17 de septiembre de 2011

La abuela.

Hace ya tiempo, mucho tiempo, mi amiga María José se marchó del pueblo.  El destino puso entre su nueva casa y el faro una distancia inmensa. Entre su corazón y el mío no,  ahí era imposible, porque el cariño mutuo que sentíamos y que seguimos sintiendo no entiende de distancias, porque a pesar de los kilómetros solamente necesitamos una llamada, una carta, para sentirnos tan cerca como cuando ella vivía en una callecita que daba al puerto.

Hace ya más de un año que mi amiga María José está loca de contenta: La vida le ha regalado una máquina del tiempo, le ha quitado años, le ha devuelto vida, la ha convertido en abuela.  Me llama, me cuenta cosas de su nieta, me relata cada avance, cada cosa nueva que hace la cría…  No la veo, pero a mi amiga María José debe caérsele la baba hablando de su nieta.

Un día me mandó una foto de la chiquilla sentada sobre una alfombra de colores. –Mira farero esta foto, ¡ya se incorpora sola!   Y yo sonreía viendo la fotografía, imaginando a la abuela con su cámara, riendo, diciendo mil cosas a la niña para que mirase, pensando (y sabiendo) que tiene la nieta más bonita del mundo.

Esta noche, al abrir el correo, he encontrado más fotos. La cría, con su año y medio de vida, es un tesoro con cuerpo de chiquilla.  Un juguete en sus manos que parece ofrecer a la abuela, unos ojos negros como la noche, unos dientecillos blancos como la espuma de las olas, una sonrisa que es un sol…

Iba a escribirle a mi amiga para decirle que hoy soy feliz viéndola feliz, que le tengo cierta envidia porque una personita  la llama abuela, porque otra vez puede dormir entre sus brazos a una criaturita así, porque yo, esta noche, dejaría este faro que es mi vida si a cambio oyese una vocecita que me llama abuelo.

Ha volado el tiempo y ahora, de madrugada, en la soledad del faro, me pongo a escribirle a mi querida amiga para decirle que la quiero, que me hace feliz oírla hablar de su nieta… y que, imposible ocultarlo, le tengo envidia.

12 comentarios:

Anónimo dijo...

Cualquier abuela se sentiría orgullosa si le escribieran algo así, conozco yo a una que a leerlo se emocionó, no podía ser diferente, ella es amiga de Farero y no sabrá nunca como agradecerle sus palabras.

Sabe de sus ansias por ser abuelo y se lo imagina jugando y acunándole para que duerma... y según vaya creciendo le escribirá historias exclusivas para él o ella,también le contará otras que ha compartido como la de un bombero llamado Rafael,y con más años le hablará del faro, de la mar, de las gentes.

Esa abuela a la que conozco y que es amiga del Farero le envía un gran abrazo

galerna dijo...

Precioso como siempre Paco,me gusta tanto cuando hablas de cosas reales,como cuando tu imaginación se pone a trabajar.
Otras personas,en las que me incluyo,tienen malas rachas,sin saber por qué en las que los dedos no obedecen a su mente.
Un beso fuerte

El viejo farero dijo...

Tengo la sensación de que aquí alguien tiene una nieta lindísima. Igual un día esa niña oye un cuento sobre un bombero llamado Rafael; el día que eso pase el farero volverá a sonreír pensando en la abuela.
Un beso, abuelita.

Mi querida amiga "galerna": Gracias por tus palabras. Eso de que los dedos no obedezcan a la mente puede tener una causa que, difícilmente tiene arreglo: obedecen al corazón. Si no es así, si solamente escriben lo que la sociedad les ha enseñado que está bien todavía tiene arreglo: Es cuestión de reeducarlos.

Un beso.

Anónimo dijo...

Ya sabe farero que también tengo mis despistes y que he "desaparecido" una l en la entrada que dejé ayer, pero bueno, eso tiene menos importancia, el despiste verdadero es que olvidé mencionar un precioso texto que escribiste y que yo conocí un día, su título es 3 arrobas, y es muy, muy especial por quien te enseñaba a medir sin regla y a pesar sin balanza, cosas que solo una abuela hace, y sí, Un bombero llamado Rafael está guardado para cuando llegue el momento de contárselo y tú sabrás de ello.

Otro abrazo

Elena dijo...

soy testigo de como una abuela vuelve a florecer...farero, me quedo aqui, una luz en la noche siempre es amable, como la abuela con su niet@

anuar bolaños dijo...

TINTA HÚMEDA

7

Limpio la casa,
preparo guiso de vegetales,
abro la puerta
y me siento a esperar.
Ella anunció visita
y ha cumplido su palabra.

Ahora somos dos náufragos que se miran,
dos cuerpos
que han decidido fabricar
una sola sombra.



anuar iván.

El viejo farero dijo...

Uff... ¿A mi me vas a hablar de despistes? Si te contase los míos sería un libro interminable. Ese que mencionas es uno de mis capítulos preferidos y más de una persona me ha comentado que tuvo en su infancia enseñanzas semejantes. Espero que a esa nietecita la historia del bombero Rafael cuando se la cuentes le guste tanto como en su día les gustó a ciertos elementos.
Otro beso.

ELENA: Los nietos, en general, nos traen una primavera tardía y nos devuelven un poquito de vida. Si eres nueva bienvenida seas. La puerta está siempre abierta, pasa y acomódate.
Un beso.

ANUAR: Creo que también es la primera vez que nos dejas un comentario. Gracias por el poema, es precioso. Lo dejaremos decorando este faro. Bienvenido.

Un saludo desde Andalucía.

D.Laurencich dijo...

bellísima historia farero, vos tenés envidia de esa abuela y yo tengo envidia de la soledad en tu faro!

Susana Inés Nicolini dijo...

Ay ay Farero, siempre escribiendo cosas entrañables. Directo a la sensibilidad. Es imposible no detenerse en cada imagen que nos narras, en cada voz, en cada foto... Venir a tu blog es como ir a "la mar" que alumbra tu faro, y quedársela viendo, mientras nos imaginamos que ese ambiente, dónde tu faro es rey, nos pertenece aunque sea un poco.
He leído tu comentario en mi blog.¿Qué puedo decir? que no haya dicho ya...en tu casa, o en la mía, leerte, siempre me emociona.
Un abrazo grande desde mi Ciudad de Buenos Aires

El viejo farero dijo...

DIANA: ¿Sabes que tienes cierto aire argentino igual que la amiga Susana?

Es verdad: le tengo envidia a esta abuela; a ella y a casi todos los abuelos del mundo. Tal vez tu envidia tenga más fácil arreglo; de momento te dejo la puerta del faro abierta, para que entres cuando quieras, para que pasees por él...

Un beso.

SUSANA: Mi amiga porteña... Eso digo yo: ¿Qué puedo decirte? Mejor te mando un par de besos y un fuerte abrazo y te deseo que todo se vaya normalizando poco a poco.

Otro beso, ea.

Nerya dijo...

Que bonito, ¡pero que bien escribes!

El viejo farero dijo...

Muchas gracias Nerya, aquí tienes las puertas abiertas para cuando quieras entrar a este faro.

Un saludo.