11 de abril de 2010

La ruta de los faros. 8ª etapa.


La noche ha sido de total tranquilidad y la mañana nos amanece con un sol radiante. Mientras desayunamos oímos las noticias del tiempo; de momento no nos preocupa.

Cuando bajamos a Tossa de Mar encontramos a la entrada la estación de autobuses que tiene un aparcamiento grande y cómodo de usar; las medidas de la autocaravana nos obligan a buscar por sistema una zona amplía donde dejarla antes de complicarnos por las calles de los pueblos.

Nos dirigimos a la parte vieja del pueblo llamada Vila Vella. Son calles estrechas, sin tráfico y con casas antiguas con paredes de piedra. Es una zona muy bonita y vamos haciendo fotos a cada paso. La subida al faro es un camino precioso desde el que vemos una pequeña calita que en verano debe ser un hervidero de gente y que en este tiempo es un lugar donde descansan algunas barcas de pesca. Cruzamos la muralla y camino del faro nos encontramos una estatua a tamaño natural de Ava Gadner hecha en bronce y que, curiosamente, tiene un brillo especial en sus pechos debido a "las caricias" de quienes se acercan a ella. La figura es en recuerdo al rodaje en estas tierras de la película de Albert Lewin Pandora y el holandés errante. a visitar a la artista vino su pareja Frank Sinatra movido por los rumores de un romance entre la Gadner y el torero Mario Cabré.

El paisaje ha ido cambiando poco a poco y ahora, en plena Costa Brava, los acantilados con sus pinos y sus rocas son una constante y la ubicación de los faros un regalo a todos los sentidos.

Encontramos un banco y una piedra de molino que hace las veces de mesa. Cuentan que es obra de Abraham Canals, hombre que no logró hacer fortuna en el Nuevo Mundo y utilizaba este lugar para sentarse a ver la salida de los barcos que iban a América. La ironía mordaz y dañina de algunos bautizó el sitio como el chalet de Abraham.

En la cumbre del Cabo de Oro (llamado así por el amarillo de la retama que en otros tiempos lo cubría) se encuentra el faro, cuadrangular y pintado en blanco y tonos grises tiene el carácter sobrio de 1.929. La torre, también cuadrada, emerge del centro de la azotea y eleva su plano focal 70 metros sobre las aguas del Mediterráneo. Su alcance es de 22 millas y ofrece un grupo de 3 destellos seguido de 1 cada 20 segundos.

Volvemos a perdernos por las calles de la Vila Vella como ya lo hicimos por las calles de Peñíscola y poco a poco regresamos a la autocaravana para seguir hacia Palafrugell donde queremos ver el faro de Sant Sebastiá.

Seguimos el camino que Martita nos marca y aparcamos en la plaza del Promontori, en Llafranc, a escasos metros de una playa que no tiene más de 300 metros de larga y en cuyo extremo izquierdo según miramos hacia el mar se encuentra un puertecito. Tenemos idea de por donde queda el faro, pero preferimos preguntar a alguien y ahorrarnos posibles vueltas sin sentido; y a quien preguntamos es a un señor que muy amablemente nos explica además del camino algunas cosas del pueblo y nos advierte de que la subida es preciosa pero una paliza si no se está acostumbrado: es el delegado de cultura.

Pocas veces una subida podrá ser mejor definida. Pasando el pequeño puerto subimos unas escaleras que nos llevan a la carretera que sube al faro. Después 1.200 metros que se hacen eternos y durante los que subimos 150 metros; para quien guste de los números es una subida con un desnivel medio constante del 12,5 %. El camino y las vistas son espectaculares, pero de eso nos damos cuenta a la bajada, mientras subimos nuestros ojos solamente buscan una cosa: el final de la carretera. Cuando llegamos ante el faro ni una palabra, mejor descansar y recuperar el aliento.

