29 de noviembre de 2012

Gustaf Dalén. (Segunda parte)

El capítulo anterior lo había dedicado a relatar los problemas que había para conseguir transportar  y almacenar el gas acetileno de manera segura,  para lograr un sistema de encendido y apagado de los faros  que no precisara de la presencia de un farero y para reducir los costos de los sistemas usados para las intermitencias de las luces. Después de 5 décadas de intentos entramos en el siglo XX y los 3 principales   problemas de los faros siguen siendo los mismos.

En 1.901 Claude y Hess, incapaces de resolver las continuas contrariedades que surgen a su invento deciden vender la patente a la empresa sueca Aktiebolaget Gasaccumulator que posteriormente pasaría a llamarse AGA ltd. y que hoy en día sigue comercializando sus productos. Allí permanecería el trabajo de los dos franceses durmiendo el sueño de los justos durante 5 años, hasta que en 1.906 la empresa contrata a Dalén y éste  retoma el trabajo sobre el almacenamiento del acetileno.

Gustaf Dalén había nacido el 30 de noviembre de 1.869 en la localidad sueca de Stenstorp. Era hijo de ganaderos y ya de chaval mostró su capacidad inventiva cuando, a partir de una vieja rueca, construyó una trilladora para su padre. Poco después inventó un aparato para medir el contenido en nata de la leche y envió su idea al ingeniero Gustaf de Laval, autor de numerosos avances relacionados con la leche).  Tan impresionado quedó el ingeniero que convenció al joven Dalén para que en lugar de estudiar en la Escuela de Agricultura lo hiciese en la de ingeniería, la Chalmers högskola de Gotenburgo. Tras graduarse y hacer el doctorado Dalén viajó a Suiza donde estuvo un año estudiando para después volver a Suecia y empezar a trabajar como ingeniero.

Como si fuese obra del destino en 1.906 AGA contrata a Dalén y como decía antes el nuevo ingeniero retoma el trabajo de Claude y Hess. No había transcurrido un año desde su ingreso en la empresa cuando tenía desarrollado el compuesto perfecto y que entre otros materiales llevaba carbón, asbesto y cemento. El compuesto recibió el nombre de masa de aga aunque se redujo a aga que hacía referencia a las siglas de la empresa.

El aga además de tener la porosidad perfecta tenía una cualidad crucial: era muy elástico, incluso si era golpeado no se desmoronaba sino que mantenía su estructura homogénea con poros lo suficientemente pequeños como que el acetileno no fuese explosivo. La perfección del invento la demuestra un sólo dato: más de 100 años después se sigue utilizando el mismo sistema  para transportar y almacenar el acetileno. El primer gran problema estaba resuelto y los faros disponían de un combustible compacto y seguro con un poder calorífico capaz de alimentar las más potentes luminarias.

Prácticamente de manera simultánea Dalén solucionó otro gran problema. Diseñó una válvula que tenía una membrana y un resorte provisto de  un imán que se abría para dejar pasar el gas. Al pasar el gas la presión que ejercía  sobre la membrana hacía que se cerrase y al cerrarse, como no había presión del gas, la válvula volvía a abrirse, dejaba pasar gas y comenzaba el ciclo.  Colocando una pequeña llama piloto a la salida del acetileno se conseguía que cada vez que entraba gas en la cámara se encendiera el faro para apagarse casi de inmediato al interrumpirse el paso del gas.

Las consecuencias del invento eran extraordinarias: se producían destellos de una duración mucho menor que la producida mediante la rotación de la luz del faro, destellos que eran controlables hasta la décima de segundo. Por otro lado el consumo de combustible era inmensamente menor y, por si no fuese bastante,  no necesitaba engranajes ni mecanismos de rotación.  Además la lengüeta de la válvula era mucho más barata, más fiable y más duradera y si se estropeaba era mucho más fácil y barato cambiarla que enviar a un técnico a reparar engranajes.

Solamente quedaba un problema serio que resolver: la automatización del encendido y apagado de los faros, pero el amigo Dalén ya tenía puesta su mirada en ello.

La solución que dio Gustaf Dalén a un problema tan grande e imposible de solucionar durante tantos años fue tan simple que muchos ingenieros se negaban a aceptar que funcionase. El mismísimo Thomas Edison dudó de su validez y la Oficina de Patentes de Berlín exigió ver una demostración práctica antes de registrar la patente. El invento, llamado válvula solar,  puede parecer tremendamente simple, pero a nadie se le había ocurrido antes. 

El funcionamiento de la válvula solar es el siguiente: la válvula dispone de 4 barras metálicas colocadas verticalmente dentro de un cilindro de cristal. Tres de ellas son de color dorado y están sumamente pulidas y colocadas alrededor de la cuarta que se encuentra ennegrecida. Sobre las barras descansa un émbolo que al subir cierra el paso del acetileno y por tanto apaga la llama y al bajar deja pasar el gas haciendo que la luz del faro se encienda. De noche todos los cilindros tienen la misma longitud y el émbolo descasa sobre ellos dejando la válvula abierta y permitiendo el paso del acetileno que al contacto con la llama piloto se encendía.
Al salir el sol el cilindro negro se calentaba y, al hacerlo, se dilataba a lo alto de manera que el émbolo  iba subiendo y terminaba cerrando la válvula y apagando el faro dejando encendida solamente la llama piloto. Las válvulas solares de Dalén eran tan sensibles que si había niebla o las nubes eran suficientemente espesas el cilindro se retraía, el émbolo bajaba y el faro se encendía automáticamente. El primer faro en colocar una válvula solar fue el de Furuholmen, entre Estocolmo y Vaxholm.

La unión de los tres inventos de Dalén (el acumulador poroso de acetileno, la luz intermitente y la válvula solar) recibió el nombre de luz de Dalén y además de reducir inmensamente los costes facilitó la colocación de faros en lugar inhabitables, de boyas en lugares antes imposibles y la salida de fareros y de sus familias de sitios inhumanos salvando de una y otra manera muchas vidas. Ya no había que jugarse la vida viviendo en un islote aislado del mundo para mantener un faro encendido.

A Gustaf Dalén se le concedió el proyecto de iluminación del Canal de Panamá y  recibió muchos premios y honores a lo largo de su vida, entre ellos cabe destacar el nombramiento de Doctor Honoris Causa  por la Universidad de Lund en 1.918. Un año más tarde ingresa como miembro de la Real Academia Sueca de Ciencias e Ingeniería. También recibió la medalla de Morehand otorgada por la Asociación Internacional de Acetileno pero de todos los premios que recibió destaca uno en 1.912: el Nobel de Física.

Algunas veces la vida es tremendamente injusta e irónica y Gustaf Dalén, un hombre que se dedicó a iluminar las costas, a llevar la luz a otos hombres en la oscuridad de la noche se había quedado ciego meses antes de recibir el premio Nobel. El almacenamiento del acetileno ya estaba controlado pero Dalén quería ir más lejos y saber hasta dónde podían llegar: una explosión (justo lo que quería evitar para otros hombres) lo dejó ciego. El premio lo recogió en su nombre su hermano Albin. Gustaf Dalén murió en diciembre de 1.937 habiendo pasado a la historia del mundo de los faros y escribiendo su nombre con letras doradas que destellan en la noche.


El viejo farero.


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Leo:El capítulo anterior lo había dedicado a relatar los problemas que habían para conseguir transportar...

Y de corazón espero que ese "habían" sea un error tipográfico,porque ...
¡ejem!

El viejo farero dijo...

Error corregido, muchas gracias por el comentario y por hacerme ver la falta.

Un saludo.