15 de agosto de 2011

La mala madre.

Ella nunca fue una buena madre para con sus hijos. Los dejaba que se marcharan de casa buscando fuera lo que ella les negaba mientras abría sus brazos para acoger a los hijos de otras madres.  Algunos, pasados los años, volvían donde ella, posiblemente buscando el amor que nunca tuvieron y que cientos de noches echaron de menos cuando estaban lejos de sus hermanos y de su casa. Otros no, otros se quedaron en sus nuevos hogares; se hicieron hijos adoptivos de otras madres a pesar de que ellas nunca los tratasen como hijos  propios.

En el barrio tiene fama de generosa, de abrir sus puertas a todo el que llama a ellas. Nunca falta un trozo de pan, una manta, una ayuda.  Incluso, muchas veces, sale a su encuentro. No tienen que saltar la verja del jardín para entrar en su casa, ni siquiera tienen que llamar a la puerta: Ella sale a buscarlos cuando los ve acercarse, merodeando. Es una buena madrastra.

Tiene un corazón grande, inmenso. Con sus hijos adoptivos. Muchas veces los trata mejor que a los de su propia sangre, a los que ha parido.  Siempre encuentra la manera de ayudar a los que vinieron de fuera y se han hecho hijos suyos. Todos, unos y otros, tienen derecho a vivir pero ella, muchas veces, se olvida de algunos de sus hijos.  Los tiene que necesitan tanta ayuda como los que vinieron de fuera, de otras casas, de otras madres, pero ella, la buena madrastra, los deja a su suerte. Vosotros podéis buscaros la vida, les dice.

Ahí sigue, con las puertas de su casa abiertas de par en par: Unas para que entre los hijos de otras madres, otras para que salgan los suyos a buscar lo que ella no les da.


3 comentarios:

princesa_ dijo...

Así es nuestra tierra (España), así es como nos mostramos ante los demás cuando se alejan y como abrimos las puertas a quienes vienen de otros lugares.
"La mala madre" en ocasiones olvida en demasía a sus propios hijos y se vuelca en aquellos que solamente son ...recién llegados, pero que impulsivamente piensa necesitan más amor.
Es una MADRE, creo que a esas personas con ese nombre tan hermoso, grande y digno jamás deberíamos entrar a juzgarlas...tan solo comentar y aceptar sus hechos.
Un abrazo

Susana Inés Nicolini dijo...

Ni te imaginas cuanto te entiendo. Yo que he nacido en Argentina, madre y madraza de tantos, y tan dura con los propios.
Un abrazo desde Ciudad de Buenos Aires

A secas dijo...

Me duele este relato, farero, porque a veces las madres somos así, le damos al que no ha tenido una, todo el amor que sabemos hemos dado nosotras a nuestros críos, los creemos más fuertes, inmunizados, emponderados.
A veces, no siempre, nos damos cuenta que los hemos descuidado, no por falta de amor, por exceso de maternidad.

Abrazo