12 de febrero de 2011

Un día feliz.

Hoy la mañana ha sido de esparcimiento, de caminar por la sierra, de tomar aire puro y de no oir durante 5 horas otra cosa que el canto de los pájaros y, de vez en cuando, el murmullo del agua  de un arroyo o el del aire entre las ramas de los alcornoques.


Hoy me he escapado a la Sierra Norte de Sevilla, a un precioso pueblo llamado Cazalla de la Sierra y he hecho un pequeño y cómo sendero que lleva al pantano. Una delicia no encontrar durante horas personas, ni coches, ni basura, ni asfalto...  Al final, en la misma presa del pantano, me llamó la atención un gorrión que revoloteaba en una abertura entre piezas de hormigón que hacen de acera. Pensé que tendría allí su nido (mal sitio, demasiado al alcance de todo y todos)  pero cuando me acerqué vi que el pobre pajarillo estaba preso, con un cordel fino de esos que usan los pescadores y que alguno de los que pescan en el pantano habría dejado alli cuando dejó de serle útil. La tanza estaba reliada entre hierros viejos y oxidados por un lado y una de las patitas del gorrión por otro.  Había perdido algunas plumas intentando escapar y, supongo que por el cansancio, se dejó atrapar sin la menor resistencia.


Mi amiga Nuria, hace unas semanas, me regaló una pequeña navajita, tan pequeña que la llevo de llavero, y ha sido con ella con la que he cortado el fino cordel para poder sacarlo del hueco. Casi sentía el corazón del pajarillo en mis dedos cuando he ido quitando poco a poco el nudo que había alrededor de su pequeña patita. No ha intentado escapar, no ha intentado picarme, ni defenderse de ningún modo. Al final ha quedado libre de su ridícula cadena y ha volado como loco hacia la montaña.

Camino del pueblo pensaba en el gorrión al que ayudé a seguir siendo libre y pensaba en las cosas que a  las personas nos atan: el deber, el miedo, la educación, el que dirán, la moral, la dependencia económica... 

Hoy, este gorrioncillo, me ha alegrado el día.






El viejo farero.

7 comentarios:

LA MAR dijo...

A mi esta entrañable historia me hace pensar una vez mas sobre una de mis obsesiones últimamente: el destino, el del pajarillo, a merced de que alguien pasase por esos solitatios parajes y se diese cuenta de que estaba en problemas (una posibilidad entre un millón?), y la navajita que te regalaron seguramente y obviamente sin saberlo, para poder liberarlo. Y el destino tuyo también a quien de momento la anécota te ha inducido a una sabia reflexión.
Un abrazo
Jaume

TriniReina dijo...

Qué bonita es esta zona de Sevilla.
Qué felicidad producen las grandes pequeñas cosas.

Abrazos

PD: En el comentario de antes iba un aantigua dire:)Pero soy yo:)

Susana Terrados dijo...

Querido farero, de nuevo tengo que darte las gracias por esta preciosa entrada. He seguido el sendero por la sierra y he sentido la sensación maravillosa de liberar al gorrioncillo...¡Qué maravilla sería poder cortar esas cuerdas que nos atan y poder volar...!
Besos.

Verónica dijo...

Sr Farero..un placer caminar por el paisaje de sus letras bien halladas, floridas y fragantes.
un abrazo

Verónica

El viejo farero dijo...

JAUME: Nunca he tenido claro si lo que nos pasa es el destino que tenemos escrito o simplemente un cúmulo de coincidencias, lo que si tengo claro es que algunas veces somos como ese gorrión, incapaces de liberarnos de cosas que nos atan y, de vez en cuando, a la espera de que alguien nos libere.

Un abrazo desde Andalucía.

TRINI: Si que es una zona bonita, y es cierto, algunas veces las cosas más pequeñas son las que mayores alegrías dan.
Un beso.

SUSANA: Si que sería una alegría pode hacerlo, pero ya ves, hay muchos más "gorrioncillos" atrapados de los que pensamos.
Un beso, y gracias por tu visita.

VERÓNICA: Siempre que lo desees tienes abiertas las puertas del faro y todos lo senderos.

Un beso.

Fernando J. Feliu dijo...

¡Amigo farero!, Qué bien se siente uno después de realizar una acción como ésta, no sabemos el porqué, pero así es.

Un saludo desde la capital del Turia.

El viejo farero dijo...

Es cierto, posiblemente sea porque una de las cosas más dolorosas de este mundo es la injusticia, y ayudando a ese pajarillo evitamos una: que un ser que está hecho para volar muera sin siquiera poder moverse.

Un saludo desde la capital del Guadalquivir.