22 de abril de 2009

Yo, un Robinsón...

Yo, que tantas y tantas veces me siento un Robinsón a pesar de vivir en una ciudad, rodeado de cientos de miles de personas, en este siglo XXI, quiero decir:

Que a pesar de tanta gente a mi alrededor muchas veces me siento inmensamente solo.
Que muchas noches, cuando miro las paredes blancas y frías de mi dormitorio echo de menos una cabaña hecha de ramas por donde se filtran los olores y los sonidos del mar.
Que cuando veo encendidas esas farolas de mi calle extraño la luna y las estrellas.
Que cuando oigo el ruido de los coches añoro el sonido de las olas rompiendo en la playa.
Que me sobran latas de cosas precocinadas y me faltan cosas que aun huelen a tierra y a mar.
Que casi he olvidado ser una persona para ser un ciudadano.
Que cuando arrimo un móvil a mi oido extraño las caracolas en las que canta el mar.
Que he dejado de correr por las playas trás un sueño para correr por las aceras persiguiendo un autobús.
Que ya no tengo un mar delante de mi, sino una pantalla con una fotografía.
Que ya no cuento los días por puestas de sol, sino por jornadas de trabajo.
Que ya no me despiertan las olas, sino el ruido odioso de un despertador.
Que ya no lanzo botellas al mar con un mensaje dentro, sino que dejo mis lamentos y mis ilusiones escritos en un blog.
Que he perdido la ilusión de ser rescatado por un navío y sólo sueño con poder charlar mirando unos ojos.
Que soy tan náufrago como si viviese en una isla desierta.
Que muchas veces me siento tan solo como en ella.
Que me han cambiado aquella soledad por esta tan inmensa...

Yo, que me he hecho y me han hecho un Robinsón en la ciudad, sigo soñando cada noche con el mar, con el sol, con la playa, con la libertad, con las gaviotas, contigo... porque me han robado todo eso, pero aun no han aprendido a robarme mis sueños.


El viejo farero.

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