11 de marzo de 2012

Faros de Portugal, III.

La noche en Nazaré ha sido tremendamente tranquila. Algunas veces me gusta pasear por las ciudades, incluida la mía, de noche, cuando las calles se quedan solas, cuando apenas hay tráfico de coches y los pasos de alguna persona se oyen acercarse y después alejarse por la acera de enfrente.  Ayer tarde Nazaré estaba llena de gente que tomaba el sol, que  paseaba por la avenida que da al mar, por el largo del Elevador…  cuando se hizo la noche las calles se quedaron solas. La soledad, la noche, el mar…  yo.

Hoy el primer destino debería ser el faro de Cabo Carvoeiro, en Peniche (en Portugal hay dos cabos con este nombre y en ambos hay un faro) pero viendo anoche en la habitación del hotel el camino a seguir, un poco para ver si hay algo que pueda ser interesante y un poco para evitar una nueva sorpresa de Martita decidí hacer un pequeño desvío y una paradita para ver una aldea llamada Baleal que está en una especie de península liliputiense.
Baleal está sobre un pequeño promontorio unido a tierra por una lengua de arena de unos 300 metros de larga y 100 de ancha que hace de playa a ambos lados y por la que discurre una estrecha carretera completamente recta casi cubierta por la arena.  Merece la pena, si se anda cerca, desviarse, dejar el coche a la entrada y dar un pequeño paseo por sus calles.  Y una vez hecho esto y recogida la arena correspondiente es cuando en el navegador marco las coordenadas del faro de Cabo Carvoeiro, en Peniche.

Este faro está al final de la carreta que circunvala la ciudad y desde la que hay preciosas vistas al mar y tiene, hasta el momento, un record: el de tener el farero más desagradable de todo Portugal.  Igual el ser lunes y primera hora de la mañana no ha sido buen momento para entrar en la parcela farera.

El actual, de 27 metros de altura y un plano focal de 57 metros entró en servicio en el año 1.886. Antes, en 1.790 se levantó un primer faro cuya altura era de 21 metros, uno de los primeros que existieron en las costas portuguesas, pero una comisión de la Marina en 1.881 lo calificó como “inadecuado”, por lo que se demolió y en su lugar se levantó el actual, una torre cuadrada de piedra sobre la que se encuentra la linterna y la galería, ambas pintadas de rojo.  Cabo Carvoeiro es uno de los cabos más importantes del litoral luso y se dice que durante siglos una luz instalada en la torre de la capilla de Nossa Senhora de Vitoria, hoy en día demolida, sirvió de guía a los hombres de la mar en estas aguas.

El faro de Cabo Carvoeiro fue automatizado en 1.988, tiene un alcance de 15 millas marinas y emite 3 destellos rojos cada 15 segundos siendo uno de los más importantes de la costa portuguesa.

Si hablamos de Finisterre todos pensamos en Galicia, pero hay muchos finales de la Tierra en este mundo y ahora mismo 150 kilómetros me separan de uno de ellos: El Cabo da Roca.
El faro del Cabo da Roca no es un faro muy espectacular; si no fuese por su linterna no llamaría la atención ni  por su tamaño, ni por su altura. Otra cosa es su situación. Puestos junto a él, mirando hacia el mar, tenemos delante miles de kilómetros de océano. Detrás toda Europa. A escasos 200  metros una placa con una frase de Luis de Camoes:

CABO DA ROCA,
AQUÍ…
ONDE  A  TERRA  SE  ACABA
E  O  MAR COMEÇA.

Llegar al Cabo da Roca es sencillamente eso: llegar a  donde se acaba la tierra y el mar comienza. Pocas veces un faro puede representar tan bien esta unión entre las inmensidades, tan diferentes, de un continente y de un océano. Aquí, en este fin del mundo, es imprescindible alejarse un poco del aparcamiento donde siempre hay coches o algún autobús y seguir el sendero que corre paralelo al precipicio, mirar el mar, los acantilados sobre   los que descansa el faro, la costa que se aleja hacia el sur… nos creemos dioses que están por encima de todo pero... que poca cosa somos comparados con este mar, con esta naturaleza. 

El faro de Cabo da Roca fue mandado edificar en 1.758 y entró en funcionamiento 14 años después, en 1.772. Es una torre cuadrada de 22 metros de altura cubierta de azulejos blancos y remates de piedra vista en aristas y cornisas mientras que la linterna está pintada, como la mayoría de las que he visto hasta ahora, de rojo. El promontorio donde se encuentra fue llamado por los romanos "Promontorium Magnum"; y  no les faltaba razón: a pesar de la relativa escasa altura del faro, 22 metros, su plano focal se encuentra a 165 metros sobre el nivel del mar. Sin embargo y a pesar de la importancia geográfica del lugar  la luz de este faro no es tan importante para los navegantes como lo son las del faro de Cabo Carvoeiro al norte y Cabo Raso al sur. Tal vez por ello el faro estuvo descuidado durante muchos años  y su lente no era de gran potencia. Hoy en día usa una óptica Fresnel de tercer orden con una lámpara de 3.000 watios que le da un alcance de 26 millas marinas. A pesar de estar automatizado desde 1.990 en sus instalaciones vive un equipo de 3 fareros que cuidan de su buen funcionamiento para que siga guiando a los hombres de la mar con sus 4 destellos blancos cada 18 segundos.

No es fácil irse de este sitio,  hay algo en él que hace que te detengas antes de llegar al coche, que vuelvas la cara y mires de nuevo el faro, el mar…  pero la ruta de los faros portugueses sigue y en ella  quedan aun muchos  faros que ver. El siguiente Cabo Raso.

