca es la sombra de María.

Sin ella su bar es un puerto sin barcos, el patio de un colegio sin niños, un nido sin pájaros, un río sin agua, una torre sin campanas... un faro sin luz. Y aquí vengo yo, huyendo de mi soledad para encontrarme con esta otra soledad más dura y más amarga: la que crea su ausencia.

Tengo gastado el almanaque de tanto mirarlo, de tanto pasar las yemas de mis dedos por encima de un círculo rojo que rodea el día de su regreso, y cuento las horas que le quedan a cada uno de ellos, y espero a que cada noche acabe el día para poner sobre él un aspa negra que pinto una y otra vez como queriendo mandarlo al olvido para siempre.

Que lento transcurre este tiempo lleno de su ausencia, que largas las tardes, que interminables las madrugadas... hasta las mareas y las olas parecen que van más lentas.

8 comentarios:

TriniReina dijo...

Así es la ausencia, alargada como una carretera oscura y sin límites.

Abrazos

Mar dijo...

Esa añoranza, el tiempo parece que se pare, muy bonito tu sentir.

Besitossssssss

osane dijo...

Te entiendo muy bien, yo se mucho sobre ausencias y lo que se sufre.
Deseo que María regrese muy pronto.
Un beso

Sakkarah dijo...

Me gusta ese contar los días para encontrarse con el amor...

Montones de besos para ti.

El viejo farero dijo...

TRINI: Todas las carreteras terminan, todas las ausencias llegan a su fin. Gracias por tu visita. Un beso.

MAR: Si, hay veces que parece que se para el tiempo; lástima que no lo haga de verdad algunas veces, o al menos que marchase mucho más lento. Un beso para ti.

OSANE: Espero que esas ausencias sean pasado y que si vuelves a vivir alguna nueva sea breve. Otro beso para ti.

SAKKARAH: Siempre que esperamos algo que deseamos de manera especial contamos los días, y las horas... Me alegra verte por el faro. Un beso... o dos.

Tony dijo...

Pensar que en cualquier momento aparecera, y no aparece nunca. Y a pesar del tiempo transcurrido y a sabiendas de que ya es dificil, por no decir, nunca,que aparezca de nuevo... Seguire esperando eternamente y. ¿Quien sabe? de pronto un dia aparecera. Pero quizas ni la reconozca.

Chesana dijo...

Las ausencias siempre son interminables, siempre oscuras, y siempre zozobrantes. Lo malo es que la ausencia se hace eterna, con todo lo que la eternidad tiene de "nunca jamás".

Anónimo dijo...

Dicen que "hambre que espera hartura no es hambre pura",pienso que con la ausencia pasa lo mismo,lo realmente duro es saber que no volverá.Asi que sólo se necesita un poco de paciencia : )

Muchos besos Farero.

Mar__