25 de marzo de 2010

La ruta de los faros. 5ª etapa.


El fuerte viento que ha soplado toda la noche ha destrozado el plástico que cubría la bicicleta pero también se ha llevado la lluvia. Algunas de las calles de Santa Pola son auténticos ríos y puestos a buscarlos no encontramos sumideros por ningún sitio. Supongo que los habrá, pero se tiene la sensación de que el sistema de evacuación de aguas de las calles es por pura caída hacia el mar.

En Santa Pola queremos aprovechar una ocasión que no suele darse salvo que dispongas de un barco: ver el faro desde el lado del mar. Para ello buscamos la carretera que, a escasos metros de la costa, lleva a una urbanización llamada Casas del Cap. A nuestras espaldas el Mediterráneo, delante de nosotros un acantilado que forma una larga muralla y en lo alto, como un símbolo de triunfo, el faro. Mirándolo desde aqui prácticamente tan sólo se ve la linterna, pero la imagen además de bonita es original. Retornamos al pueblo y buscamos la carretera de Alicante para tomar poco después un desvío que nos lleva directamente al faro por una carretera de casi 4 km de longitud que es prácticamente una línea recta de principio a fin. Estamos sobre un acantilado coralino de 140 metros de altura que surgió del mar hace 6 millones de años. Desde aquí las vistas son extraordinarias.

El faro de Santa Pola se edificó en 1.858 sobre las ruinas de una torre vigía llamada la Atalayola y la torre es rectangular. Su linterna, de montantes verticales y óptica giratoria, fue traída de Marbella en 1.924 siendo automatizado totalmente en 1.984. Tiene un alcance de 16 millas y da un grupo de 2 destellos seguido de 1 destello cada 20 segundos.

Frente a los acantilados, a 5 kilómetros en línea recta, está la isla de Tabarca, una isla inmensamente llana donde sus tres cimas son la torre de la iglesia, la fortaleza de San José y el faro, que se inauguró el 1 de junio de 1.854 para señalizar tan peligrosa zona. Su torre es cuadrada, igual que la casa que rodea, de dos plantas ya que fue escuela de torreros entre 1.880 y 1.890. Este faro, en sus primeros años lo mantenían dos fareros o torreros y al ser considerado como infraestructura estatal estratégica contaba con armamento para su defensa.

Desde su puesta en marcha y hasta 1.901 no se produjo ningún naufragio en la zona, pero entre 1.914 y 1.918 fueron muchos los barcos que terminaron encallando en la isla y sus cercanías, ello obligó a una mejora del sistema de iluminación del faro con la que las condiciones de seguridad aumentaron considerablemente. En agosto de 1.927 se automatiza y se va suprimiendo progresivamente el trabajo de sus fareros hasta que en 1.943 lo abandonan definitivamente. Este abandono hizo que el edificio se deteriorase rápidamente y acabase en condiciones ruinosas hasta que en 1.971 se levantó una torre de hormigón a su lado para sustituirlo, afortunadamente se derribó en 1.988 y se rehabilitó el antiguo faro. Hoy en día su alcance es de 15 millas con 2 ocultaciones cada 10 segundos.

Volviendo a la carretera de Alicante por la recta de 4 kilómetros el tiempo vuelve a cambiar, amenaza lluvia y el día vuelve a ponerse gris y frío pero de momento se mantiene.

A Martita le hemos dado la dirección más cercana al siguiente faro que se encuentra en el cabo de las Huertas, a las afueras de Alicante y nos lleva hasta la misma verja de entrada. La calle no puede tener un nombre más lógico: Camino del Faro. Tiene el edificio una valla a su alrededor que parece protegerlo del crecimiento urbanístico que lo rodea cada vez más de cerca. El nombre del cabo (cabo de las Huertas) le viene porque en sus tiempos era lo único que había en la zona: huertas; hoy en día su aspecto es muy diferente de lo que debió ser por aquel entonces.

Este cabo no es un acantilado como hemos visto en otros sitios, Santa Pola por ejemplo, que está a menos de 30 kilómetros, sino que son como lenguas de roca casi lisa que se arrastran y se pierden en el mar.

En 1.856 se construye sobre una antigua torre vigía el primer faro al que 22 años más tarde se le añade en su base una vivienda para el farero. En la actualidad de todo aquello no queda nada y el faro que hoy vemos es una torre cilíndrica de hormigón levantada en 1.980 que tiene un alcance de 14 millas y da 5 destellos cada 23 segundos.

Algunas veces las personas tienen acierto a la hora de poner nombres a las cosas. En L`Alfas del Pi hay una calle llamada de Neptuno que termina a las afueras del pueblo en un buen aparcamiento; de él parte un camino de 2´5 km de longitud llamado Camí Vell del Far. Y ciertamente el camino que fue carretera de acceso al faro de la Punta del Albir y hoy es peatonal es realmente bello. Teníamos miedo a que el mal tiempo nos impidiera hacer este camino y perdernos uno de los paisajes más hermosos del recorrido, pero hoy los dioses se muestran generosos y despejan el cielo durante un par de horas.

El camino va serpenteando con unas vistas preciosas, tiene alguna subida pero se hace muy bien. Al final una valla pretende cortar el acceso, pero es algo que solamente da resultado con los extranjeros, los españoles, uno tras otro, nos metemos por un roto de la alambrada y llegamos, ante la mirada de asombro de algunos de fuera, al mismísimo faro que, de haberlo intentado construir 5 metros más adelante, se les hubiese caído directamente al mar desde lo alto del acantilado. Es una satisfacción asomarse a este balcón al vacío y echar mano de los prismáticos para ver mucho más cerca el peñón de Ifach.

