28 de diciembre de 2011

Tan cotidiano como poco visto.

Hoy os quiero dejar un enlace a un nuevo vídeo que he subido a Youtube.  Si el anterior fue de cosas tan grandes y evidentes como algunos faros españoles éste es de algo muchísimo más frecuente y fácil de ver... pero igualmente muchísimo más difícil de ver. Si, ya se que suena a contradicción, pero es que la vida, muchas veces, es eso: una pura contradicción


http://www.youtube.com/watch?v=aS-fsRf2UaA&list=HL1325068424&feature=mh_lolz

Saludos desde el faro.

19 de diciembre de 2011

Faro de Cabo Silleiro.

El despertador estaba puesto a las 8 de la mañana pero a las 7 y media ya estaba despierto.  Lo primero (supongo que manías de la edad) subir la persiana y ver cómo se presentaba el día. Era aun de noche  y lo único que pude ver era el coche con claros indicios de que la noche había sido fría. 

No sé si era el haber dormido divinamente o los nervios por comenzar el viaje que, a pesar de saber que hasta las 9 no había una luz medianamente aceptable  para hace fotografías,  antes de las 8 ya estaba arrancado el coche para comenzar la marcha.  En el navegador la avenida de Santa Marta, en Baiona. Se trataba de pasar por la costa, ir viendo el mar después de 900 kilómetros de autovías de interior, recoger arena de la playa  y, si había algo abierto a esas horas de un sábado, tomar el primer café del día.

Algunas veces parece que la vida, el destino, va poniendo señales: Una cafetería abierta llamada Isla, frente a la playa y dentro, decorando una de sus paredes, imágenes de faros.  Después del café y de coger arena de la playa de Baiona rumbo al primer faro, al único que no era portugués en este viaje: el de Cabo Silleiro.

El faro de cabo Silleiro tiene la linterna más potente de toda Galicia y se encuentra en la falda de un monte a 85  metros sobre el nivel del mar. 

El faro primitivo databa de 1.892 y estaba a 20 metros de la costa (hoy en día solamente quedan unos pocos restos de su base) pero  fue necesario darle más altura y potencia y en 1.924 se levantó el que hoy podemos ver.  En la misma ladera de la montaña hay instalaciones militares abandonadas que lo único que hacen es estropear el paisaje pero la vista es selectiva y las ignoro: prefiero ver el faro, el mar o las islas Cíes que comienzan a recibir los primeros rayos de sol de la mañana.

 Tengo una mezcla extraña de sentimientos al ver este faro: por un lado se me viene a la mente aquel día de enero de 2009 cuando, haciendo la ruta de los faros españoles con mi hija, subí aquí una mañana de niebla completando un sueño. Por otro la alegría, los nervios, del  comienzo de una nueva ruta que, si todo va bien, completará el contorno de la península  y la visión de casi casi todos sus faros.

 Dejo atrás con cierta tristeza este faro que es fin y principio y retomo la carretera  que va dibujando la silueta de la costa camino de La Guardia y, a la entrada de éste último pueblo gallego, me desvío  para coger la segunda bolsita de arena y para ver un minúsculo puertecillo usado para la descarga de algas. La próxima parada será en tierras portuguesas.

Martita, la voz del navegador, quiere que pase a Portugal por un transbordador pero ella no sabe que antes necesito llenar el depósito de gasolina: en tierras lusas el litro de sin plomo 95 cuesta 25 céntimos más que en España. 

9 de diciembre de 2011

Faros portugueses. Preámbulo.

Llevaba tiempo preparándolo todo, los días en esta época del año son cortos y  las horas de luz para hacer fotografías escasas: localización de los faros, coordenadas de aquellos que no tenían una dirección concreta, distancias, tiempos estimados, hoteles donde hacer noche cada uno de los días…   Algunos, muy pocos, ya los conocía, pero la inmensa mayoría los vería por primera vez.
La costa portuguesa, a groso modo, tiene la forma de una ele mayúscula que comienza en la orilla izquierda del río Miño en su desembocadura, baja hacia el sur hasta el cabo  San Vicente y desde aquí se dirige al este hasta Vila Real de Santo Antonio, en la margen derecha del Guadiana. Y en este sentido, de norte a sur y de oeste a este es como decidí hacer el viaje; de esta manera la inmensa mayoría de los faros quedarían a la derecha de mi marcha con lo que, en principio, las salidas desde las carreteras hacia los faros serían más fáciles y seguras. En Portugal  conducir en carretera puede ser un deporte de alto riesgo y toda precaución es poca.
Haciendo así el recorrido el primer faro en la lista era el de Montedor, el más meridional de todos los faros portugueses, pero unos días antes de salir decidí hacer un pequeño cambio y comenzar un poco más al norte: En cabo Silleiro, el faro más septentrional de Galicia. Éste fue el último cuando la ruta de los faros españoles y, en cierto modo, comenzar allí era como continuar aquel viaje.
De las posibles opciones para ir desde Sevilla a Baiona he optado por seguir la ruta de la Plata hasta Zamora y después la autovía de las Rías Baixas (prefería hacer unos cuantos kilómetros más y conducir por España).  Al final 900 kilómetros, unas cuantas horas de autopista y llegada a Nigrán, cerca de Baiona, con la noche encima. Aburre y cansa tanta autovía así que disfruté de la ducha, de la cena, de la ducha otra vez  y por fin de la cama. Al día siguiente comenzaba de verdad la ruta de los faros portugueses y, ni en sueños, hubiese tenido un mejor comienzo.

3 de diciembre de 2011

Casi casi prefecto.

Podría resumir este viaje en números. Podría decir que han sido 8 días, más de 2.500 kilómetros, más de 30 faros...  que me he traído arena de casi 20 playas diferentes o que he tenido la suerte de conocer 3 faros por dentro y a 2 fareros que son gente encantadora.  Podría, incluso, valorar el viaje de 0 a 10 y darle sin la menor duda un 9,95 con una sola razón para no darle el 10: Nada es lo suficientemente bueno como para no poder ser mejorado. Pero la vida no es siempre cuestión de números, ni la intensidad de las vivencias depende de las cantidades.

En la memoria de la cámara de fotos más de 700 fotografías. En la mía miles de imágenes que tardarán en borrarse y, en mi corazón, la sensación de haber vivido 8 días únicos. Ahora toca eliminar fotos, hacer criba. Después ordenarlas y, poco a poco, ir subiendo algunas de ellas para que, quien lo desee, conozca un poquito esos faros.


Ahora podría poner alguna de esas cientos de fotografías de faros que me he traído, pero prefiero dejar estas dos.  Están tomadas frente a Aveiro, desde el espigón que da cobijo al puerto frente al faro. Entre una y otra foto hay 2 décimas de segundo de diferencia.  La vida de los pescadores es mucho más dura de lo que imaginamos. Ya veis, una simple barca con la que apenas si sacarán unos cuantos kilos de peces que venderán por una miseria.