30 de marzo de 2010

La ruta de los faros. 6ª etapa.


Lucía ha pasado una noche mucho más tranquila que la anterior, ha dormido y descansado y se ha levantado como nueva. El tiempo parece querer unirse a este buen ambiente y ha amanecido un día totalmente soleado. Después de desayunar nos acercamos a ver el faro que fue construido en 1.858. Su torre no tiene mucha altura y es circular. Este tipo de edificación es habitual para combatir mejor el envite de las olas o de los vientos, por lo que en este lugar resulta un tanto extraño ya que es un rincón muy apacible.

En 1.919 un estudio de habitabilidad determinó, en función de los metros cúbicos por persona, hacinamiento, por lo que se procedió a la construcción del pabellón norte y en 1.945 otro al lado opuesto y llamado pabellón sur, ambos rectangulares y simétricos. Este faro tiene un alcance de 25 millas y da 3 destellos cada 20 segundos.

Volvemos a la carretera, pasamos por Valencia y seguimos camino hasta Canet d`En Berenguer. Este faro, a primera vista, recuerda al de Chipiona con su torre cilíndrica de cantería, pero a diferencia de aquel éste no está a orillas del mar sino 360 metros tierra dentro, en un parque y rodeado de casas. Una ubicación realmente original para un faro. Comenzó a funcionar en 1.904 y a esta distancia de la costa y casi la misma del río Palancia es donde se supone que encontraron el primer terreno suficientemente sólido para cimentar este faro de 33 metros de altura. Hasta 1.998 estaba rodeado de huertas de naranjos que hoy en día se han convertido en ladrillos, cemento y asfalto. Su alcance es de 23 millas y ofrece 2 destellos cada 10 segundos.

Nules es un pueblo que estando a 5 kilómetros de la costa puede presumir de tener faro. Está en El Grau de Nules y es uno de los más modernos de España pues comenzó a funcionar en 1.995 y es un diseño de la arquitecta Blanca Lleó. Tiene la misma altura que el de Canet, 33 metros, pero su imagen es radicalmente distinta: si aquel es un típico faro del siglo XIX éste rompe con todo y tiene una imagen moderna asemejándose a esas torres que hay en algunos parques de bomberos.

Al estar construido en la misma playa el faro hubo que cimentarlo sobre pilotes de más de 20 metros de profundidad. Su fuste es de sección cuadrada y en sus puertas y ventanas se utilizó el acero inoxidable. Arriba luce una óptica de horizonte y los elementos de remate son de cobre. A tres cuartas partes de su altura, en la cara que mira al mar, un balcón que parece suspendido en el aire se asoma al vacío. La arquitecta quiso darle un uso añadido al faro y poner en él un ascensor y un mirador, pero por razones de mantenimiento del elevador y temas de seguridad del mirador la idea fue descartada. La torre posee unos vanos sin cristal que dan la sensación de ser pajareras; curiosamente tanto palomas como rapaces lo utilizan para pasar la noche. Tiene un alcance de 14 millas y dos ocultaciones cada 11 segundos.

En lugar de volver a la nacional decidimos recorrer la calle central del Grau para buscar una panadería pero es enero y no hay ni un solo negocio abierto; habrá que buscar más adelante y el lugar es Castellón; entre la capital y el puerto, por la avenida del Mar volvemos a cruzar esa línea imaginaria inventada por los hombres y que divide al mundo en dos partes llamadas Este y Oeste uniendo el Polo Norte con el Polo Sur: el meridiano de Greenwich. Durante unos segundos en el navegador las coordenadas de longitud se compone solamente de ceros.

Algunas personas, como los maestros, a pesar de jubilarse y no trabajar ya en ello siguen siendo maestros. A los faros les ocurre algo parecido y el de Castellón, a pesar de no iluminar desde 1.971 ya el camino a barco alguno sigue siendo un faro. Estuvo en el extremo del dique del puerto durante 54 años hasta que fue sustituido por la actual torre normalizada. Ahora, retirado, imita a los abuelos y tomando el sol en un paseo delante del puerto mira, con su cúpula de bronce, a la gente pasear. Hasta le han puesto delante unas esculturas de unos críos jugando a piola para que se sienta más abuelo si cabe y su luz, más tenue y fuera de foco, aun sigue luciendo.

