8 de mayo de 2010

La ruta de los faros. 10ª etapa.


Cuando organizamos las etapas dejamos 2 días para descansar: uno era hoy, después del tirón fuerte de kilómetros de ayer y el otro cuando llegásemos a La Coruña, pero desayunando Lucía dice que prefiere seguir viendo cosas; hemos descansado bien y el tiempo a partir de mañana amenaza con complicarse y es probable que nos haga perder algún día, así que ahora que aun es bueno deberíamos aprovechar y seguir viendo faros. Dicho y hecho: Camino al faro del cabo Higuer.

Desde Irún al faro el camino nos ofrece una bonita vista de la playa y el puerto de Hondarribia que va quedando a los pies de la carretera; el día está frío y desapacible, pero no parece que vaya a llover.

A este faro de Higuer es muy fácil llegar pues la carretera pasa justo delante de él. Frente a su puerta un aparcamiento permite verlo de una manera tan cómoda como poco habitual en los faros.

El primero se construyó en 1.855, pero hasta entonces los marineros de Hondarribia encendían en este lugar una luz fija, blanca, de lámpara de aceite que tenía un alcance de 7 millas en noches de buen tiempo. Después, durante las Guerras Carlistas, el faro fue destruido en al año 1.874 y dos años más tarde se proyecta uno nuevo a 150 metros de las ruinas del anterior y que comenzó a funcionar en 1.881 también con lámpara de aceite pero con un alcance de 16 millas. En 1.905 es sustituida por una de petróleo hasta que en 1.937 es electrificado. Su torre tiene 21 metros de altura siendo el más alto de los faros del País Vasco, pero su situación en un acantilado eleva su luz a 65 metros sobre el nivel del mar. Su arquitectura es diferente del resto de los faros vascos pues cuando se construyó se le quiso dar cierto parecido a los faros franceses puesto que éste es el primero que los marineros que venían de aquellas aguas se encontraban al entrar en las españolas. La parte inferior es cuadrada y de la azotea que forma arranca otro tramo esta vez de forma octogonal rematado por una linterna aeromarítima de un color rojo precioso.

En el terreno que hay delante de la casa el farero tiene un huerto bonito y bien cuidado que le da cierto aire de independencia y aislamiento. En cambio, si lo rodeamos, vemos a sus espaldas un Cantábrico un poco agitado que estrella una y otra ola contra los acantilados. Actualmente el faro tiene un alcance de 23 millas y da 2 destellos cada 10 segundos.

Pasajes, la siguiente parada, imita a los hipermercados y nos ofrece dos faros por el precio de uno. O casi. Nos metemos por la margen derecha de la ría y cuando queremos darnos cuenta la calle se complica y se vuelve demasiado estrecha y no hay modo de seguir. Montamos un poco de lío y de atasco, pero al final damos la vuelta y retrocedemos hasta un aparcamiento donde dejamos la autocaravana.

Pasajes es un lugar precioso al que solamente le sobran fotos de presos etarras. Damos un paseo junto a la ría y a la vuelta encontramos un embarcadero que nos habían comentado y del que zarpa una barquita que te lleva a la otra orilla. Lucía no está por la labor de cruzar y darse después una caminata hasta los faros, prefiere volver a la autocaravana y ver la tele o escuchar música en su mp 3.

Siguiendo la ría camino del mar, ahora por su margen izquierda, se pasa junto a una vieja draga llamada Jaizkibel abandonada en una especie de pequeños astilleros y que dicen espera ser rehabilitada; después comienza un camino cada vez más estrecho que sube por la ladera del monte hasta el faro (técnicamente es baliza al tener solamente 6 millas de alcance) de Senokozulúa, construido en 1.909 y que estuvo habitado hasta 1.986 dada su importancia para orientar en la entrada a la ría. Es un edificio pequeño de torre octogonal cuya primera impresión es desalentadora después de lo que se lleva subido. La única opción válida es seguir subiendo hasta salir a la carretera e ir al faro de la Plata.