De uno a otro faro hay 15 kilómetros y la carretera que los une discurre casi por completo por el interior. Solamente cuando falta menos de 3 kilómetros vuelvo a ver la costa, una playa ancha que poco antes del faro se convierte en una zona rocosa donde el oleaje rompe con fuerza. ¿Olas rompiendo contra las rocas y zona para aparcar? Imposible no pararme a verlo y a hacer fotos. 

La zona podría decirse que es un pequeño acantilado de no más de 5 metros de altura pero con una particularidad. Es el mismo tipo de piedra que existe al norte del Cabo de San Vicente, en Pontal, y lo mismo que allí aquí la piedra del acantilado está perforada por la acción del mar. Se han formado pequeñas grutas que comunican con la superficie. En ella unos orificios expulsan casi pulverizada  parte del agua que rompe contra el acantilado mientras producen un silbido impresionante.  Tiene razón quien piensa que cualquier día me caigo por un sitio así.

2 minutos de carretera y a mi derecha el faro de Cabo Raso. Edificios blancos, como si  estuviese en Andalucía, y faro como los primeros que vimos en este viaje: torre roja de hierro forjado, como en Esposende, Fuerte de Santiago, Santa Catarina…  Esta torre mide 13 metros y su plano focal es de 23 metros.  Fue puesto en marcha en 1.894 sustituyendo a una torre de madera que existía en el mismo lugar. Se automatizó en 1.984, ofrece 3 destellos blancos cada 9 segundos con un alcance de 20 millas.

Los faros de vez en cuando  me recuerdan a las personas; Muchas veces nos dejamos encandilar por el aspecto exterior y en él basan casi todo mucha gente; éste de Cabo Raso, por ejemplo, tiene un aspecto sencillo, no destaca aparentemente por nada ni, a simple vista, parece que tenga mucha importancia. Sin embargo es uno de los más importantes de esta costa ya que marca un giro en ángulo recto en la línea de costa en el extremo noroeste de la bahía de Lisboa. Sería, de ser humano, una de esas personas que hacen su trabajo, que ayudan a otros, y que nunca lo pregonan ni se vanaglorian de ello.

El siguiente faro está a 5 kilómetros y es uno de los más bonitos de Portugal y del que los portugueses que aman este tipo de construcciones están más orgullosos: Es el faro de Guía, en Cascáis.

Es una torre octogonal de 28 metros de altura recubierta de azulejos blancos y con su plano focal a 58 metros sobre el nivel del mar. El techo de su linterna está pintado de rojo.  Las luces de este faro, junto a la del faro de Santa Marta, sirven para señalizar el acercamiento al puerto de Lisboa a los buques que están en la mar y para marcar la salida a través de la barra del río Tajo a los que lo dejan.

Esta zona de la costa portuguesa siempre ha tenido una importancia capital para la navegación. Ya en 1.523 D. Luiz de Castro dona unas tierras de su propiedad para la construcción del monasterio de Nuestra Señora de Guía con la condición de que los monjes del monasterio mantengan encendidas cada noche 5 lámparas de aceite que sirvan para orientar a los barcos. Esto se mantiene hasta que el terremoto de Lisboa de 1.755 destruye casi en su totalidad el monasterio. Este tramo de la costa queda a oscuras y en febrero de 1.758 el Marqués de Pombal manda construir 6 faros, entre ellos el de Guía. El faro se automatizó en 1.982 y tiene un alcance de 19 millas.

Cascáis es el sitio elegido para hacer noche y en teoría mañana toca comenzar aquí mismo con el próximo faro, el de Santa Marta, pero después de ducharme y descansar un rato decido salir con la cámara a hacerle algunas fotos. No acompaña la geografía ni la hora: el sol de frente y una obra pegada al mismo faro hacen imposible sacar una sola fotografía medianamente buena. Un paseo por el puerto, una cerveza en una terraza mirando al mar y a la vuelta, con el sol ya puesto, las primeras fotos del faro de Santa Marta. Mañana por la mañana el resto.

4 comentarios:

simply blue dijo...

Precioso recorrido, farero. Y preciosas las fotos. Me han entrado ganas de salir corriendo a recorrer esa zona. Todos los faros tienen su encanto, y estoy de acuerdo contigo en lo que dices; a veces el aspecto por fuera no tiene nada que ver con lo de dentro, sorprenden, y todos y cada uno de estos faros que nos enseñas esta vez lo tienen, a mi al menos me han gustado todos, que sin tus comentarios y explicaciones hubiera sabido a poco.

Hasta tu próximo relato.

un beso.

El viejo farero dijo...

Sí, una cosa es ver un faro por fuera y otra hacerlo por dentro. Cuando termine de contar este viaje por los faros portugueses dejaré una serie de fotos de escaleras de faros. No son muchas, solamente 7, pero refleja bien lo diferente que pueden ser.

Un beso desde Andalucía.

Juan Miguel dijo...

Por cierto Farero, he cogido una foto de esta entrada para hablar de tu blog en el mío, Fareando. Un abrazo y muhca envidia por tus viajes.
Juan Miguel, de Fareando

El viejo farero dijo...

Bueno, he visitado tu blog y veo que también has visto bastantes faros. Por la fotografía pues sin problema, para eso están aquí. Gracias por la publicidad del libro y de este blog en el tuyo. Te pondré un enlace para que quienes entran aquí puedan visitarlo.

Un saludo.