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30 abril 2013

150 años.

Hoy dos de los faros más representativos de Andalucía están de cumpleaños.  Tal día como hoy de 1.863, hace ya 150 años, se ponía la primera piedra del que, 4 años más tarde, sería el  más alto de España: el faro de Chipiona. Las casualidades de la vida, el destino, o tal vez la idea premedita de alguien, hicieron que la fecha elegida para tal acto, 30 de abril de 1.863 coincidiera con otro hito en la historia de los faros andaluces: aquella misma noche comenzó a funcionar el faro de Cabo de Gata.
La de hoy debería ser una fecha llena de actos conmemorativos. El Ayuntamiento de Chipiona y la Autoridad Portuaria de Sevilla, responsables del faro, lo están haciendo y dando, de paso, un ejemplo de defensa de la cultura, de la historia y del patrimonio andaluz: placa en honor de Jaime Font, exposiciones, visitas guiadas gratuitas al faro, conferencias (el próximo jueves día 2 ofrecida por el propio farero, Septimio Andrés, todo un lujo) … y en Almería se ha editado un magnífico libro titulado Lo demás es oscuridad que conmemora esos 150 años de funcionamiento de los primeros faros de la provincia (el último día del año lo hará el de Mesa Roldán) y en el que hemos colaborado más de 180 personas enamoradas de los faros. Pero no es suficiente. La televisión autonómica, la que representa a Andalucía y a la que los andaluces mantenemos en buena medida, debería tener hoy algún programa especial dedicado a estos faros. Son 150 años, pero posiblemente dediquen más tiempo a la casa real holandesa que a nuestra propia historia.
¿Y la Junta de Andalucía? ¿Sabe alguien allí que tenemos faros únicos en España? ¿Alguna consejería va a dedicar un solo euro y una sola fotografía a celebrar esta efeméride?  Me temo que no, esto al fin y al cabo es cultura y la cultura y la política suelen casar mal. Lástima que la actitud de los responsables del faro de Chipiona no se extienda a las demás instituciones políticas y organismos oficiales.
Hoy toca felicitar al faro de Cabo de Gata por sus 150 años de funcionamiento guiando a los marineros, a Mario Sanz y cuantas personas y organismos han hecho posible el libro, al Ayuntamiento de Chipiona y a la Autoridad Portuaria de Sevilla por conmemorar el día de hoy. A los andaluces que conocen sus faros y saben de su valor y  a los que  los desconocen por completo, porque tienen ante ellos todo un tesoro por descubrir.
Aprovechando esta fecha  la Asociación de Amigos de los Faros de Andalucía ha subido a YouTube un vídeo con una recopilación de imágenes de faros andaluces. Es la primera parte y en esta ocasión está dedicada a la costa atlántica andaluza.  Podéis verlo directamente haciendo clic en el enlace que hay arriba a la izquierda.
 


01 abril 2013

Cabo Roche y Sancti Petri.

Hace unos días he tenido la suerte de visitar 2 nuevos faros, ya son 19 en Andalucía y 30 en total. Esta vez tocaba los faros de Cabo Roche y Sancti Petri. Aunque éste en realidad es una baliza ya que su alcance no supera las 10 millas acceder a él es una bonita experiencia ya que está instalado en un islote a unos centenares de metros en línea recta  de la costa gaditana.