La primera imagen que se viene a la cabeza al ver este faro es la de un pequeño castillo blanco con dos torreones pintados de color gris perla y al que cambiaron su torre del homenaje por una linterna farera. Su nombre le viene de la peña en la que reposa y de la que se dice que, dependiendo de la luz, algunas veces vista desde el mar brilla como la plata. A pesar de su edificio de 3 plantas los marineros solamente ven su linterna ya que por su fachada norte, la que mira al Cantábrico, está adosado a la roca y su torre se encuentra sobre una terraza labrada en la misma piedra.

El faro fue construido en 1.885 y es de recalada (indica la entrada a un puerto) a la ría de Pasajes, tiene un alcance de 13 millas con un grupo de 3 destellos cada 4 segundos.

De regreso al puerto impresiona el revuelo de las gaviotas que sobrevuelan la ría formando un espectáculo que te obliga a detener la marcha una y otra vez para observarlo.

El siguiente faro en los mapas es el del Monte Igueldo, pero teniendo en cuenta que el verano pasado lo estuvimos viendo cuando íbamos camino de Francia decidimos pasarlo y dirigirnos a Getaria donde nació Juan Sebastián de Elcano, que tras la muerte de Fernando de Magallanes se puso al mando de la primera expedición que dio la vuelta al mundo. Teniendo España cientos de puertos marineros tan gloriosa expedición zarpó del puerto de Sevilla el 10 de agosto de 1.519 con 5 naves y culminó su hazaña atracando el 6 de septiembre de 1.522 con tan sólo una embarcación y 18 hombres en el puerto de Sanlúcar de Barrameda. Comienzo y fin de la primera vuelta al mundo en un río, el Guadalquivir; algo tendrá el agua cuando la bendicen.

El faro de Getaria está situado en lo que en otros tiempos fue la isla de San Antón a la que se accedía a pie aprovechando la bajamar. El monte que forma y que le da nombre y al que llaman "el ratón de Getaria" se confundía con los que hay detrás del pueblo siendo la causa de más de un naufragio. En 1.813 durante la Guerra de la Independencia es destruido el farol primitivo que orientaba a los barcos. En 1.847 se aprueba la construcción de uno nuevo que comienza a funcionar el 31 de diciembre de ese mismo año emitiendo una luz fija de color rojo.

Durante la Segunda Guerra Carlista el monte es bombardeado con la intención de eliminar la luz del faro que guiaba a las embarcaciones que arribaban a la sitiada Getaria. Cuentan que el farero siguió en su puesto y ocultaba los paneles de la linterna que daban al enemigo y que cada día guardaba en lugar seguro la lámpara y el aparato óptico para evitar que lo destruyesen. De esta manera el faro de Getaria no dejó de funcionar ni una sola noche durante la contienda.

Mientras se reparaba el edificio y para evitar que se interrumpiese el servicio se construye junto al solar de la vieja ermita un torreón de 1,70 metros de altura que aloja provisionalmente el aparato óptico siendo electrificado en 1.938. Más tarde la torre se recrece casi 3 metros para cubrir un ángulo muerto situando hoy su plano focal a 93 metros sobre el nivel del mar con un alcance de 21 millas y ofreciendo 4 destellos cada 15 segundos. Cerca del faro y en el mismo monte aun quedan los restos de un edificio destinado a observar el paso de las ballenas.

Seguimos la carretera que bordea el mar y nos dirigimos hasta Zumaia donde nos espera un faro blanco con la linterna pintada de azul marino al estilo de los barcos pesqueros de este puerto. Lo encontramos al final de un bonito paseo que acompaña al río Urola hasta su desembocadura en el mar. El cerro donde se encuentra el faro, al igual que el de San Antón en Getaria, fue isla a la que se accedía a pie con la bajamar.

La torre, de 1.870, es de forma octogonal y su linterna de horizonte con un mecanismo óptico de ocultaciones tiene un alcance de 12 millas con una ocultación seguida de un grupo de 3 cada 12 segundos.

