27 de febrero de 2010

La ruta de los faros. 2ª etapa.


Nos amanece un día soleado en el puerto de Conil. Hoy el desayuno no tiene de fondo los sonidos procedentes de un televisor sino el de las olas rompiendo a menos de 3 metros de nosotros y el graznar de las gaviotas. Después, mientras Lucía da un paseo a Candela yo marco en el navegador los datos que nos llevarán al primer faro de hoy: Trafalgar.

Dejamos la autocaravana poco antes de una barrera que impide el paso a cualquier vehículo que no tenga relación con el faro, y es que éste se encuentra en una zona declarada monumento natural. Es un paseo de unos 15 minutos por una carretera casi cubierta en su totalidad por la arena que el viento arrastra. Frente a este cabo de libró en 1805 la más sangrienta de las batallas ocurridas en aguas españolas y en la que la flota inglesa comandada por el almirante Nelson derrotó a la Combinada, formada por buques españoles y franceses y que terminó con 74 galeones en el fondo del mar entre el cabo y Cádiz.

Este faro tiene 34 metros de altura y un alcance de 29 millas marinas dando 2 más uno destellos cada 15 segundos. Comenzó a funcionar en 1862 teniendo entonces un alcance de 19 millas, en 1923 se colocó una óptica BBT de 900 mm. de distancia focal. La estructura de la misma, de vidrio y bronce, era tan pesada que amenazaba con hundir el faro, por lo que hubo que reforzar la torre con una envoltura de ladrillo y cemento de medio metro de grosor y 3 años más tarde se le añadieron unos contrafuertes en forma de nervios verticales que convergen en arcos apuntados, circunstancia que le ha dado una imagen propia y diferente a la de cualquier otro faro.

Tiene junto a su linterna unas cámaras orientadas a la cercana playa de Zahoria con las que se estudia su aspecto y su morfología. Frente al faro están los llamados bajos de la Aceitera, que obliga a los barcos de gran tonelaje a pasar a una distancia mínima de 8 kilómetros de la costa y a los pesquero a menos de 100 metros de la misma; esto dio lugar a una expresión marinera de la zona: Faro de Trafalgar, todo a tierra o todo a mar.

Seguimos nuestra ruta y después de atravesar Zahara de los Atunes y la playa llamada de los alemanes porque en ella edificaron y se quedaron a vivir después de la Segunda Guerra Mundial, protegidos por el régimen franquista, un grupo de militares nazis, llegamos a Punta Camarinal, donde en 1989 se restauró la torre vigía y se instaló en ella el faro. Estas torres tenían la puerta de acceso a cierta altura del suelo y el vigía accedía a ella mediante una escalera de mano. Cuando se restauraron para acondicionarlas como faros a cada una de ellas se le añadió una escalera exterior para alcanzar la puerta, siendo ésta de Punta Camarinal de caracol (ver fotografía).

Desde el faro parte una pasarela de madera que baja hasta la orilla del mar en la punta del cabo pasando junto a los restos del búnker y las ruinas de las baterías militares. El hecho de que la zona fuese militar durante muchos años ayudó (quitando estas construcciones bélicas) a conservar su aspecto natural y evitar la construcción masiva y descontrolada tan propia de buena parte de la costa andaluza.

La torre mide casi 20 metros de altura y el plano focal se encuentra a 75 sobre el nivel del mar, tiene un alcance de 13 millas, con dos ocultaciones cada 5 segundos.

Ponemos rumbo a Tarifa pero para ello tenemos que desandar parte de lo andado y volvemos a pasar por Zahara donde un desvío provisional por obras (siempre obras), la estrechez de una calle y media calzada ocupada por otra obra se suman a los 2,40 de ancho y 7 metros de largo de la autocaravana para complicarnos la mañana. Un par de abuelos del pueblo miran, gesticulan y hablan entre ellos seguramente preguntándose que a quien se le ocurre meterse por allí con un cacharro tan grande. Al final, como en la vida, de todo se sale y tomamos la carretera hacia Tarifa. Pasamos cerca de la playa de Bolonia (que buenos recuerdos de mi juventud con aquellos baños desnudos a la luz de la luna) con su inmensa duna, en otros tiempos virgen y punto de encuentro de hippies y los restos de Baelo Claudia, cuidad romana creada en torno a una factoría de salazones.

El viento casi constante en esta zona la ha convertido en destino ideal para los que practican el windsurf. Aquí convergen el Atlántico y el Mediterráneo y hace unos años el ayuntamiento de Tarifa basándose en ello creó un lema: Tarifa, paraíso entre dos mares. Pero el ingenio andaluz no tardó en sacarle punta al tema y, haciendo alusión a los vientos de la zona amplió el eslogan: Tarifa, paraíso entre dos mares... la mare que parió al levante y la mare que parió al poniente.