 En el año 1898, como consecuencia de la guerra de Cuba, se manda demoler el faro del Castillo de San Sebastián, en Cádiz. Con la desaparición de este faro una gran parte de la costa andaluza queda a oscuras, por ello, en 1899 se propone instalar un faro en el Cabo Roche. La idea era que éste enlazaría con el de Chipiona, lo que iluminaría una buena parte de costa y además haría innecesario un nuevo faro en la ciudad gaditana. La obra llegó a aprobarse 3 años más tarde y se dota al faro de un alcance de 12 millas náuticas y un grupo de 3 destellos más uno con luz blanca, pero el faro nunca llega a edificarse a pesar de que en 1929 vuelve a aprobarse su construcción esta vez con ciertos cambios en su luz. Hay que esperar hasta  el Plan de Señales Marítimas de 1985-89 en el que figura como uno de sus objetivos la recuperación de las antiguas torres vigías, en general del siglo XVI,  su restauración y adaptación a faros.  El experimento se llevó a cabo en 1986 con la torre de Cabo Roche, la primera torre vigía convertida en faro, y el resultado fue tan satisfactorio que a continuación se hizo lo mismo con las de Punta Camarinal, Punta Carbonera, La Herradura, Castell de Ferro y La Polacra.  De todas estas torres convertidas en faros de la costa andaluza la torre de mampostería del siglo XVI existente en el Cabo Roche no es solamente la primera sino que también es la única de planta cuadrada. Su altura es de 16 metros y el plano focal del faro se encuentra a 45 sobre el nivel del mar. Hoy en día su alcance es de 20 millas y ofrece un destello cada 3 segundos. Sobre el techo de la torre existen 4 pilares de hormigón de unos 3 metros de altura que sostienen una plataforma circular del mismo material sobre la que descansa la linterna.

Cuando visité este faro lo primero que se me vino a la cabeza al subir sus escaleras es que quienes lo diseñaron no pensaron ni por un segundo en los hombres que tendrían que trabajar en él.  Difícilmente habrá un faro con unas escaleras más complicadas para subir y bajar y es, de cuantas torres vigías conozco, a la que  peor solución le han dado en lo que a acceso se refiere.

Su sistema de iluminación es muy moderno, la lente ya no es de cristal como las originales de Fresnel sino que es de material acrílico, y la lámpara que luce dentro es de las más modernas del mercado.

Dejamos Cabo Roche y nos marchamos al puerto de Sancti Petri donde nos espera la zódiac que nos llevará al islote donde se encuentra el faro. El camino de ida se hace un poco más largo porque aunque son unos 2 kilómetros de recorrido la mar está un poco alterada y hay que ir despacio para evitar mojarnos. Viendo la fragilidad de esta embarcación aquí, con la costa tan cerca, no puede uno evitar pensar en cómo serán las travesías de los inmigrantes ilegales en barcas incluso más pequeñas que esta en pleno Estrecho.

El nombre de Sancti Petri hace referencia a “Piedra Santa”, ya que antiguamente hubo en la isla un santuario en honor a Melkart. En el siglo XVI se levanta una torre defensiva y posteriormente se fue construyendo el castillo y   fortificando la isla que fue duramente bombardeada por los franceses.

La torre del homenaje se adapta a faro en 1918 según un proyecto de Francisco García de Sola. Aquella primera luz de gas acetileno era fija y tenía un alcance de 12 millas. En 1952 se cambia la linterna y hoy en día funciona por energía solar con baterías de reserva, ofrece un destello cada 3 segundos y su alcance es de 9 millas, por lo que se considera baliza en lugar de faro. La torre tiene una altura de 16 metros y el plano focal se encuentra a 20 sobre el nivel del mar.

La escalera de esta torre no tiene nada que ver con la de Cabo Roche: es de madera, ancha, cómoda…  al final, para salir al exterior y llegar a la linterna un paso un poquito estrecho y nada más pero merece la pena ya que desde lo alto de la torre hay unas vistas preciosas de la costa que abarcan desde Cádiz a Trafalgar. 
Técnicamente la luz de Sancti Petri no es un faro pero, ¿qué importa el título oficial que le den? Tampoco el de Bonanza lo es  por su luz pero su torre merece con creces el nombre.  Cada faro que he visitado tiene su belleza, su encanto especial. Este de Sancti Petri es por el sitio en el que está. Muchas veces he dicho que un faro no es solamente su luz, es su torre, el mar que hay a sus pies, el acantilado al que se asoma… y en este caso la islita donde se encuentra.


Os dejo unas fotografías de esas visitas.





















             



















                                                                                             
                                                                                                        

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02 septiembre 2012

El faro de Cádiz.