El faro data de 1.863 y son 4 décadas las que lleva deshabitado, fue diseñado por alguien con nombre flamenco: Antonio Molina. Su actual linterna se colocó en 1.921 y fue uno de los primeros faros que se automatizaron en España; hoy su luz se la regala el sol a través de unas placas solares. El alcance es de 15 millas con 3 destellos cada 27 segundos.

Unos cuantos kilómetros antes de llegar al faro del Cabo de la Nao la carretera está continuamente escoltada a derecha e izquierda por una urbanización tras otra; y así hasta el faro que, de no ser por la torre, parecería una parcela más. Aparcamos en una plaza justo delante del faro y echamos un vistazo. Las vistas desde la cancela son ridículas, pero a pocos metros del faro hay un restaurante fundado hace años por un farero y que permanece cerrado en esta época del año. Tiene una terraza que da al mar con unas vistas alucinantes, comer aqui debe ser una gozada.

Tiene este faro una torre octogonal y 26 metros de altura. Para distinguirlo de día de los faros de torre circular de Punta del Albir y San Antonio, este faro tiene las aristas de obra vista. Posee otra particularidad no muy frecuente entre los faros españoles: es un faro de sector; esto significa que parte de su linterna está apantallada (tapada para que desde determinada zona no pueda verse su luz), de no ser así los barcos que navegan por la bahía de Jávea, al seguir la luz del faro, embarrancarían. El apantallamiento hace que no sea hasta doblar el cabo San Martín cuando los barcos ven el haz luminoso. Su alcance es de 23 millas y ofrece 1 destello cada 5 segundos.

Lucía ha almorzado poco, está algo pachucha pero no dice que le pasa (supongo que la noche anterior no ha dormido nada y le duele la cabeza) y no tiene muchas ganas de ver más la zona, así que en cuanto terminamos de comer le damos al navegador la siguiente meta: Carretera del cap de Sant Antoni, Jávea.

Poco antes de llegar a esta localidad los dioses deciden que ya está bien de sol y comienza a llover; Martita nos guía a través de Jávea. Cuando comenzamos a subir por la carretera de Denia la lluvia se convierte en una granizada tremenda que cubre el asfalto y hace que la autocaravana pierda estabilidad por momentos. La visibilidad es pésima, las luces de los que vienen de frente se reflejan en el manto de granizos (no queda un centímetro de negro en la carretera) y las ruedas pierden tracción de una manera alarmante. Lucía, menos mal, va echada en la cama y no está viendo lo complicado de la situación y Candela está asustada con el ruido y va y viene continuamente. Al final todo pasa y llegamos al faro de San Antonio con una lluvia que aunque no es fuerte sí es lo suficiente como para obligarnos a verlo desde la autocaravana.

La luz de este faro se eleva 175 metros sobre el nivel del mar y su alcance es de 26 millas dando 4 destellos cada 20 segundos. Este cabo de San Antonio junto al de Creus son los más expuestos del Mediterráneo a los temporales, tanto es así que hubo que suprimir la estación meteorológica que había en este cabo porque los rayos fulminaban continuamente todo, de hecho el faro del Cabo de San Antonio fue el primer faro español en el que se instaló una jaula de Faraday, que aísla los campos electromagnéticos.

El mal tiempo amaina un poco y ponemos rumbo a Cullera donde tenemos un cita con Lourdes, Raul y su hija Pau. Son unas personas encantadoras (internet también da cosas buenas como conocerles a ellos). Es una pena que Lucía esté con un dolor de cabeza tremendo. Se ha quedado intentando dormir un poco y yo he salido con ellos a dar una vuelta y a tomar un café. También nos hemos acercado al faro que está muy cerca de donde hemos aparcado y nos hemos hecho unas fotos de recuerdo. Lourdes quiere ver la posibilidad de visitarlo, pero un letrero tan grande como claro colocado en la valla le quita las ganas: Faro habitado, no visitable.

Es una pena que Lucía esté así y no haya conocido a Pau más que de un breve saludo a la hora de irse, tienen muchas cosas en común, se hubiesen llevado bien. Al final nos han regalado limones y un montón de naranjas que nos han traído. Cuando se marchan, y a pesar de ser la primera vez que los he visto, me queda la sensación de despedirme de unos amigos de toda la vida.













4 comentarios:

jaj...yo también fui joven! dijo...

Farero, me encanta este viaje...un navegante solitario me ha recomendado la lectura de un libro: El pintor de Batallas...lo has leído? Te lo recomiendo. Transcurre en un faro, un ex fotógrafo de guerra, pintando un mural dentro de él, la gran batalla!!!
Te va a gustar.
Salud!

El viejo farero dijo...

Me alegra que el viaje que narro te guste, la verdad es que fue algo maravilloso, un sueño hecho realidad. Referente al libro del que me hablas prometo buscarlo y leerlo.

Un saludo desde Andalucía.

Anónimo dijo...

Desde luego no me estas defraudando nada con tu ruta por los faros, espero un nuevo episodio para leer lo que describes de ello.
Gracias por acordarte de nosotros, ya sabes lo que escribimos en esta ventana da mucho de si y siempre no es para malo, yo contigo encontrè un buen amigo.

Lourdes

El viejo farero dijo...

Una de las muchas cosas buenas que me pasó en ese viaje fue conoceros en persona. Tarde o temprano volveremos a pasear y a tomar café. Un beso para ti y para Pau y un abrazo para Raul.