30 de agosto de 2011

Colonia de mujer.

Comenzó la tarde a vestirse de gris primero, de negro después. Amenazaba el cielo con tormenta,  con un nuevo diluvio y yo, sin nada para protegerme, decidí regresar al faro antes que las nubes cumplieran su amenaza.  Anduvo la lluvia más rápida que yo,  me alcanzó antes de la mitad del camino y tuve que desviarme levemente y llamar a la puerta de un buen amigo buscando refugio. Se llama Esteban y vive solo; casi toda la vida ha vivido solo. Me dejó pasar, me pidió mi chaqueta que ya estaba empapada de agua, me trajo una toalla y se fue en busca de una botella de vino y dos vasos.

No necesité acercar mucho la toalla a mi cara para llenarme de aquel olor tan especial. Me llamó la atención, pero las gotas que se deslizaban por mi frente y se enredaban en mi barba tenían prisa por abandonarme y las sequé; sequé mis manos y antes de dejarla a un lado volví a olerla. Y asi me sorprendió Esteban: oliendo su toalla.

-¿Huele a colonia de mujer o es que a mi me recuerda algo y no sé que es? - Y mi amigo se sienta a mi lado, pone los dos vasos sobre la mesa y lentamente abre la botella en silencio, alargando un tiempo que, posiblemente,se le hacía demasiado corto para responderme. Permanecemos callados: él sirviendo el vino, yo mirándolo; y cuando me acerca uno de los vasos rompe su silencio. -Huele a colonia de mujer.

Sonrío leve y torpemente sin saber qué decir, pero él me salva de tan incómoda  situación. -No pienses que la uso yo, farero,  es sólo para las toallas-  Bebe un sorbo de vino, me mira, y con un gesto me invita a hacer lo mismo. No sé si preguntarle o dejar que él decida si contarme el motivo o dejarme con la intriga.  

Me habla de tarde, de la lluvia, de las tormentas que se nos echan encima de repente a estas alturas del verano, de un impermeable que tiene y que me dejará para que pueda seguir mi camino al faro... llena los vasos, bebemos poco a poco entre silencios y charlas y por un momento sus ojos se van a la toalla.  -Es su colonia farero, la que ella usaba -  Y mi amigo llena su vaso y me cuenta que cuando estuvo trabajando en la ciudad conoció a una mujer y se enamoró de ella.  -La quise, y la sigo queriendo farero, pero no pudo ser; ya sabes: la vida es como es, no como queremos que sea, y aquello no pudo ser. Ésta es la colonia que ella usaba, es su olor, el de las noches juntos, el que quedaba en nuestras sábanas y en mis manos.  La echaba tanto de menos que un día decidí comprar aquel perfume. Olerlo es volver a aquel tiempo, a sus brazos, a ella...

Vuelve a poner vino en mi copa. -No Esteban, ya no más, tengo que irme, y tú tampoco deberías beber más.

Me da mi triste amigo su impermeable y una bolsa grande donde meter la empapada chaqueta y yo, sin ganas y con dolor en mi corazón, tengo que dejarlo solo, abrazado a una toalla que huele a colonia de mujer, con una botella de vino con el que quiere ahogar unas penas que, como algunas de las mías, han aprendido a nadar.






El viejo farero.




7 comentarios:

Sakkarah dijo...

Siempre sabes llegar a la gente con tus letras...

Un beso muy grande.

RChS dijo...

Fue para no olvidar, para guardar el recuerdo intacto..

Mes gustó mucho leerte sobre todo con esa musica de fondo


Un saludo

El viejo farero dijo...

SAKKARAH: Con el teimpo, después de ir leyéndote he aprendido un poquito de ti, tal vez por eso algunas cosas consigo que lleguen.

Un beso... o dos.

RChS: Siempre hay algún olor que nos recuerda momentos especiales e incluso, algunas veces, los buscamos, seguramente porque necesitamos recuperar en la medida de lo posible aquel momento.

Te doy la bienvenida al faro, un saludo.

Rebeca - casas en venta dijo...

wow que post tan bonito, tienes un gran talento para llevar tu mensaje y llegar a las personas.

Susana Inés Nicolini dijo...

Ay Farero.. Farero...como bien dice Sakkarah, siempre sabes llegar a la gente, pero creo que mucho màs aun: sabes quedarte en los corazones de quienes te leemos. Este post es entrañable. Una ve la situaciòn como si estuviera alli, compartiendo el vino y la añoranza...¡una belleza!
Un abrazo desde Ciudad de Buenos Aires

pato dijo...

Acabo de aterrizar aunque estoy en las nubes. Me conmueve tu relato y me gusta, la vida en los pueblos es de otra forma, las relaciones también.
Tienes una seguidora nueva.
Gracias y un beso

El viejo farero dijo...

REBECA: Me alegra saber que algunas veces lo que pretendo transmitir llega a su objetivo que no es otro que el corazón de quien me lee.

Un saludo desde Andalucía.

SUSANA: Mi querida amiga porteña, que ilusión sería compartir una velada de charlas entre sorbito y sorbito de vino. Y si es oyendo el mar pues...

Un beso desde Andalucía.

PATO: Si te gusta el sitio tienes la puerta abierta para entrar cuando quieras, siempre serás bienvenida.

Un beso.