Ya a principios  del siglo XII, historiadores y geógrafos árabes como Al-Himyari, Al-Quazwini  o Al-Yaqut  hacían referencia al faro de Cádiz describiéndolo como "un hermoso edificio de varios pisos rematado por una estatua dorada semejante al de Alejandría".  El geógrafo andalusí Al-Zuhri en su obra "Kitab al-Jaghrafiyya" (Libro de geografía)  habla del faro gaditano y escribe: <<... En esta ciudad estaba el famoso faro parecido al de Alejandría. Era cuadrado, edificado con una especie de piedra pómez, áspera, de sólida carpintería y abovedado con columnas de cobre rojo. Su rostro miraba hacia el Noroeste y tenía un brazo extendido, los dedos cerrados y con el índice señalando la boca del golfo que sale del Gran Mar, llamado Estrecho, el que se alza entre Tánger y Tarifa, como mostrando los caminos.

A lo largo de su historia el faro de Cádiz ha tenido varios nombres. Uno de ellos fue Torre de San Sebastián. Su origen se remonta al año 1.457 cuando unos venecianos refugiados a causa de una epidemia en lo que entonces era una isla levantaron una ermita en advocación a San Sebastián y labraron el escudo de la ciudad de Venecia en agradecimiento a la hospitalidad de la gente de Cádiz.

En 1.613 se levanta un nuevo faro con el ya mencionado nombre de Torre de San Sebastián. En su bóveda existía un capitel en forma de linterna en el que durante la noche se hacía fuego de leña o de alquitrán para orientar a los barcos. Ese mismo año, siendo gobernador de Cádiz Fernando de Quesada se construyó el castillo quedando el faro dentro del mismo y cambiando su nombre a faro del Castillo de San Sebastián. A lo largo de los años la torre sufre diferentes arreglos y transformaciones hasta que el 31 de octubre de  1.766 se autoriza su sustitución por un nuevo faro encargándose de su realización el brigadier  ingeniero Antonio de Gaver. Su linterna era cilíndrica, acristalada y sostenida por columnas. En ella se encendían 24 lámparas de aceite que con las reformas posteriores llegarían a ser 50.

A finales de 1.800 la pequeña isla en la que se encontraba el fuerte es unida a la ciudad por lo que hoy es el Paseo de Fernando Quiñones que parte desde la archifamosa playa de La Caleta.  En 1.818 se emplea gas de hidrógeno extraído del carbón, sistema que ya se había probada con anterioridad en el  del puerto de Barcelona.  El faro fue modernizado en 1.794 y en 1.833; en 1.856 se le instaló un aparato de destellos con características de destellos rojos de 2 en 2 segundos.

En 1.898 durante la guerra contra los Estados Unidos una comisión de ingenieros militares y de Obras Públicas considera que el faro puede servir de referencia al ejercito enemigo para un ataque a la ciudad  y el entonces gobernador militar de Cádiz, el Duque de Nájera, ordena su demolición.

Pasarían 5 años hasta que en  una Real Orden de 28 de diciembre de 1.903 el Ministerio de la Guerra impone dos condiciones para autorizar la construcción del nuevo faro: "... la torre que ha de sostener la linterna se compondrá de dos partes: una fija de mampostería cuya altura sea menos que la de las casamatas de la batería para que no sea visible desde el exterior, y otra formada por un entramado de hierro de tal forma que pueda ser desmontada con facilidad"; Se trataba de  que tuviese poco volumen y fuese ligera para así reducir su visibilidad y  que se pudiese desmontar rápidamente en caso de que estallase una nueva guerra. La misión era complicada dado que la torre, al tener su base casi a nivel del mar, debía ser bastante alta y la linterna era de gran tamaño.  Para ello se echa mano al material más resistente y ligero del que se disponía: acero laminado, y se recurre a un auténtico especialista en el diseño de faros: el ingeniero Rafael de la Cerda que realiza el proyecto durante 1.907.

