18 de febrero de 2011

Os presento a un jovencísimo bloguero.

Hoy me vais a permitir que os presente a un bloguero. Personas que escriben en su blog hay miles, pero quien quiero presentaros es un tanto especial: Un chaval canario de 10 añitos de edad.

Su madrina en esto de los blogs es YoSusan, una buena bloguera, y a mi me gustaría que este chaval fuese como Miguelito, el niño que soñaba con ser farero, y que de vez en cuando se pase por este faro donde ya tiene un amigo. Un pajarito me ha dicho que le gusta comer dulces, así que, además de zumo ahora tendré que comprar dulces.

Entre los enlaces a otros blogs, a partir de hoy, encontraréis uno al suyo que, por cierto, tiene un nombre precioso:  La vida de los niños.  ¿Quién no siente interés por algo así?

Yo le deseo toda la suerte del mundo y espero que cuando me jubile, dentro de muchos años, Ambiro, que así firma, esté entre mis amigos de hace años.

Un abrazo Ambiro... y adelante.

El viejo farero.

14 de febrero de 2011

Sevilla, Plaza España.

Han sido muchos meses de obras, de restauración, de puentes cerrados al paso, de barandillas desmontadas, de ría sin barcas...  pero es que todo lo que merece la pena cuesta, y la Plaza de España de Sevilla bien que lo merecía.

Los sevillanos podemos volver a sentirnos marineros remando en una ría que no va a ninguna parte y pasando por debajo de unos puentes que, en otros tiempos, fueron un escondite donde dar un beso a escondidas. Podemos mirar desde el suelo las torres que cierran la plaza al norte y al sur, y podemos, desde los balcones, mirar la plaza entera y ver ese burrito, heredero de aquel otro que, hace ya muchos años, daba la vuelta él solo, sin nadie que lo guiase, tirando  de un carrito donde dos críos se paseaban.

Los que vienen de fuera vuelven a buscar el mosaico de su tierra, vuelven a hacerse una foto de recuerdo y vuelven, como siempre, a enamorarse de esta ciudad.

 Dentro de nada un universo de estrellitas blancas llenaran las calles de Sevilla y el aroma a azahar lo inundará todo, será otra vez primavera y el sol cada tarde le robará un ratito a la noche, para seguir viendo Sevilla un poquito más.






El viejo farero.



12 de febrero de 2011

Un día feliz.

Hoy la mañana ha sido de esparcimiento, de caminar por la sierra, de tomar aire puro y de no oir durante 5 horas otra cosa que el canto de los pájaros y, de vez en cuando, el murmullo del agua  de un arroyo o el del aire entre las ramas de los alcornoques.


Hoy me he escapado a la Sierra Norte de Sevilla, a un precioso pueblo llamado Cazalla de la Sierra y he hecho un pequeño y cómo sendero que lleva al pantano. Una delicia no encontrar durante horas personas, ni coches, ni basura, ni asfalto...  Al final, en la misma presa del pantano, me llamó la atención un gorrión que revoloteaba en una abertura entre piezas de hormigón que hacen de acera. Pensé que tendría allí su nido (mal sitio, demasiado al alcance de todo y todos)  pero cuando me acerqué vi que el pobre pajarillo estaba preso, con un cordel fino de esos que usan los pescadores y que alguno de los que pescan en el pantano habría dejado alli cuando dejó de serle útil. La tanza estaba reliada entre hierros viejos y oxidados por un lado y una de las patitas del gorrión por otro.  Había perdido algunas plumas intentando escapar y, supongo que por el cansancio, se dejó atrapar sin la menor resistencia.


Mi amiga Nuria, hace unas semanas, me regaló una pequeña navajita, tan pequeña que la llevo de llavero, y ha sido con ella con la que he cortado el fino cordel para poder sacarlo del hueco. Casi sentía el corazón del pajarillo en mis dedos cuando he ido quitando poco a poco el nudo que había alrededor de su pequeña patita. No ha intentado escapar, no ha intentado picarme, ni defenderse de ningún modo. Al final ha quedado libre de su ridícula cadena y ha volado como loco hacia la montaña.

Camino del pueblo pensaba en el gorrión al que ayudé a seguir siendo libre y pensaba en las cosas que a  las personas nos atan: el deber, el miedo, la educación, el que dirán, la moral, la dependencia económica... 

Hoy, este gorrioncillo, me ha alegrado el día.






El viejo farero.

4 de febrero de 2011

Os presento mi libro.

Los sueños, mientras sean sueños, son cosas irrealizables. Tal vez por eso algunas veces es bueno quitarles esa etiqueta que tan bien suena y ponerles otro nombre: objetivo. Un sueño simplemente está ahí, tan lejos que es inalcanzable, un objetivo es una meta que hay que alcanzar.


Yo, entre mis sueños, tenía uno: escribir un libro. Algunas veces me imaginaba con él en las manos o viéndolo en el escaparate de una librería. Un buen día decidí quitarlo de la lista de sueños y ponerlo en la de objetivos.  Ahora apenas si faltan unos días para volver a cambiarlo de sitio y lo que durante un tiempo fue un sueño y después un objetivo lo coloque en la lista de cosas alcanzadas.

Es ilusionante esta espera, semejante en cierta manera  a la de ser padre por primera vez, y es que un libro es algo tuyo, lleva parte de ti y lo has hecho con todo el cariño del mundo. Un hada madrina y amiga ha puesto su parte, otra buena amiga ha dejado sus letras y su cariño en un prólogo que es todo un regalo.

Saldrá dentro de unos días, pero aqui os dejo un enlace a la página donde la editorial presenta el libro.  Después, si deseáis comprarlo os podéis poner en contacto conmigo a través del correo del blog: elfaro2010@hotmail.es

3 de febrero de 2011

Una carta.

Hoy la mañana me ha traído una sorpresa que tenía las formas de una carta. Un sobre cerrado con un nombre que no es un nombre en su frente, y una dirección que no es ninguna dirección, era la leve y tierna caja que envolvía el regalo y era, también, parte del regalo en sí. 


Hacía una eternidad que no llegaba a mis manos una carta como las cartas de toda la vida. Un mal día mis ojos empezaron a leer palabras escritas con una máquina y con el tiempo se olvidaron de esta delicia que es seguir los trazos que dibujó sobre el papel la mano de otra persona.  Hoy he vuelto a acariciar la misma hoja blanquecina que acarició ella mientras escribía y he vuelto a seguir un camino azul que gira una y otra vez y que se corta y vuelve a aparecer de nuevo en un juego continuo.

He pasado las yemas de mis dedos sobre las letras que ella dibujó queriendo oir su voz al compás que siento el trazo bajo mis dejos y he acercado la hoja escrita a mi cara para encontrar en ella el olor que sus manos dejaron al rozarla.  Que dulce diferencia, que dulce sensación tener su carta entre mis manos y no unas letras impersonales y frías dentro de una pantalla. Hoy me ha regalado una carta escrita a mano, de su mano, una carta que ha traído consigo parte de ella.


El viejo farero.