25 de junio de 2016

Vacaciones

Hace años, en la cornisa del balconcillo del faro, a un grupo de golondrinas se le ocurrió construir sus nidos. Es verdad que dan ciertos problemas pero, en el fondo, tenerlas aquí, compartiendo el faro conmigo, es un regalo impagable que la naturaleza me hace
cada primavera. Con ellas casi no necesito despertador porque cada mañana, antes de que salga el sol, ellas saludan a la vida con sus grititos, con sus cantos, con sus vuelos sin sentido. Las personas deberíamos  aprender de las golondrinas y despertarnos cada mañana con esas ganas de vivir con las que ellas lo hacen. Pero ellas son simples golondrinas, animales incapaces de pensar, de razonar, y nosotros, dice el cura, somos la obra maestra de Dios.

Hoy, al pasar junto al colegio del pueblo, el silencio en el patio del recreo me ha hecho sentir que era otoño. Algunas veces, camino del bar de María, o del puerto, paso junto al colegio. Me gusta, si es la hora del recreo, oir a los críos gritar persiguiéndose unos a otros, reirse, verlos jugar. Pero hoy el patio del colegio era un poco como mi faro cuando, en otoño, se marchan las golondrinas. No hay niños persiguiéndose unos a otros, gritando, cambiando de repente su trayectoria como lo hacen en el aire mis golondrinas. Hoy el patio del colegio, es la  cornisa de un balcón de un faro de la que se marcharon todas las golondrinas.


9 comentarios:

Leonor dijo...

Me encantaría vivir contigo viejo farero y despertarme con los trinos de las golondrinas.

El viejo farero dijo...

Hummm... no sé, creo que soportarías mejor a las golondrinas que a mí.

Un beso cañailla.

Gaviota dijo...

La soledad tiene un sonido especial

Anónimo dijo...

Una alegría volver a leerte y comprobar que tu sensibilidad al escribir sigue a flor de piel.

Carmen

María Rosa dijo...

He recordado mi niñez. Cuando saliamos en tropel el último día de clase y abrazamos fuerte el verano para que no se nos escapase ni un sólo día. Un grato saludo.

javier dijo...

Hola,farero creo que nos parecemos mucho!! me ha encantado lo que escribes con que sentimiento melancolía y pasión por la vida. Me has hecho recordar los tiempos vividos en el campo. Los nidos de las golondrinas y, como las respetábamos porque nos decían que ellas fueron las que les quitaron las espinas de la corona de Jesús... no sé pero siempre me gustó. Javier, (mi marido)y yo vivimos en Sevilla Aljarefe, y tenemos un pequeño jardín con paredes de 4 metros lleno de hiedra y...ahí es donde viven "nuestros" pajaritos, que llenan de vida y alegría nuestras vidas, quizás como tu bien dices y describes. un afectuoso saludo, mª cristina (estoy en el perfil de Javier)

El viejo farero dijo...

GAVIOTA: Es cierto, la soledad entera es "algo especial" si es deseada, otras veces ella y su sonido son tristes. Igual ocurre con la distancia, con la ausencia.
Como sé que eres un tanto especial con ciertos números te mando 3 besos y mi más cariñoso abrazo.

CARMEN: Muchas gracias por tus palabras. Si cuando alguien te lee siente al menos una parte de lo que tú has querido transmitir puedes sentirte feliz porque escribir para los demás no tiene otro sentido que compartir ideas unas veces, sentimientos otras.
Un saludo desde el faro.

MARÍA ROSA: Alguna que otra vez he dicho que el mayor error del hombre (y de la mujer por supuesto), es dejar de ser niño. Pocas cosas nos causan una alegría más íntima que recordar los momentos felices de nuestra niñez. Me alegro por tí. Y por mi.
Un saludo desde un poquito más al sur.

JAVIER Y Mª CRISTINA: De chiquillo me enseñaron aquello algo que, a fecha de hoy, sigo recordando:
"Golondrinas, golondrinas,
que le quitaron a Cristo
de su frente las espinas".

En el barrio donde vivía de crío, alas afueras de Sevilla, habían cientos de golondrinas que hacían sus nidos en la cornisa de los pisos. Nosotros cogíamos ranas de un arroyo, culebrillas, saltamontes, "zapateros"... pero las golondrinas eran sagradas.
Vivo en Sevilla y, lo mismo, una tarde quedamos y charlamos de pájaros, de faros y de cosas de críos.

Un saludo para los dos.

Anónimo dijo...


A mi hija Miriam de niña en casa se la llamaba "Golondrina", ahora, ya adulta, alguna sonrisa que otra hemos tenido recordándolo, eso sí, a ella le brillan los ojos con el recuerdo, así de especial ha sido para mi siempre este pájaro,

Me alegro mucho que hayas vuelto a escribir, se te echaba de menos.

María José

El viejo farero dijo...

Me alegra que una historia tan berve sobre las golondrinas y los niños te hayan traído tan bonitos recuerdos.

Una alegría saberte cerca del faro.

Un beso.