En enero de 1.909 salen a subasta las obras del faro por un importe de 71.584 pesetas. Para realizar la obra se presentaron 3 ofertas: una  de la Compañía Trasatlántica, otra de la Compañía Cordobesa y la tercera de La Constructora Gijonesa.  Ninguna de las empresas propuso cambio alguno por lo que se adjudicó a la última citada como mejor postor al realizar un descuento de casi el 18%.  El plazo de ejecución era de un año pero... por un lado huelgas, por otro retrasos en el suministro de materiales y a todo ello se añadía los días en los que no se podía trabajar debido al viento de levante, al final las obras no fueron recibidas hasta marzo de 1.912. A pesar de ello el faro no se iluminó hasta el 30 de septiembre de 1.913 debido a cambios en el proyecto para que funcionase con electricidad siendo el segundo de España, después del de Cabo Villán, en usar este sistema. La electricidad la suministraría la firma Lebón y Cía. pagándose el Kw/h a 0.58 pesetas. Para hacer llegar la corriente hasta el faro se compraron 1.750 metros de cable a la empresa Pirelli y Cía, de Villanueva y Geltrú, a razón de 3 pesetas el metro.

El faro de Cádiz es una torre de acero laminado de 38 metros de altura sostenida sobre una base de hormigón armado de 1 metro de profundidad. La torre es un cilindro de palastro formado por 16 anillos con un diámetro de 2 metros que están reforzados por fuera con 8 contrafuertes radiales  en forma de vigas, con grandes celosías existiendo una ventana en cada anillo. En su eje existe un tubo del mismo material, hueco, por donde discurren los cables que alimentan la lámpara y el del contrapeso de la antigua maquinaria de relojería. Las paredes de este tubo tienen un grosor de 7 mm. y los escalones de la escalera de caracol que sube a la linterna están adosados por un lado a dicho tubo y por otro a la pared de la torre.
Entrar a este faro es una experiencia inolvidable. Hay faros originales, pero después de quedar fuera de servicio el de La Baña en el Delta del Ebro el faro de Cádiz es literalmente único en España, no existe en este país otro faro histórico de estructura metálica. Una vez dentro de la torre vista desde abajo la escalera formada por escalones metálicos perforados impresiona, cuando comienzas a subir por ella impone. Al final de la torre la cámara de servicio, con 3 metros de altura, se ensancha y tiene un diámetro de 3,40 (el de la torre que la sostiene es de 2 m.) de tal manera que cuando te asomas al exterior tienes la sensación de estar casi en el aire: bajo tus pies hay una caída de más de 30 metros.

La óptica actual es la original de 1.913, una óptica bivalva de 300 mm. de distancia focal formada por 4 lentes cada una con 4 anillos catadióptricos inferiores y 6 superiores. El primer sistema de luz era de arco eléctrico, en 1.942 se sustituye por lámparas de incandescencia trifásica, sistema que se utiliza hasta que en 1.995 se moderniza y se instalan lámparas halógenas monofásicas. El plano focal se encuentra a 41 metros sobre el nivel del mar y su alcance es de 25 millas con una característica luminosa de un destello cada 10 segundos. El peso total de la torre es de 41 toneladas.

en mayo de 1.953 se instaló una sirena eléctrica para los días de niebla cuyo sonido parece ser que molestaba a una parte de la población que vivía cercana al faro. Solamente hubo que esperar a los carnavales del año siguiente para que una chirigota presentara su queja cantando:

"Han colocao en el faro, vaya por Dios,
un pito mu caprichoso,
que cada vez que hay neblina, Josú Josú,
vaya un pito escandaloso.
Se pone dale que dale,
y no deja de pitá.
Yo le pido a quien lo ha puesto
que lo ponga más p`ayá.

La importancia de la óptica de un faro queda patente en los presupuestos  de éste de Cádiz:

Torre.....................................................  70.275,58 ptas.
Cable adquisición....................................    5.490,00 ptas.
Cable tendido.........................................  11.978,39 ptas.
Linterna, aparato e instalación.................  79.040,00 ptas.
Muebles................................................   1.600,00 ptas.


