12 de octubre de 2017

SEGUNDA EDICIÓN.

Después de mucho tiempo y después de planteármelo mil veces y darle mil vueltas, después de oír una  y otra vez el consejo de que lo hiciera ha llegado la hora y, la segunda edición de mi libro, está en la imprenta.

Dentro de dos o tres semanas tendré entre mis manos los nuevos ejemplares, copias de aquellos que hace ya 7 años vieron la luz de Sevilla y, después, volaron a diferentes puntos de España, incluso de América del Sur, para ser leídos debajo de otras luces. Está la imprenta embarazada de soledades, de relatos, de historias que, dentro de nada, parirá, y estoy yo nervioso, contando los días, como el hombre que va a ser padre, porque un libro, en cierto sentido, es como un hijo.

Un día os decía que haber vendido el último ejemplar me creaba una sensación parecida a cuando llegamos mi hija y yo ante el Faro de Cabo Silleiro, el último faro de nuestra ruta, el que nos decía que aquel viaje había llegado a su fin. Era por un lado la alegría de haber hecho realidad un sueño y por otro la tristeza de que aquellas emociones, aquellos nervios, se habían terminado porque el viaje también se había terminado.  Después, muchas veces, he tenido esas sensaciones enfrentadas cada vez que alguien contactaba conmigo para preguntarme si había alguna forma de conseguir un ejemplar de En la soledad del faro y yo tenía que decirle que no. Por un lado otra vez la alegría, en este caso la de saber que habían personas que lo buscaban, que querían tenerlo, por otro la tristeza de tener que decirles que ya no era posible. Hasta hoy.

Son solo 100 ejemplares, otros 100 haces de luz que buscarán otros 100 destinos, 100 libros que, desde ya, están esperando unos ojos que recorran sus líneas y unos corazones dispuestos a compartir lo que un viejo farero, en la soledad de su faro, escribió.

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