4 de junio de 2010

La ruta de las faros. 11ª etapa.


El faro de Lekeitio se llama en verdad faro de Santa Catalina, que es el nombre del pequeño cabo donde se encuentra situado a 46 metros sobre el mar. Es un faro pequeño, de color gris, rodeado de muro y alambrada para protegerlo del vandalismo. El lugar donde está y todos sus alrededores son una delicia, pero el faro en sí es uno de los menos atractivos de cuantos llevamos vistos en este viaje. Por si fuese poco tanto el edificio como la zona que lo rodea están en obras y hay materiales y desechos por todas partes, lo normal en este gremio de la construcción.

Desde Lekeitio al faro la carretera es un paseo para muchos de sus vecinos y tiene una larga zona ajardinada en la que hemos parado para repostar agua en una fuente. Siempre que podemos nos gusta llevar el depósito y las garrafas de reserva llenas.

El faro es de 1.862 aunque en 1.957 se recreció su torre y un año antes se le añadió una sirena que en los días de densa niebla emite en sistema Morse la letra "L". Su luz tiene un alcance de 17 millas y emite un destello seguido de un grupo de 3 cada 20 segundos.

La distancia existente entre el faro de Santa Catalina y el de Machichaco es la mayor de cuantas vamos a recorrer entre faro y faro (salvando lógicamente el trayecto entre la costa catalana y la vasca) pero no por ello se hace cansado ni mucho menos pues el paisaje sigue siendo una delicia. El tiempo sigue acompañando aunque las noches son frías, sobre todo para Lucía, que parece querer probar hasta donde da de sí la calefacción y en cuanto paramos cada tarde la pone de tal manera que tengo que dormir destapado. No se si estamos gastando más gasóleo que propano o al revés, pero bueno, ella al menos duerme bien y disfruta convirtiendo cada tarde la ducha en una sauna.

Antes de llegar a Machichaco el camino nos regala una preciosa visión de Bermeo (un beso Ana). Martita nos mete por el pueblo y decidimos desviarnos un poco, buscar un aparcamiento y dar un paseo por sus calles y acercarnos al puerto frente al cual se encuentra la pequeña isla de Ízaro que más de una vez habréis visto al comienzo de alguna película española de los 80 de Ízaro Films. Si no conocéis este pueblo vasco y alguna vez estáis cerca no dudéis en recorrer unos cuantos kilómetros para conocerlo, os garantizo que no os arrepentiréis.

Saliendo de Bermeo tomamos la carretera a Bakio para poco después coger un desvío a la derecha. Es una carretera estrecha flanqueada de árboles que en poco más de 3 kilómetros nos lleva al faro de Machichaco, otro de los emblemáticos de este país.

El cabo no cae a plomo al mar como suele ser frecuente, sino que va perdiendo altura hasta sumergirse en el Cantábrico. En su extremo aun queda en pie la torre del faro primitivo de 1.852 en cuya cúspide hay un radar para el estudio del oleaje. Este antiguo faro sirvió de Escuela de Torreros entre 1.854 y 1.856, año en que se trasladó a Madrid. Pero si el cabo tiene su originalidad el faro no es menos y también tiene la suya: No tiene farero, tiene farera.

En 1.937 se produjo frente a este lugar una cruenta batalla entre el crucero Canarias del bando golpista procedente de Ferrol y 4 barcos pesqueros artillados que daban escolta a dos mercantes de la República. Hoy en día frente al cabo puede verse la Gaviota. Esta vez, y a pesar de su bonito nombre, no es una isla, sino una plataforma de extracción de gas.

El faro actual se edificó en 1.909, más con la intención de faro de recalada al puerto de Bilbao que con la de avisar de peligros y su plano focal se encuentra a 126 metros sobre el nivel del mar. El edificio es de dos plantas con fachada de sillería y torre de sección octogonal. Su fachada principal mira hacia el sudeste, contraria al mar, ya que es norma farera que la fachada marina sea lo más ciega posible para reducir la erosión producida por éste. El de Machichaco es el único faro habitado que queda en Vizcaya.

