15 de febrero de 2010

La ruta de los faros. 1ª etapa.


Breve aclaración previa:
Este blog no es una página sobre faros, ni siquiera esta sección de "la ruta de los faros" pretende ser un tratado sobre ellos. En ella simplemente cuento, de manera personal y según mis vivencias, un viaje. Es cierto que encontraréis datos técnicos sobre los faros que he visto, medidas, alturas, tipos de linternas... pero prácticamente todos han sido sacados de un par de libros que tengo y de internet. Para mi lo interesante de los faros no es tanto la marca de la óptica o sus coordenadas como el hecho de serlo y estar frente al mar. Son algo asi como las personas, su importancia no se la dá su altura, sus estudios o sus ropas, las personas son importantes por el hecho de ser personas.

Es posible que algún dato esté mal, si es así y alguien quiere corregirlo estaré encantado de que aporte los datos reales. Ya sabéis, esto no es un tratado sobre faros, es simplemente la historia de un viaje. Y ahora, si quereis seguid leyendo...

Vistos desde tierra los faros son el final de la misma y el comienzo del mar; vistos desde el mar, los faros son el punto donde la mar deja de serlo y comienza la tierra. Desde la tierra y desde la mar los faros son el punto donde la tierra renuncia a ser tierra y el mar deja de ser mar para unirse ambos y crear un ser nuevo, un mundo nuevo, formado por los dos: la costa.

Para el marinero el faro es un guía que le habla con sus destellos y ocultaciones, con un lenguaje preciso, un amigo que le marca el camino a seguir, el sitio a evitar. Para el hombre de tierra adentro el faro es el mirador desde el que ver el mar, un acantilado, una playa, un puerto, una isla. Los faros no son solamente el edificio, la torre, la linterna, son también el lugar, el paisaje del que forman parte, son la soledad unas veces, el desafío a la naturaleza otras. Hacer la ruta de los faros no ha sido simplemente ir viendo faros: ha sido ver los paseos marítimos, las playas, los acantilados donde están situados. Ha sido ver costas devoradas por cientos de edificios y lugares solitarios donde solamente llega quien quiere llegar a un faro perdido en medio de la nada. Ha sido ver un Atlántico dormido en la costa de Huelva y otro (¿Quién diría que el mismo?) enfurecido y queriéndose comer la tierra en Galicia. Ha sido ver el más alto de España, el más antiguo, el más moderno, el que está más al sur, más al norte, faros habitados y faros que parecen abandonados a su suerte.

Para comenzar mi ruta decidí imitar a mi río e irme a Sanlúcar de Barrameda a encontrarme con el mar. Es el Guadalquivir un aperitivo, un preámbulo de lo que será más adelante todo, un río con un puerto, con un faro… Me pregunto ¿Qué río tiene un faro que llama a los marineros, y para qué? Pero en esta vida todo tiene una razón de ser: río arriba, a 90 Km. está Sevilla.

Delante de nosotros el primer faro, sonrisas, nervios, y la confirmación de que el viaje soñado empieza a ser realidad. Estamos en el puerto de Bonanza, en Sanlúcar de Barrameda. Oficialmente este faro de Bonanza está fuera de servicio desde 1982 debido al nuevo balizamiento del Guadalquivir, su altura total supera los 18 metros y su torre es octogonal de ladrillo visto y rematada con un friso de azulejería que le da cierto aire de minarete. Fue diseñado por Jaime Font en 1864 y comenzó funcionando con aceite de oliva.

Seguimos nuestro camino y ponemos rumbo al que por altura es el primero de España, el tercero de Europa y el quinto del mundo: El faro de Chipiona.
Antes de entrar al pueblo, y a pesar de que queda en el otro extremo, ya se ve el faro. Son más de 62 metros de altura cuya primera piedra se puso el 30 de abril de 1863, inaugurándose en octubre de 1867. Frente a él, dos kilómetros mar adentro, el bajo de Salmedina, una formación rocosa que con la marea alta queda cubierta por un metro de agua y sobre la cual el cónsul romano Quintus Servilius Caepion mandó levantar en el año 130 la Caepionis Turris de la que deriva el nombre de la localidad. Este faro es uno de los dos únicos que pueden visitarse en España y para acceder a lo más alto tenemos una escalera de caracol con 342 escalones. ¿Alguien se anima? Por su alma penden las pesas del mecanismo de relojería que convertían el movimiento de gravedad en rotación y en otros tiempo se utilizaba este hueco para subir por él el combustible de iluminación mediante un mecanismo de poleas. La alimentación de la luminaria ha ido cambiando con el tiempo, desde el aceite de oliva, a la parafina de Escocia y el petróleo, hasta que en diciembre de 1942 fue electrificado. Es un faro de destello y emite uno cada diez segundos. Su mecanismo óptico gira continuamente tanto de noche como de día para evitar que el sol, a través de las lentes de aumento lo queme. Es faro de primer orden y uno de los pocos que siguen habitados, su linterna es aeromarítima, esto es que su cubierta es de cristal y por tanto visible de noche para los aviones, tiene 3,5 metros de diámetro, y un alcance de 25 millas.

