16 de mayo de 2011

Mil disculpas.

Para que funcione un blog han de ocurrir dos cosas: Que quien  lo lleva deje cosas con cierta frecuencia y que otras personas entren de vez en cuando y las lean.  De un tiempo a esta parte algunas circunstancias de la vida real, la de cada día, me han superado, me han robado (y me siguen robando) más de la mitad de mi tiempo; a la otra  parte que me queda libre llego cansado y desanimado, sin ganas  ni ambiente para algunas cosas. Escribir aquí es una de ellas.

Gracias a quienes todos estos días atrás habéis seguido entrando al faro a pesar de no haber nada nuevo desde hace muchos días. A partir de hoy intentaré recuperar un poco de esa normalidad a la que no damos valor, cómo a tantas cosas, hasta que la perdemos.  

De momento la vida me gana por 2-0, pero el partido no ha terminado. Ni siquiera ha llegado al descanso.


Saludos desde el faro.

El viejo farero.