El grupo óptico es espectacular: Consta de 3 caras de cristal de roca tallado a mano que proyecta su luz a 30 millas (unos 45 kilómetros). Fue fabricada en París por Barbier, Bénard y Turenne, empresa dedicada a la construcción de ópticas para faros en las que empleaba el vidrio de pulido de Sant Gobain. En el interior tiene una lámpara destelladora de vapor de mercurio de 1.000 vatios. La estructura gira suavemente gracias a una base que gira sobre una cuba de 300 kilos de mercurio. Este faro ofrece un destello cada 7 segundos.

De vuelta a la carretera camino de Bakio nos encontramos una desagradable sorpresa: está cortada por obras ( lo dicho, casi más obras que faros) y nos quieren desviar por el interior. Para ir a Bakio no es problema este desvío, pero nosotros queremos visitar algo que está a menos de 3 kilómetros de donde nos encontramos. Miramos el mapa, lo hablamos durante 30 segundos y tomamos la decisión más lógica en nosotros: Nos metemos por la carretera cortada a probar suerte. Y la tenemos, no hay nadie trabajando y el único problema es que durante 2 interminables kilómetros no hay asfalto. Al final el premio: San Juan de Gaztelugatxe casi en exclusiva para nosotros.

No es un faro, aunque tiene cierto aire; es una ermita situada en una pequeña península y a la que lleva un camino tan impresionante como duro. Dicen que tiene 231 escalones, pero se termina perdiendo la cuenta y da la sensación de que se han multiplicado por 10. Aqui todo es impresionante, da lo mismo mirar desde la costa que desde el camino, desde el puentecito o desde la misma ermita. Otro lugar digno de ser visitado, aunque bajar desde la carretera, subir a la ermita y volver a la carretera es algo parecido a perder la virginidad: solamente lo haces una vez en la vida.

Seguimos nuestro camino por la costa vasca y llegamos al faro de Punta Galea, en Getxo, que fue construido en 1.852 sobre el fuerte del mismo nombre y que años más tarde hubo que cambiar de sitio pues su luz se confundía con la de los Altos Hornos de Vizcaya. El actual data de 1.950 y tiene edificio de viviendas y una torre muy original de piedras. La parcela del faro linda con un lujoso campo de golf que le da un aire de tranquilidad tremendo. Su torre es relativamente baja, 12 metros, pero su luz se eleva 84 sobre el nivel del mar. En 1.927 entró en funcionamiento una sirena para los días de niebla que sustituyó a una señal sonora de lo más original y con cierto aire fallero que estuvo en funcionamiento desde 1.905: Un petardo cada 5 minutos. Este faro emite un grupo de 3 destellos cada 8 segundos y su alcance es de 19 millas.

Camino de Cantabria tenemos que pasar Bilbao y Martita se empeña en pasearnos por pleno centro. Al final tenemos que apagar el navegador y seguir la margen derecha de la ría hacia el interior buscando la autovía. Se complica un poco la tarde, vemos más calles de las previstas en Bilbao, pasamos junto a su puente colgante, pero al final todo sale bien y comenzamos a abandonar el País Vasco rumbo al oeste.

Si el primer faro vasco que vimos ( Cabo Higuer) es una preciosa tarjeta de presentación de los faros vascos el de Castro Urdiales no tiene nada que envidiarle. Si el faro de la Plata imitaba un castillo el de Castro Urdiales no tiene que molestarse en imitarlo: es un castillo que a fuerza de mirar el mar su torre sudeste se convirtió en faro. Original, precioso, elegante, majestuoso, sencillo... Sin duda uno de los faros más bonitos de España.

Algunas veces Martita se toma demasiado en serio su trabajo y ahora casi nos lleva a los pies del faro, pero para ello quiere meternos por el puerto y cuando nos damos cuenta vemos que la circulación está prohibida. Una vez más maniobras complicadas, vuelta y gente mirando. Nosotros pasando. Al final surge el milagro y encontramos un sitio perfecto para dejar la autocaravana, incluso para pasar la noche.