"El faro de San Sebastián se enciende y los rayos de luz dan la vuelta en medio de una soledad majestuosa" escribiría Josep Pla en sus Historias del Ampurdán. Junto al faro un hotel ocupa una hospedería del siglo XVIII en la que, según cuentan, se situó la primera señal marítima en forma de lamparilla colocada en una ventana. El aparato óptico que alumbró entre 1.924 y 1.966 procedía de Ceuta y en la actualidad se expone, al igual que otros, en el Museo Marítimo de Barcelona. La actual linterna es aeromarítima y su óptica está formada por cuatro paneles catadióptricos cuya maquinaria gira constantemente, ofrece un destello cada 5 segundos y con sus 32 millas es el faro con mayor alcance de la costa mediterránea española viéndose sus destellos al poco tiempo de salir del puerto de Mallorca.

La bajada, aunque diferente, es otra paliza porque tenemos que ir frenando continuamente el peso del cuerpo. Imposible describir la alegría que ha sido llegar al nivel del mar y sentarnos en la playa a relajar las piernas antes de volver a la autocaravana.

En Roses la historia es completamente diferente: El faro está a pie de carretera y tenemos un aparcamiento que pertenece a unos apartamentos a pocos metros de él. Martita nos ha hecho pasar antes de llegar al puerto por las puertas del que supuestamente es el mejor restaurante del mundo: EL Bulli. Nosotros no tenemos sus platos (ni sus precios) pero tenemos mejores vistas. Estamos comiendo con el blanco faro a pocos metros de nosotros, detrás un mar inmensamente azul y a lo lejos los Pirineos cubiertos de nieve. ¿Que restaurante puede ofrecer este paisaje hoy y mañana las mismas montañas vistas desde el lado francés?

Sobre la casa, de 1.864 y de planta rectangular, se alza una pequeña torre cilíndrica a la que remata una linterna y óptica de horizonte instaladas en 2.002 que tienen un alcance de 12 millas y un grupo de 4 ocultaciones cada 15 segundos. El faro es pequeño pero con su color blanco destaca sobre el fondo azul del mar y queda precioso.

En época medieval Roses ya tenía faro y era una torre situada donde hoy en día están los restos del castillo de La Trinidad, cercanos al actual faro y que servía para guiar a la navegación costera y para vigilar la llegada de posibles piratas. En 1.544 se construye el castillo que durante 300 años ocupó el espacio donde estaba el faro y que fue destruido durante la guerra contra Francia de 1.794 a 1.796 y después durante la Guerra de la Independencia entre 1.808 y 1.814. A partir de entonces y hasta la construcción del actual en 1.964 se encendió en las ruinas del castillo un fuego permanente que hacía las funciones básicas de un faro.

Después de comer y dar un paseo tranquilamente junto al faro ponemos rumbo al pueblo donde pasaremos la última noche en tierras catalanas: Cadaqués. Martita nos lleva por una carretera del interior y a medida que nos acercamos me vienen a la cabeza recuerdos de un viaje que nunca llegó a suceder, de un viaje que jamás se hizo y de una noche que nunca pasé aquí, pero la imagen de las casas blancas junto al mar me trae a la realidad y a la primera necesidad en este viaje cuando llegamos a un pueblo: Buscar un sitio sin complicaciones para la autocaravana; y lo encontramos en un buen aparcamiento que hay a la entrada del pueblo y en el que se encuentran otras 4 más. Es de pago, pero en estos días de invierno su uso es gratuito. ¿Nos habremos salido ya de Cataluña y no nos hemos enterado?