En 1.914 la denominación oficial de Faro del Castillo de San Sebastián fue sustituida por la de Faro de Cádiz. La razón era que existía otro faro en la provincia de Gerona con el nombre de San Sebastián y el faro del monte Igueldo que también recibía el nombre de San Sebastián por su proximidad al puerto de la ciudad, situación que podía confundir a los marinos.

Visitar un faro tiene 5 momentos claves: el primero es conocer al farero, el saludo, las primeras palabras con alguien que dedica su vida a un trabajo que admiro. El segundo  cuando te abre la puerta del faro y te invita a entrar. El tercero cuando pasas a la torre, sea como sea, y tienes ante ti la escalera. El cuarto cuando terminas de subirla y tienes a unos centímetros la óptica. El quinto, cuando te asomas al balcón y ves el mundo desde donde solamente lo ven unos cuantos afortunados. Ver el faro de Cádiz desde la Caleta es bonito, pero ver la Caleta desde el faro es un lujo impagable. A tus pies tienes el mar, un camino que dibuja una raya en el agua y que te lleva a Cádiz. Ningún gaditano debería irse de este mundo sin ver  su Caleta, su catedral, su Campo del Sur...  su "Cai", desde su faro.



El viejo farero.

14 julio 2012

Faro de Trafalgar: 150 años de servicio.


Siglo y medio guiando a los hombres de la mar, 150 años en servicio. Cerca de 55.000 noches poniendo su luz al servicio de los demás. Es el faro de Trafalgar y mañana  15 de julio se celebra el 150 aniversario de su puesta en marcha.
Al salir del aparcamiento donde he dejado el coche un hombre charla con otros que están retirando arena de la carretera. Me voy para arriba –dice- que tengo visita dentro de un rato. Es el farero con el que he quedado dentro de unos minutos. Lo saludo, me presento y subimos en el coche que la Autoridad Portuaria de Cádiz le pone a su servicio.
Visto desde cerca el faro de Trafalgar se asemeja a un proyectil gigante en posición vertical esperando ser lanzado a los cielos. La puerta de la calle da a una entradita y a continuación a una sala de grandes proporciones que tiene cierto aire de patio techado. A ella 
dan las distintas dependencias de la casa y sobre una de las paredes hay un viejo teléfono, de aquellos que tenían un disco con los números y unos pequeños orificios donde se metía el dedo y se hacía girar hasta un tope. Al fondo de esta sala se ve el comienzo de la torre y la puerta por la que se accede. La escalera es estrecha, de obra, y mientras sube va girando en el sentido de las agujas del reloj sobre un hueco cerrado por el que desciende el antiguo mecanismo de relojería que hacía girar la óptica.
 La escalera termina en la cámara de servicio, amplia y bien iluminada, y desde aquí una pequeña escalera metálica nos lleva a la linterna. La altura a la que hemos subido es aproximadamente la de un edificio de 11 plantas pero el esfuerzo merece la pena. Independientemente de que te interese la base de la óptica, verla por dentro, ver el sistema de giro o las lámparas las vistas desde el balcón son impresionantes: El camino de casi un kilómetro que me ha traído al faro, la playa de la Marisucia y la luz del sol reflejándose en ella, el mar, los restos de la antigua torre almenara, la inmensa playa de Zahora…  y todo  desde un punto de vista único. En el exterior de la linterna las cámaras que un día instalaron con dinero procedente de la Unión Europea para observar los cambios en esta última playa y que ahí se quedaron, como un muerto que se quedó con los ojos abiertos mirando y sin ver.
El faro se encuentra en el cabo que le da nombre, en un tómbolo declarado monumento natural  en 2.001 y perteneciente al término municipal de Barbate, en la provincia de Cádiz. Frente a él, en octubre de 1.805 se desarrolló la famosa Batalla de Trafalgar que enfrentó a la escuadra franco-española del almirante Villeneuve y a la inglesa comandada por Nelson y en la que más de 70 galeones terminaron en el fondo del mar entre el Cabo y Cádiz. 
Mucho antes, en tiempos de la dominación romana existía en el lugar un templo consagrado a la diosa Juno, hija de Saturno y hermana y esposa de Júpiter, que incluía un altar para sacrificios en su honor. Siglos después, en el IX, los musulmanes construyeron una torre vigía cuyos restos aun permanecen junto al faro y que durante muchísimos años fue el punto de referencia para identificar el Cabo. Frente a él  se encuentran los bajos de la Aceitera  que obliga a los barcos de gran tonelaje a doblar el Cabo a una distancia mínima de 8 kilómetros y a los pesqueros de Barbate a ceñirse a menos de 100 metros de la costa, de ahí la expresión: “Cabo de Trafalgar, todo a tierra o todo a mar”.