Avanzamos un poco más por la carretera llena de curvas que imita la línea costera. Con la autocaravana este tipo de carreteras se hace pesado pues hay que ir despacio y frenando suavemente de manera continua, pero el paisaje es precioso y compensa.

El próximo faro es el de Lekeitio, pero empieza a hacerse un poco tarde y buscamos un lugar donde aparcar y pasar la noche. Lo encontramos en el puerto, un lugar en el que suele estar prohibido el acceso a vehículos ajenos al mismo, sobre todo autocaravanas, pero en esta época del año hay muy pocas por no decir ninguna y muchas veces es el único sitio donde se puede aparcar sin demasiados problemas.

El mar está cada vez más agitado y la policía local tiene acotada una parte del dique para evitar problemas porque las olas rompen contra él y lo sobrepasan unos cuantos metros. Hay mucha gente haciendo fotos, algunos a chiquillos que ponen delante y esperan a que las olas rompan detrás de ellos.

Mañana comenzaremos el día visitando el faro que está a un par de kilómetros, ahora toca dar un paseo por Lekeitio, comprar algunas cosillas de comida que se han terminado y después a cenar y a dormirse oyendo las olas contra el dique.

8 comentarios:

osane dijo...

Por ahí me gustaría a mi estar hoy.
Que preciosa es Euskadi.
Feliz domingo Farero. Un beso

Ŧirєηzє ♥ dijo...

Suena a gloria eso de dormirse escuchando al solas...
que bonito...
que interesante poder vivir esta experiencia aunke sea a treves de las vivencias que nos cuentas...
encantada de leerte...
un saludo...

El viejo farero dijo...

OSANE: Si que es un sitio bonito y la inmensa mayoría de su gente un encanto. Lo único malo que tiene (visto desde Sevilla) es lo lejos que está.
Un beso, y espero que la vida te sonría de vez en cuando.

FIRENZE: Realmente es una delicia dormirse escuchando el mar. Igual de bonito que este viaje inolvidable. Gracias por tu visita, otro saludo para ti.

Sakkarah dijo...

Es un faro precioso...

Un bso enorme con mucho cariño.

El viejo farero dijo...

Si que es bonito; es el del cabo Higuer, el primero de los vascos entrando desde Francia.

Un beso madrileña preferida... o dos.

El viejo farero dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Allende dijo...

Farero. Sigo viviendo la ruta de los faros a través de tus relatos y aunque no me prodigue en comentarios
sobre ellos, ha llamado mi atención uno hecho por ti en tu 10ª etapa a tu paso por el pueblo de Pasajes, donde puntualizas: "Que lo único q le sobran
son las fotos de presos de Eta". Pueblos como: Pasajes, Oiartzun, Hernani, Ondarroa, Lekeitio, y alguno más que se quedará en el tintero de la 
memoria, tienen sus calles adornadas con fotos de presos "de sus presos" además de pintadas y carteles en su favor.
El empeño del gobierno vasco por eliminarlas, se enfrenta al rechazo popular en los feudos radicales, donde una mayoría (y digo bien) las protege,
sustituyéndolas cuando son arrancadas. Sin duda, y permitirme la ironía, las ven "decorativas" llegando a manifestar publicamente "que hacen bonito, no les molestan y
no ven la necesidad de quitarlas". El resto de la sociedad vasca ha tenido q aprender a convivir con ellas y acostumbrarse a sus continúas manifestaciones de apoyo.
Ideologías extremistas e intereses ocultos creados en torno a ellas de partidos radicales de la izquierda o de la derecha, se escapan a mi entendimiento
y sentido común, que tiembla ante todo signo de violencia que atente contra los derechos y libertades adquiridos.
Un saludo.

Allende

El viejo farero dijo...

Es cierto Allende, Pasajes no es el único sitio donde vimos fotos de terroristas o manifestaciones en pro de ellos. también es cierto que no tuvimos el menor problema y que cada vez que necesitábamos algo la gente colaboraba generosamente. Es una pena que una tierra tan bonita tenga ese tipo de gente.

Un beso.