Cerca, en la boya del Perro, recalan los barcos que se dirigen al puerto de Sevilla para tomar práctico de dicho puerto que los dirija hasta el mismo por los 90 Km. que separan el océano de la capital de Andalucía.

Dejamos atrás este faro con aires de columna romana gigantesca y buscamos un puerto donde el faro nuevo y el viejo nos muestran el cambio de tiempos y estilos: Rota.

El antiguo, fuera de uso hoy en día, se encuentra incrustado en la antigua muralla, sobre la puerta que daba acceso al puerto y es obra de Rafael de la Cerda. El motivo de instalarlo en la misma muralla y no delante de ella fue para evitar que obstaculizase la línea de tiro de la batería Duque de Nájera, hoy convertida en algo más pacífico y civilizado como es un hotel.

Delante, a mitad de camino entre la muralla y el puerto está el faro nuevo, inaugurado en 1980. Es una torre de hormigón de 27 metros de altura cuyo único atractivo, si es que lo tiene, es una franja roja en la parte superior del fuste. Este, a diferencia del de Chipiona, es un faro de ocultación, esto significa que su luz se ve continuamente encendida y cada cierto tiempo se apaga, esta en concreto cada 4 segundos, y su alcance es de 16 millas.

Nos decepciona ver la falta de estética generalizada de las construcciones modernas donde lo único que prevalece es lo práctico y proseguimos nuestro camino hacia Cabo Roche, cerca de Conil, donde nos espera un faro que, a merced del Plan de Señales Marítimas de 1985/1989 se instaló sobre una torre vigía del siglo XVI, de las que jalonan la costa andaluza y que se utilizaban para avisar mediante humaredas de la presencia de piratas berberiscos.

En esta torre se realizó el primer ensayo y su resultado fue tan satisfactorio que se extendió a otras torres dando lugar a los faros de Punta Camarinal, Punta Carbonera, La Herradura y Castell de Ferro.

Es una torre cuadrada, con paredes en talud, mide casi 15 metros y la altura total del plano focal sobre el mar es de 45 metros los que, junto a la óptica sellada le da un alcance de 20 millas y emite uno más tres destellos cada 24 segundos.

Dejamos el faro y bajamos por la carretera que nos lleva al pequeño puerto de Conil, a los pies de la torre. A su entrada decenas de anclas apiñadas unas junto a otras dan una extraña sensación, ¿Qué hacen tantas anclas fuera del mar?

Hay, al otro lado del puerto, una explanada donde hay aparcadas otras autocaravanas, nos acercamos y decidimos hacer allí la primera noche del viaje. Se oye el romper de las olas y el alboroto de las gaviotas siguiendo a los barcos de pesca que están entrado. Se queda Lucía leyendo y yo me acerco a la lonja a ver la subasta del pescado. El tiempo de tomar un café en el bar de la lonja es suficiente para ver la sufrida vida de los marineros. Es triste ver como van cambiando la expresión de su cara, sus gestos, sus posturas, cuando la voz que canta los precios en una subasta a la baja no deja de decir cantidades cada vez más ridículas hasta que lo ofrecido casi no les da para pagar los gastos del barco. Duele verlos salir con la cabeza baja, sin decir palabra, y subir a su barco. Después más trabajo, limpiar, ordenar redes, repararlas… Viendo esto es difícil entender que el pescado cueste lo que cuesta, que el gobierno dé miles de millones a una banca que se jacta de los beneficios obtenidos en tiempo de crisis y ni siquiera mire a estos hombres.

Regreso con Lucía, el día ha sido soleado, pero apenas se ha puesto el sol ha venido el frío. Estamos pendientes del tiempo, en el norte y levante sigue nevando, de momento pasaremos aquí la noche y mañana seguiremos para Málaga.

3 comentarios:

TriniReina dijo...

Excepto el de Conil, al que no recuerdo, porque sí he estado allí, conozco todos estos faros.
Creo que los faros ejercen un efecto de imán para los ojos, sobre todos los ojos con preferencias por el soñar.

Un abrazo y espero el capítulo siguiente.

Abrazos

Deseo dijo...

Desde pequeño me han intrigado los faros, me imagino que al ser de tierra muy adentro los veia como algo onirico y algo hermetico, como poco fantastico.

Y me siguen llamando la misma atencion a pesar del tiempo transcurrido. He imaginado cientos de historias a lo largo del tempo.

Anónimo dijo...

Me alegra que hayas decidido terminar aquel viaje, es bonito y valiente, y para que te acompañe en este viaje, te presto una frase de O. preciosa:

No debe haber cerca del mar algo más perfecto, útil y hermoso que un faro mirando de frente al horizonte.

Suerte y un abrazo farero.

C.