En 1.847 se propuso la instalación de un faro de 2º orden sobre la antigua torre vigía con características de eclipse de 30 en 30 segundos, pero no sería hasta 1.856 cuando comienzan los estudios para construir el faro y 2 años más tarde se aprueba el proyecto. El encargado de llevarlo a cabo es el ingeniero Eduardo Saavedra con quien colaboraron 3 alumnos de la Escuela de Caminos: Rafael Navarro, Antonio de Palacios y Manuel García. Algo quedó de aquel primer proyecto y para la construcción del faro se utilizó parte de los materiales de la torre almenara que había sido derribada casi en su totalidad en 1.860.
El 15 de julio de 1.862 se enciende por primera vez utilizando una lámpara de aceite de oliva y más tarde de petróleo, su alcance era de 19 millas.  Unos años más tarde  un sistema de incandescencia por vapor aumentó su alcance hasta las 31 millas.  La torre tuvo en principio forma troncocónica con una altura de 29,5 metros, sobre ella una cornisa de 0,80 metros daba paso a una parte cilíndrica cuya altura es de 1,85 encima de la cual descansa la linterna lo que daba al faro una altura total de 34 metros situando su plano focal a  51 metros. El diámetro exterior de la torre era de 5,70 en su base y 4,70 bajo la cornisa. La casa para los fareros es de planta rectangular y medía 18x17 metros teniendo acceso directo desde el fondo de la misma al interior de la torre.
A principio de los años 20 del siglo pasado se decide ampliar el alcance del faro y en 1.926 se instala una óptica de la firma BBT de 900 mm. de distancia focal hecha en bronce y vidrio.  El tremendo peso de la nueva óptica unido a los fuertes vientos de la zona puso en peligro la estabilidad de la torre por lo que hubo que reforzarla con una envoltura de 50 centímetros de grosor, de fábrica de ladrillo y un enlucido de mortero hidráulico de 3 centímetros según un proyecto de Julio Mururúa.
En 1.929 Carlos Iturrate realiza un nuevo proyecto de refuerzo colocando unos contrafuertes en forma de nervios verticales que convergen en arcos apuntados, lo que le da su aspecto tan característico y diferenciador del resto de faros españoles.
Cuando se instaló esta maquinaria en 1.926 giraba gracias a un sistema de relojería impulsado por una pesa cuyo recorrido iba desde la linterna hasta la base del faro. Para volver a subirla había que darle cuerda a mano cada 5 horas (el tiempo que tardaba en caer). Posteriormente se automatizó con un motor eléctrico que se encargaba de darle cuerda al mecanismo cuando la pesa llegaba al final de su recorrido. Hoy en día la óptica gira gracias a un motor eléctrico y lo hace sobre flotador de mercurio. En el interior de la óptica hay 2 bombillas halógenas con una potencia de  1.000 cada una,  de la marca General Electric, una de ellas, la que está en funcionamiento,  en posición vertical y la otra de reserva un poco inclinada. Las dos lámparas están montadas sobre un sistema que en caso de fallo de la primera aquel gira y coloca la lámpara de reserva en posición vertical activando su encendido.
El alcance actual del faro de Trafalgar es de 22 millas y sus  características nocturnas  son dos destellos más uno cada 15 segundos.
Para llegar al faro existe una carretera pero unos 800 metros antes hay una barrera que impide el paso a los vehículos ajenos al servicio. Lo ideal es dejar el coche en los aparcamientos de los últimos bares que existen, no tiene pérdida, y desde ahí echar el paseo. A nuestra izquierda dejaremos primero las dunas de arena que el levante mueve continuamente y que con frecuencia cubren la carretera, poco más adelante la playa de la Marisucia, llamada así por la gran cantidad de algas que la marea y los temporales arrastran hasta ella. Después una  leve subida nos deja a los pies del faro desde donde parte un sendero hecho con  listones de madera que baja a la playa y después de rodear el edificio nos lleva a los restos de la antigua torre  y que en determinados puntos posee miradores.