Seguimos hacia Oropesa del Mar y teniendo en cuenta la hora que es decidimos comer alli. Martita nos lleva hasta un aparcamiento que hay justo delante del faro. El sitio es ideal, nos rodean la Torre del Rey, impresionante construcción defensiva de 1.534 , el mar y el faro, de 1.857. Su linterna está apantallada para no molestar a los vecinos y al igual que la óptica fue instalada en 1.970, tiene un alcance de 21 millas y da 3 destellos cada 15 segundos.

El faro de Irta, en Alcossebre, es otro de esos nuevos, modernos, con un diseño muy particular. Para llegar a él Martita nos ha paseado por todas las calles de una urbanización para al final dejarnos donde se termina el asfalto. Aqui preguntamos a una pareja que sale de una casa, son extranjeros y hablan una mezcla de inglés, italiano y español, pero consiguen explicarnos el camino al faro que resulta ser un bonito paseo por la misma orilla del mar. El faro es obra de otra arquitecta: Rita Lorite, y es de planta cuadrada cuyas diagonales coinciden con los puntos cardinales. Arriba, a más de 30 metros de altura tiene una plataforma volada en forma de trapecio irregular sobre la que se encuentra la óptica, más propia de baliza que de faro, formada por dos grupos de leds blancos de 50 vatios en total alimentados con células fotovoltaicas. Tiene un ascensor pero, como es normal en los faros que lo poseen, no funciona. Su alcance es de 14 millas y da 4 destellos cada 18 segundos.

Mientras regresamos al aparcamiento hacemos una competición a ver quien encuentra la piedra o la concha más original, lógicamente me gana Lucía. Hay muchísimo romero en las alambradas que delimitan el camino y cogemos un poco que vamos a usar como ambientador natural.

De vuelta en la autocaravana vemos el mapa, la hoja de ruta y las distancias y decidimos seguir hasta Peñíscola y hacer noche alli. En el puerto encontramos un buen sitio para ello junto a otras 15 autocaravanas todas extrajeras. Salimos a ver el pueblo y buscar el faro, se está levantando un aire frío que estropea un poco esta tarde soleada que tiene una luz preciosa.

Peñíscola es un lugar realmente bonito, nos dejamos perder un poco por sus calles, hago unas cuantas de fotografías, vemos el mar, el puerto, compramos un par de tarjetas para enviar a Sevilla y nos explican el camino hasta el faro que está a los pies del castillo del Papa Luna. Por estas mismas calles anduvo hace casi 40 años Charlton Heston a las órdenes de Anthony Mann mientras rodaban El Cid, pero ésta no fue la primera vez que las cámaras usaban Peñíscola como escenario para una película: en 1.956 Berlanga situó aqui su Calabuch, en ella José Isbert era un viejo farero que jugaba al ajedrez por teléfono con el cura, uno en el faro, otro en la iglesia.

El faro es de 1.889 y se encuentra literalmente a los pies del castillo, no llega a los 10 metros de altura, salvo desde el mar es casi imposible verlo en su totalidad, en cambio su alcance es de 23 millas y da 1 destello seguido de un grupo de 2 cada 15 segundos. A pesar de no ser alto y estar encerrado entre casas formando parte del pueblo el faro de Peñíscola tiene un encanto innegable. El mejor lugar para verlo es desde la entrada al Castillo, pero 5 metros antes está la taquilla y hemos llegado 5 minutos antes de su cierre y no nos dejan entrar. Dicen que hablando se entiende la gente y eso es lo que sucede, hablamos con los vigilantes y al final acceden a que pasemos un momento para hacer las fotos al faro. La imagen me encanta, la luz, los colores, la textura... tanto que esa es la fotografía pequeña que hay bajo la bandera andaluza, a la izquierda de esta pantalla, en mi perfil.

Bajamos hacia el puerto sin rumbo fijo, en lugares como éste perderse no es un problema sino una delicia; Cerca de la lonja una señora vende galeras, nos acercamos a ver y al final me vende un kilo por un euro; la excusa de no saber cómo hacerlas me la tira por tierra cuando me da su receta, tan sencilla como sabrosa.

Se inunda de olor a mar la autocaravana cuando las hago, Lucía se niega en redondo a probarlas y dice que parecen bichos de una película de ciencia ficción. La noche se presenta fría y en cuanto hemos regresado hemos puesto la calefacción.








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