Esta zona del puerto es impresionante con su puente medieval, su iglesia gótica de Santa Ana, su ermita de Santa Clara y el faro, cuya torre se elevó en 1.854 como consecuencia del primer Plan de Alumbrado Marítimo; su linterna fue traída de Adra (Almería) en 1.986 y su óptica giratoria no es de vidrio sino de metacrilato. El faro se electrificó en 1.916 y en 1.953 entró en funcionamiento su sirena. Tiene un alcance de 20 millas y un grupo de 4 destellos cada 24 segundos.

Este viaje no solamente nos está permitiendo ver faros y paisajes impresionantes de día sino que también nos regala vistas increíbles alguna que otra noche; hoy, por ejemplo, podemos dormirnos viendo iluminado el faro, la iglesia de Santa Ana, el puente medieval... ¿Quien da más?




7 comentarios:

Maite dijo...

Conozco bien el faro de Castro, hace tiempo solía pasar largas temporadas allí... Me encantaba el sitio, aunque no lo cambio por mi tierra andaluza, eso no... Cada año me digo que las próximas vacaciones volveré a visitarlo, pero... llevo 15 años posponiéndolo...
El que no dejo de visitar es éste, aunque casi siempre lo haga en silencio... Y es que es una gozada leeros, farero, a pesar de que soy del Madrid y piense que la Ley es la misma para todos, Garzón incluido... (Es que si no lo digo, reviento, lo siento...).
Mi beso, si me lo aceptáis...

El viejo farero dijo...

Precioso sitio ¿verdad? En esta vida no es conveniente ir aplazando eternamente las cosas que queremos hacer, corremos el riesgo de que cuando nos decidamos a hacerlas ya sea tarde, así que ya sabes, a la primera ocasión vuelta a Castro Urdiales.

Si a ti te gusta me parece perfecto que seas del Madrid, igual que me parece lógico que tengas tus ideas sobre Garzón y que las expongas de una u otra manera. En este blog, mientras se haga con respeto y se cumplan unas normas básicas, cada cual puede decir lo que piensa, asi que tú no tienes el menor problema en hacerlo.

Sobre lo de visitar este faro pues... decirte que me alegra que lo sigas haciendo.

Beso aceptado, y otro para ti Maite.

Sakkarah dijo...

Me gusta tu viaje, me gustan los faros, y me gusta tu filosofía de vida.

Muchos besos.

Isabel dijo...

Pues qué quieres que te diga...
Me he vuelto a releer casi todo tu blog y tengo que decirte que siempre me provoca el mismo efecto.
Relajación total y, además, me traes a la memoria lugares entrañables,olor a mar y algas, sonidos de olas que rompen con bravura,vientos que elivian la presión de los pensamientos...
Como te digo,eres todo un lujo...

Me encanta leerte; algunas veces dejo comentario,otras te leo desde el reader,pero siempre me gusta lo que escribes y cómo lo escribes.
Tienes un don especial para describir...
Vaya, que me alargo demasiado jaja...
Lo dicho, ha sido todo un placer...
Buenas noches,farero...Hasta mañana.
:-)

El viejo farero dijo...

SAKKARAH: Muchas gracias madrileña preferida. La verdad es que es un viaje que a cualquiera gustaría porque no solamente era ver faros, era también ver mares diferentes, costas, acantilados, puertos, gente... El próximo te vienes conmigo ¿vale?

Un beso... o dos.


ISABEL: Me vas a poner colorao; Si te gusta el blog y lo que en él encuentras yo me alegro, a mi me pasa lo mismo con el tuyo o con el de otra paisana: Trini Reina. Por cierto, igual podíamos buscar el modo de tomar un café la gente de Sevilla y cercanías que medio nos conocemos del blog. Yo dejo la propuesta.

Un beso.

Común dijo...

Por aquí tenemos el faro del fin del mundo, si algún día quieres públicar.......

El viejo farero dijo...

Vuestro faro del fin del mundo es uno de esos lugares que no quisiera morirme sin conocer. ¿Quien sabe? Igual un día ando por tu tierra.
Un saludo.