7 de abril de 2010

La ruta de los faros. 7ª etapa.


Amanece un día estupendo y poco después de desayunar salimos para Sant Carles de la Rápita donde nos espera el primero de los faros catalanes que veremos en este viaje. Lo encontramos en el paseo marítimo y es un faro pequeño, edificado en 1.864 que tiene todo el encanto de los faros clásicos. Su linterna plateada, de fundición y forma cilíndrica tiene casi 2 metros de diámetro y está coronada por una veleta también de fundición en la que está puesta en huecograbado la fecha en la que se instaló: 1.929.

Algunas personas que lo ven piensan que el faro está fuera de servicio y que es un simple adorno, y es que este faro tiene algo extraordinariamente original: su óptica, que es de horizonte, emite destellos rojos. Esto le resta alcance, de hecho solamente alcanza las 11 millas, pero es el modo de distinguir la luz del faro de todas cuantas lo rodean en un litoral totalmente urbanizado. Ofrece 4 ocultaciones cada 10 segundos. La diferencia entre un faro que emite destellos y uno que ofrece ocultaciones es que en el primero tenemos la sensación de que el faro está apagado y de repente vemos su luz por un instante mientras que en el segundo, el de ocultaciones, la luz permanece encendida y "se apaga" con cada ocultación.

El aparato óptico original de 1.864 puede verse funcionando en el Museo Marítimo de Barcelona.

A Lucía se le ha ocurrido comprar un exprimidor para las naranjas que nos regaló la amiga Lourdes y en el pueblo hemos encontrado una tienda donde lo hemos comprado. 5 minutos de parada para hacer el primer zumo del viaje y ver que en nuestra ruta acabamos de superar los primeros 2.000 kilómetros, lo que viene a ser una tercera parte del recorrido total previsto.

Seguimos carretera hasta Salou donde el faro está casi oculto a los ojos entre pinos y casas que lo han ido rodeando poco a poco. En principio este faro iba a construirse en la entrada del puerto de Tarragona durante su ampliación del siglo XIX, pero las obras se demoraban excesivamente y el faro hacía falta de manera que decidieron cambiar su ubicación e instalarlo en lo alto del cabo de Salou, comenzando a funcionar el 1 de abril de 1.858 teniendo en la actualidad un alcance de 23 millas.

Con sus 53 metros y funcionando desde el año 2.000 el faro de Punta Galera, en Torredembarra, es el más alto y el más moderno de Cataluña (es el que usan para un anuncio de ING con Matías Prats) siendo obra del arquitecto José Llinás Carmona, aunque con ciertas modificaciones sobre la idea original en la que el faro partía literalmente del mismísimo mar, pero razones económicas y de posterior mantenimiento obligaron a situarlo en tierra firme. También se le restaron algunos metros de altura y un ascensor.

La torre tiene forma octogonal y parte directamente del plano del suelo para ocupar el menor espacio posible en la costa. Posee 48 ventanas pensadas para que a medida que se subía se fuese viendo un paisaje cada vez más atractivo que incitase a llegar a lo más alto pues ademas de faro se pretendía que fuese un reclamo turístico con bar incluído. Un particular donó gratuitamente el terreno y el Ayuntamiento tenía la idea de hacer un paseo marítimo hasta el faro, pero como tantas cosas en este país todo ello se quedó en papel mojado.

La linterna tiene un sistema de rotación continua para impedir que el sol queme los sistemas de iluminación y su diámetro es de 3,50 metros; está hecha de hierro fundido y recubierta en algunas zonas de chapa de cobre y elementos de latón; se trajo de las Islas Canarias donde se compró hacía más de 30 años para la modernización de uno de sus faros pero jamás llegó a utilizarse. Su alcance es de 19 millas y da 5 destellos cada 30 segundos. Los navegantes llevan abordo un libro de faros en el que se indica la cantidad y frecuencia de destellos u ocultaciones de cada uno de ellos de manera que siempre sepan distinguir cual es el que están viendo.

El faro de San Cristófol, en Villanueva y Geltrú, (imagen de cabecera) tiene dentro un museo de faros que abre de 10 a 1 y media del mediodía. Mala suerte, hemos llegado a las 2. Nos consolamos siguiendo un camino de tierra prensada y arena que baja a la playa, a los pies del faro, y allí comemos con el mar a 10 metros de nosotros y sus sonidos como música ambiental.

Del original de 1.861 tan sólo queda la vivienda, siendo el resto del faro de 1.905. En el año 2.007, en un pleno municipal, los vecinos del pueblo rechazaron la propuesta de apantallamiento del faro, cosa muy normal en faros que están dentro de zona urbana. Para ellos eran preferibles las molestias nocturnas que ver su faro "apagado y muerto" desde las viviendas del pueblo. Al igual que el de Punta Galera tiene un alcance de 19 millas dando 3 destellos cada 8 segundos.

Seguimos hacia el norte por la costa y Barcelona la pasamos sin el menor problema de tráfico. Martita nos lleva junto al mar por la Ronda del Litoral; el puerto, monumento a Colón, la Rambla a unos cientos de metros, el mercado de la Boquería... preciosos recuerdos de cosas que se quedaron atrás para siempre.

El próximo faro está en Calella, en una finca con palmeras, chumberas y pitas que le dan cierto aire tropical. El faro tiene unos 10 metros de altura pero se encuentra sobre un promontorio llamado cerro de la Torreta que sitúa su luz a casi 50 metros sobre el nivel del mar. Comenzó a funcionar en 1.859 y en 1.927 se convirtió en el primer faro electrificado de Cataluña. Su torre es cilíndrica y tiene una linterna aeromarítima que se instaló en 1.952 y que procedía de las islas Medas (aquí se recicla casi todo). Da 3 destellos seguidos de un grupo de 2 cada 20 segundos y su luz alcanza las 18 millas.

Ni Lucía ni yo sabríamos decir cual es el motivo pero a pesar de estar anocheciendo en lugar de hacer noche en Calella decidimos seguir hasta Tossa de Mar. Se supone, según el navegador, que son 45 minutos de camino, pero algo no va bien y Martita se pierde un par de veces de manera que se nos hace de noche antes de llegar a Tossa. Al final todo acaba bien y encontramos un aparcamiento amplio y tranquilo a la entrada de una urbanización en la que apenas si se ve a alguien o coches aparcados. Mientras paseamos a Candela nos encontramos con una señora que hace lo mismo con su perro, charlamos un momento y nos asegura que es un buen sitio para dormir, no deben haber problemas. Mañana veremos este faro y seguiremos hasta Cadaqués donde tenemos previsto pasar la última noche en tierras catalanas.






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