29 de septiembre de 2010

Mis ojos sin tus ojos... Miguel Hernández


Mi querida amiga Mar_ (la responsable de que este blog sea como es) ha hecho que abra por unos instantes el candado y entre a dejar este poema de Miguel Hernández. En verdad me ha enviado 3, pero a mi me ha gustado éste. Muchas gracias Mar_ , y un montón de besos.



Mis ojos, sin tus ojos, no son ojos.

Mis ojos, sin tus ojos, no son ojos,
que son dos hormigueros solitarios,
y son mis manos sin las tuyas varios
intratables espinos a manojos.

No me encuentro los labios sin tus rojos,
que me llenan de dulces campanarios,
sin ti mis pensamientos son calvarios
criando nardos y agostando hinojos.

No sé qué es mi oreja sin tu acento,
ni hacia que polo yerro sin tu estrella,
y mi voz sin tu trato se afemina.

Los olores persigo de tu viento
y la olvidada imagen de tu huella,
que en ti principia, amor, y en mi termina.



Miguel Hernández.










16 de septiembre de 2010

Cierre temporal.


Hay ocasiones en las que las personas tenemos que hacer un alto en el camino, detenernos para descansar, para ordenar ideas, o para encender una luz que nos ayude a aclarar cosas y seguir caminando en la oscuridad. Es curioso que, siendo supuestamente un farero, se me de esta situación, pero es que la vida es asi de caprichosa.

Detrás de este viejo farero hay un hombre de carne y hueso, tal vez con alguna pequeña virtud y sin lugar a dudas con una interminable lista de defectos: Soy yo, una persona como cualquier otra persona y tengo, como cualquier otra persona, cosas que ordenar. El viejo farero es un ser ficticio, lo he dicho decenas de veces, pero hay un hilo que nos une y por el que algunas veces se pasan, de la mente y el corazón de uno a la boca del otro, ideas y sentimientos.

Cerramos el faro por unos días, tal vez algunas semanas; bueno, lo cerramos a medias: Dejo la puerta encajada por si alguien quiere entrar y recorrerlo, y el buzón esperando más poemas de Miguel Hernández (será lo único que se publique en este tiempo), el homenaje, por supuesto, sigue adelante.

Cualquier día de estos os acercáis y lo veis de nuevo encendido. Os iba a pedir disculpas por el paréntesis, pero que va, más bien os dejo descansar por un tiempo.

A la izquierda podéis ver una serie de enlaces a otros blogs amigos; visitadlos, son estupendos, con ellos para nada echaréis éste en falta.

Hasta pronto. Un fuerte abrazo.

El viejo farero.


Hilo y aguja.


Ni el hilo ni la aguja tienen nada de especial, pero si le echamos imaginación podría ser la manera en la que un liliputiense los vería. La diferencia con cualquiera de las que se utilizan para coser es que ésta la estáis viendo aumentada 20 veces. Ya veis, ni el ojo es tan pequeño ni el hilo tan perfecto.


El viejo farero.

14 de septiembre de 2010

Nanas de la cebolla. Miguel Hernández.


La amiga Mar me ha enviado un correo con el poema "Nanas de la cebolla", de Miguel Hernández, para colaborar en el homenaje al poeta y un enlace a un vídeo de Serrat cantando dicho poema. Estas nanas las compuso para su hijo tras recibir, estando preso, una carta de su mujer en la que le decía que solamente comía pan y cebolla.

Amiga Mar, no se si el vídeo que enlazo es el que tú querías (no tenía modo de dar con él) pero espero que de no serlo éste te guste.

Ahora, como cada que vez que os dejo un vídeo, podéis ir al final de la página, quitar la música de fondo y disfrutar de la canción.

A ti, Mar, mil gracias por la colaboración y un beso.


Nanas de la cebolla.

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre.
Escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla,
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba,
con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.

Una mujer morena
resuelta en luna
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te traigo la luna
cuando es preciso.

Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en tus ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que mi alma al oírte
bata el espacio.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa,
vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.

La carne aleteante,
súbito el párpado,
el vivir como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!