Aun quedan 2 horas de sol y decido acercarme andando al faro de Cala Nans. El camino sale del pueblo y tiene 3 kilómetros, así que se supone que hay tiempo de hacerlo antes de que anochezca pero por si acaso me llevo la linterna y mi inseparable cámara de fotos. El camino es en buena parte cuesta arriba y las piernas después de la paliza del de San Sebastián no están para mucha caminata de este tipo. La tarde se pone fría y la tramontana sopla con fuerza haciéndola tremendamente desagradable. Decido ver el faro desde poco menos de 1 kilómetro con el teleobjetivo de la cámara y hacerle desde aquí mismo unas cuantas fotos. Es un faro pequeño, prácticamente igual que el de Tossa de Mar. Éste se edificó en 1.874 y hace unos años, en 1.982, quisieron demolerlo para poner en su lugar una torre nueva, pero la tajante oposición de los vecinos lo impidió por lo que el faro fue completamente rehabilitado. Hoy en día su alcance es de 8 millas.

Regreso antes de que se haga de noche y después de descansar un rato salimos a dar un paseo por el pueblo. La vedad es que al menos para mi Cadaqués es más el nombre que lo que es en sí; en esta ruta hemos visto pueblos menos famosos (algunos cerca de aqui) y mucho más bonitos. Buscamos por sus calles algo que merezca realmente la pena y al final obtenemos la recompensa. En la calle de la Iglesia hay un taller de fotografía, está cerrado, pero las luces están encendidas y a través de los cristales se ven docenas de fotos, muchas de ellas en blanco y negro. Su dueño nos ve y nos invita a entrar; nos cuenta que tiene más de 100.000 fotografías y más de 20.000 diapositivas, nos enseña decenas de cajones con miles y miles de negativos ordenados perfectamente por fecha. Lleva haciendo fotos desde 1.946 aunque en realidad era carpintero y tuvo una carpintería que daba trabajo a un buen puñado de hombres. Hemos charlado durante un buen rato, nos ha hablado de Salvador Dalí y nos ha enseñado fotos suyas; le hemos contado el viaje que estamos haciendo y le ha parecido una maravilla; al final nos ha regalado un cartel del pueblo para que lo recordemos, pero personas así se recuerdan sin necesidad de cosas físicas, personas como Joan Vehí se recuerdan por sí solas.

Es hora de descansar, el día ha sido movidito y mañana toca uno de los faros míticos de este país: Cabo de Creus, y después atravesar el sur de Francia camino de la costa vasca.









6 comentarios:

osane dijo...

Bueno veo que ya llegaste a mi tierra. Que maravilla esa costa, esos pueblos, Cadaqués que preciosidad.

Tienes en mi blog un regalito bien merecido, por tu libertad de expresión, tu transparencia y la forma de asumir causas.
Un beso amigo.

El viejo farero dijo...

Muchísimas gracias por el regalo, me paso a recogerlo, aunque hace ya tiempo que no pongo aquí nada llamado "premio" por varias razones, una de ellas que no puedo cumplir las condiciones que suelen requerir para aceptarlos, como, por ejemplo, darlo a otros 15 blogs; de todos modos te lo agradezco enormemente y si no tienes inconveniente de momento me lo quedo y lo guardo en la vitrina de los regalos.

Un beso Osane.

Allende dijo...

Es un deleite acompañarte con la imaginación en cada una de las etapas de tu ruta, los datos, detalles y características de todos ellos, tu andadura por los pueblos donde se encuentran, las anécdotas q te cuentan y nos trasmites, hace q siga leyéndolos con interés y de alguna manera, sintiéndome partícipe de tu aventura. Un saludo.

Anónimo dijo...

Sólo quiero decir lo que es un gran blog ha llegado hasta aquí! He estado alrededor durante bastante tiempo, pero finalmente decidió mostrar mi aprecio por vuestro trabajo! Pulgar hacia arriba, y mantenerlo en marcha!

Anónimo dijo...

Acabo de añadir a su página web a mis favoritos. Me gusta leer sus mensajes. Gracias!

Anónimo dijo...

Finalmente, conseguí lo que estaba buscando! Sin duda disfrutando cada pedacito de ella. Me alegro de haber tropezado con este artículo! sonrisa Yo los he salvado de ver cosas nuevas lo que escribes.