El de Tarifa es un faro cuya visión de cerca nos la robaron los militares, se encuentra dentro de una zona militar y hay que conformarse con verlo desde lejos. Es una pena que lugares como éste sean de uso militar y el pueblo no pueda disfrutar de sus vistas ni de su entorno. Situada a 36 grados 5 segundos norte la Punta de Tarifa es el punto más meridional de Europa. Al otro lado del estrecho, a 15 km. la costa africana con el puerto de Tánger en primer plano cuyas grúas, en días claros como hoy, se ven perfectamente desde Tarifa.

Poco a poco vamos despidiéndonos del Atlántico y nos acercamos a la costa mediterránea. Camino de Algeciras la carretera tiene un trazado con unas vistas preciosas al Estrecho de Gibraltar y la costa africana y son dos faros, el de Estepona en una orilla y el de Ceuta en la otra los que marcan de noche a los buques procedentes del Mediterráneo la referencia de su paso.

Seguimos nuestro camino hacia levante y poco antes de entrar a Algeciras, cuna del genial Paco de Lucía, una estrecha carretera (demasiado algunas veces) nos lleva al faro de Punta Carnero, camino de Getares. Este faro data de 1874 y su altura es de 22 metros. En 1924 se le instaló una nueva linterna, 1973 fue electrificado y en 1999 restaurado por completo. Su torre es cilíndrica de sillería arenisca de color ocre. Responde a un modelo similar a otros diseñados por Jaime Font como el de Chipiona y el de San Jerónimo. La linterna, de aluminio, tiene el plano focal a 42 metros sobre el nivel del mar y 19 sobre el terreno, tiene un alcance de 16 millas y emite 4 destellos cada 20 segundos.

En Estepona una hilera de eucaliptos se interpone entre el paseo y el faro ocultándolo casi por completo a pesar de sus 20 metros de altura. Está junto al puerto y se construyó en 1922 instalándosele una nueva linterna aeromarítima en 1958. Su torre octogonal es de piedra tallada y el faro tiene un alcance de 18 millas emitiendo 2 destellos seguidos de uno aislado cada 15 segundos. A sus pies están los almacenes donde los pescadores guardan y reparan sus artes de pesca y en verano tienden a secar los volaores, unos peces que después serán degustados en los bares del pueblo.

Camino de Málaga, junto as la carretera, en las primeras urbanizaciones de Fuengirola se encuentra el faro de Calaburras. Se hace rara a primera vista su ubicación en un pequeño cerro, entre casas, al otro lado de la carretera.

El faro actual tiene 23 metros de altura y comenzó a construirse en 1923 entrando en funcionamiento 5 años más tarde. Esta torre es troncocónica de piedra blanca labrada. La linterna en servicio actualmente tiene 2 metros de diámetro y fue la primera de tipo aeromarítimo que se instaló en la península sirviendo de baliza a la ruta aérea Toulouse-Casablanca. Su pedestal es del tipo de flotador bañado en mercurio, con óptica catadióptrica que en principio era movida por una maquina de relojería. En el mes de septiembre de 1949 se electrificó la linterna instalándose una lámpara incandescente de 1.500 W. con un motor eléctrico que hacía girar la óptica. Su alcance, al igual que el de Punta Doncella en Estepona es de 18 millas.

Seguimos la carretera buscando el puerto de Málaga para encontrarnos con su faro al que aquí llaman la Farola y hacer noche lo más cerquita posible. Vamos bien de tiempo y camino de la capital nos desviamos un poco para que Lucía vea el paseo marítimo de Fuengirola y la playa.

Es casi de noche y comienza a llover levemente cuando entramos en Málaga. El navegador tiene puesta una voz de mujer llamada Marta y hemos decidido no llamarle más ni navegador ni gps, desde ahora se llama Martita, y Martita nos lleva directamente a los pies de la Farola, pero no hay sitio para dejar la autocaravana. Alguien se nos acerca y os dice que a partir de las 8 suele haber sitio, así que nos alejamos un poco y a las 8 y media volvemos y encontramos un sitio a 30 metros de la Farola. Está pintada de blanco y la iluminación que le han puesto la hace preciosa. Hoy, como siempre que las circunstancias lo permiten, aparco de manera que tengamos las mejores vistas posibles. Hoy toca cenar viendo la Farola.



1 comentario:

ingrid dijo...

Hola,
qué bueno que me dijiste que se te escapaban algunas expresiones, porque sí,este desde donde te escribo es mi blog más críptico, mejor empezá por otro que ya cerré hace rato, que se llama El hammam de Ulises o la Bañera de Simbad
su dirección es:
www.elhammamdeulises.blogspot.com
(y te visitaré seguido, porque estoy haciendo una investigación sobre los faros de Argentina y sus historias y las tuyas me conmovieron!)
salud!
Diana