Desperté de ser niño:
nunca despiertes.
Triste llevo la boca:
ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.

Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne es el cielo
recién nacido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!

Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela niño en la doble
luna del pecho:
él, triste de cebolla,
tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa ni
lo que ocurre.


Miguel Hernández.




11 de septiembre de 2010

11 de septiembre: 37 años.


No, no son las famosas Torres gemelas, ni tampoco es el Pentágono. Tampoco la cuentas están mal hechas. Posiblemente, a primera vista, desentonen los años y la imagen con la idea que hoy nos bombardea, sin embargo la imagen y el título de esta entrada concuerdan, no es un error. También son de un acto terrorista, también son de un 11 de septiembre: Es el Palacio de la Moneda, en Chile.

Posiblemente algunas personas, jóvenes sobre todo, relacionen la expresión 11-S con lo que llaman el mayor atentado terrorista de la historia. De terrorismo, el país que sufrió este ataque, entiende mucho. Posiblemente algunas personas incluso desconozcan que muchos años antes de 2001 ya hubo otro 11 de septiembre negro. Los amigos chilenos que visitan este faro lo saben bien. Fue en 1973.

En el diccionario de la Real Academia Española de la Legua existe la siguiente entrada:

Terrorismo:

1. Dominación por el terror.

2. Sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror.

3. Actuación criminal de bandas organizadas, que, reiteradamente y por lo común de modo indiscriminado, pretenden crear alarma social con fines políticos.

Aquel 11 de septiembre de 1.973 el ejército chileno dirigido por el general Augusto Pinochet, con el apoyo de Estados Unidos, lleva a cabo un golpe de estado contra el gobierno de Salvador Allende, contra la democracia y el pueblo chileno que sume a Chile, durante casi 17 años, en una sangrienta dictadura. Se pierden las libertades, se pierden cientos de vidas humanas, se tortura a más de 35.000 chilenos y desaparecen más de 3.000. Otros 50.000 han de abandonar su patria según algunos datos.

La imagen que encabeza este tema sí es del 11 de septiembre, sí es de un acto terrorista pero, por desgracia, fuera de Chile, casi ha quedado en el olvido.


Ahora podéis ir al final de la página, detener la música que os acompaña y volver aquí a recoger éste pequeño regalo que os hago, sobre todo a los amigos chilenos, con todo mi cariño.




El viejo farero.




10 de septiembre de 2010

Sistema antirrobo.


Zahara de la Sierra es un pequeño pueblo de la Serranía de Cádiz que forma parte de "la ruta de los pueblos blancos" y que es una preciosidad. Sus casas se arremolinan en torno a un cerro en cuya cima quedan los restos de un castillo y a sus pies se extiende el pantano que lleva su mismo nombre. Un pueblo digno de ser visitado.

Pasear por sus calles es una delicia, sobre todo cuando no hay mucho turista. Casas encaladas, calles empinadas y paz y tranquilidad. La verdad es que se tiene la sensación de estar en un lugar donde todo el mundo se conoce y jamás pasa nada: ni discusiones, ni robos... Hasta que llegas a este banco. Parece que no quisieron o no pudieron anclarlo al suelo como todos los bancos del mundo y a alguna mente lúcida, temiendo que el banco terminase en otro lugar, se le ocurrió este brillante sistema antirrobo. La próxima vez que expongan el Tesoro del Carambolo voy a proponer que se dejen de inventos y lo aseguren atándole una cadenita como ésta; seguramente a los cacos les dé tal ataque de risa que se olviden de robarlo.




El viejo farero.

8 de septiembre de 2010

El amor ascendía entre nosotros. Miguel Hernández.


Algunas veces las cosas no son lo que parecen; un claro ejemplo: Una galerna es un temporal súbito y violento con fuertes ráfagas de viento del oeste al noroeste que suele azotar el mar Cantábrico y sus costas generalmente en primavera y otoño. Hay una persona que firma con este seudónimo, pero cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia, es simplemente imposible, porque Galerna, con mayúscula, es una mujer llena de sensibilidad. Yo creo que debería cambiar su firma en este blog y poner "brisa".