No puedo terminar esta entrada sin agradecer a la Autoridad Portuaria de Cádiz el haberme permitido acceder al faro. También mi agradecimiento más sincero al farero de Trafalgar, otro hombre que no quiere popularidad, por haberme enseñado el faro y la linterna por dentro, por haberme dejado ver el mar desde donde lo ven ellos y por dejar que me sienta farero por unos minutos.









El viejo farero.

31 mayo 2012

Rumbo a puerto.

Hay cosas en esta vida que parecen no tener sentido, situaciones que no hay manera de justificar, pero siempre hay una razón para todo, aunque algunas veces no la encontremos, no la entendamos o simplemente no la compartamos.

Si os digo que los barcos de Sanlúcar de Barrameda, localidad de la provincia de Cádiz, llevan matrícula de Sevilla alguno de vosotros puede pensar que es imposible. Si os digo que hay barcos que para ir a puerto han de salirse del mar igual pensáis que este farero está realmente viejo. Aún puedo rizar el rizo y decir que el faro de Chipiona, el más alto de la península, pertenece a la Autoridad Portuaria de una capital que ni ella ni su provincia tienen  mar.

Técnicamente el puerto de Sanlúcar de Barrameda pertenece a la Autoridad Portuaria de Sevilla la cual extiende su control hasta el mismísimo faro de Chipiona (incluido). Este faro de recalada es el que marca la entrada al Guadalquivir a los barcos que se dirigen al puerto de Sevilla y frente a él han de fondear a la espera de un práctico del puerto hispalense que los dirija río arriba hasta la capital. Por eso, a pesar de que la provincia no tiene costa su puerto controla el faro más alto de la península, los barcos de Sanlúcar tienen matrícula de Sevilla y los navíos que vienen a nuestro puerto han de salir del mar para llegar a él.

Ayer estuve visitando  el faro de Bonanza, una maravilla de torre obra del ingeniero Jaime  Font. Me acompañaba Septimio Andrés, farero de Chipiona y que tiene una página estupenda sobre el faro donde vive. Este de Bonanza  está fuera de servicio como tal y su estado interior sería mejorable a todas luces, pero se mantiene igual de original y elegante por fuera. Desde su linterna hay unas bonitas vistas del río entregándose al mar, del océano y de Doñana. También, cosas del destino, de esos barcos que se salen del mar y buscan un puerto que está a 50 millas náuticas río arriba. Pero claro, si lo que espera es Sevilla hasta los barcos son capaces de dejar la mar.

Aquí os dejo un imagen del faro de Bonanza, en Sanlúcar de Barrameda, y una serie de fotografías de uno de esos barcos que se salen del mar. Al fondo, en la otra orilla del río el Parque Nacional de Doñana, ya provincia de Huelva.



Desembocadura del Guadalquivir vista desde el faro.


Carguero enfilando el río.


Girando a babor.


El pesquero se desvía para entrar al puerto de Bonanza.


Cada barco sigue su rumbo.


Al fondo el Atlántico y los pinos de Doñana.

Pasando frente al faro camino de Sevilla.



Hoy, más que nunca, saludos desde el faro.

El viejo farero.