29 de octubre de 2012

Dormir en un faro.

Dice Paulo Coelho en su libro El Alquimista que "cuando una persona desea realmente algo el Universo entero conspira para que pueda realizar su sueño."  Tal vez no haga falta que sea el Universo entero, tal vez baste con que una persona sea generosa, tremendamente generosa, para que algunos sueños se conviertan en realidad.

Siempre he pensado que en esta vida hay que tener sueños, ilusiones, metas que alcanzar. No siempre se logra, pero cuando lo hacemos cada una de esas metas ha de convertirse en la línea de salida del próximo sueño, del próximo objetivo. No vale conseguir algo y pensar que ya hemos cumplido, que ya está todo hecho, porque detrás de cada sueño alcanzado debemos poner uno nuevo que nos incite a seguir luchando.

Hace tiempo, entre otros muchos, yo tenía un sueño: entrar a un faro, conocerlo por dentro, subir sus escaleras, llegar a su cámara de servicio, ver su óptica, su lámpara, salir a su balcón y ver el mar, el puerto o la playa desde allí arriba. Una mañana entré a la Torre de Hércules, pero aquello no era lo que yo soñaba. La Torre de Hércules es el faro más antiguo de España, pero cuando se sueña con conocer uno por dentro la Torre de Hércules es solamente una torre en la que pagas una entrada y subes a ver el paisaje desde arriba.

Hace poco más de 2 años el Universo entero conspiró y Mario Sanz, farero (o farista como dicen por aquellas tierras almerienses) de Mesa Roldán me invitó a conocer su faro por dentro. Entrar a la casa, acercarnos a la escalera de la torre, subir por ella...  el corazón latía acelerado a cada paso porque el sueño de ver un faro por dentro estaba dejando de ser un sueño para convertirse en una realidad. 

Hoy son 20 los faros españoles a los que he entrado pero a pesar de ello sigo teniendo los mismos nervios cuando veo el faro a lo lejos, cuando saludo al farero, cuando me abre la puerta y cuando comenzamos a subir las escaleras. La misma ilusión de niño abriendo sus regalos de reyes cuando desembocamos en la linterna, cuando veo la lente, el flotador de mercurio, cuando salgo al balcón... las mismas ganas de empaparme de todo cuanto me cuentan de ese faro, de su historia...  


Alguna vez he buscado algún faro español que haya dejado de serlo para convertirse en hotel. ¿Te imaginas dormir en un faro? pero no existe. En Finisterre el hotel no forma parte del faro, es un edificio distinto, muy próximo, pero no es el faro. Y el Semáforo de Estaca de Bares ni siquiera está cerca del faro, los separan casi 3 kilómetros. Tal vez por ello el haber dormido alguna noche en la autocaravana a unos cuantos metros de un faro era lo más parecido a ese sueño. Es impresionante ver los haces de luz girando en la oscuridad de la noche, la soledad que lo rodea y oír el mar romper cerca de ti.
Hace unos días el Universo entero conspiró y mi sueño se hizo realidad. Lo hizo posible la generosidad de mi amigo Mario que nunca será consciente de lo que para mi ha significado su regalo porque, ¿cómo se agradece que te dejen pasar  una noche en un faro? ¿cómo le digo yo  a este farista lo que para mi ha sido vivir esas horas desde dentro? os puedo asegurar que pocas cosas hay más difíciles en este mundo que dormir cuando estás pasando la noche en un faro que está funcionando. No es por ruidos, ni por miedos a no tener a nadie en kilómetros a la redonda, es porque las emociones te superan, porque es algo que pasa una vez en la vida y no puedes desperdiciar todas esas horas durmiendo.

No eres el farero, pero es sin duda lo más cercano a ello que se puede ser sin serlo. El faro, la noche, la luna sobre el mar, los barcos pescando a los pies del faro, la luz de otra torre, La Polacra, haciendo guiños en la noche como diciéndome "bien tío, esta noche eres el farero". Hasta las estelas en la mar se me hacían sonrisas.

Hoy el título de esta entrada no es un juego de palabras, ni una metáfora, hoy el título hace referencia a una verdad, a una realidad que superó el mejor de los sueños. ¿Cuando iba a esperar yo pasar la noche en un faro, en el faro a mayor altitud sobre el nivel del mar de los faros españoles habitados?

Es sencillamente imposible reflejar mínimamente lo que sentí la noche del martes, es imposible explicaros lo que es una noche en un faro. Me siento tremendamente afortunado por haber conocido a Mario Sanz que me dejó pasar una noche en su faro, por haber conocido a Antonio Zea, farista, nieto y bisnieto de faristas, que me dejó ver el amanecer desde lo más alto del faro de Sabinal y que compartió conmigo sus recuerdos de crío correteando por aquella playa.  Ya veis, algunas veces el Universo entero conspira para que los sueños se hagan realidad.



El viejo farero.



14 de octubre de 2012

Desde las linternas.

Una de las cosas interesantes de entrar a un faro es subir a la linterna, salir al balcón y ver las cosas desde un punto de vista totalmente original, un punto desde el que no todo el mundo puede ver el mar, un puerto, una playa...  No es tanto la altura de la torre como lo particular de la misma ya que no tienes ningún piso al lado, no hay más edificio que la porción de balcón en la que tú estás. A tu alrededor está el vacío.

En los faros a los que he entrado hasta ahora siempre he procurado hacer tres tipos de fotografías: de sus escaleras, de su óptica y del paisaje que desde allí arriba se ve. Hoy, como entiendo que subir a un faro no es algo muy frecuente, quiero compartir con vosotros estas fotografías para, en la medida de lo posible, compartir también la visión de las cosas desde lo alto de esas torres.



"Subí al faro de Trafalgar,
frente a mi gaviota en vuelo,
a mis pies la playa, el  mar...
¡Que pena no ser farero!