Mi querida amiga Galerna aporta su granito de arena ( de una preciosa playa de Cantabria) en este homenaje a Miguel Hernández y nos manda este poema lleno de sentimiento del genial poeta. Lo dicho: algunas veces las cosas no son lo que parecen. Para nosotros el poema de Miguel Hernández, para ti, mi querida amiga, mi beso.



El amor ascendía entre nosotros.

El amor ascendía entre nosotros
como la luna entre las dos palmeras
que nunca se abrazaron.

El íntimo rumor de los dos cuerpos
hacia el arrullo un oleaje trajo,
pero la ronca voz fue atenazada.
Fueron pétreos los labios.

El ansia de ceñir movió la carne,
esclareció los huesos inflamados,
pero los brazos al querer tenderse
murieron en los brazos.

Pasó el amor, la luna, entre nosotros
y devoró los cuerpos solitarios.
Y somos dos fantasmas que se buscan
y se encuentran lejanos.


Miguel Hernández.



4 de septiembre de 2010

Un farero llamado Miguelito.


Este año septiembre parece un viento huracanado que cada día entra de repente desde el mar, pasa sobre el pueblo, se mete por sus calles, por sus ventanas, y se lleva cosas. A penas han pasado 3 días y ya se ha llevado a casi todos esos turistas que se asomaban al puerto haciendo fotografías a los barcos y a los marineros, esos que quieren parecer gente llana y sencilla pero que traen consigo ese aire de superioridad de gente de ciudad que mira por encima del hombro porque tienen un título, una carrera y un coche grande. Los mismos cuyos hijos nunca aprendieron a saludar y no distinguen una gaviota de una gallina.

El viento de septiembre se ha llevado también los días de calor, las interminables tardes de siesta, con el pueblo más cercano a la muerte que al sueño. Se ha llevado a las pocas golondrinas que me acompañan cada verano volando a ras de suelo como locas, buscando barro para su nido y, dentro de unos días, se llevará a la ciudad a Miguelito, el niño que soñaba ser farero.

Esta mañana ha venido a despedirse con su bicicleta que juega a ser una estrella fugaz por el camino polvoriento, con su sonrisa casi eterna y con su sed de zumo. Dentro de unos días se marchará y quería despedirse. Le queda tiempo, pero quería hacerlo "por si después no puedo, farero".

Se acabaron los años de colegio en el pueblo, el tiempo no entiende de sentimientos, ni de soledades, ni de necesidades, ni de ausencias, y sigue su camino, pasando, ajeno a todo. Y Miguelito se va haciendo un muchacho al que el colegio se le quedó pequeño, igual que algún día se le quedará pequeño el pueblo y la vida entre estas casas y estos barcos.

A finales de mes será su santo, pero él no estará en el pueblo y yo, que cada día estoy más viejo y me manda más el corazón que la mente, he recordado un deseo que mi pequeño amigo me había contado muchas veces y he pedido a su padre que lo trajese esta tarde, poco antes de que el sol se ponga. Podría venir solo, pero de noche el camino no es lugar seguro para andar con bicicletas, y Miguelito se iría del faro con la noche cubriéndolo todo.

Le tenía en la mesa de la entrada una cajita envuelta en papel de regalo. Pocas cosas pueden alegrar más el corazón de una persona que ver la cara de un niño recibiendo un regalo. Nervioso y sonriente ha empezado a quitar el papel poco a poco, pero los nervios le pueden y termina rompiéndolo de cualquier manera. Me muero por ver su cara cuando abre la caja y ve dentro una llave tan vieja como este faro y este farero. Le ha dado cien vueltas y mirado dentro de la caja buscando alguna pista otras tantas veces antes de lanzarse y preguntarme de que era. Le digo que la llave, en verdad, no es el regalo: el regalo es lo que ella abre. Y, con el sol escondiéndose detrás del mar, lo invito con un gesto a subir a lo más alto del faro. Arriba lo espera una cerradura que cuida y protege un mando.

Se le sale el corazón por la boca y casi se le podría tomar el pulso desde lejos cuando al girar la llave encuentra, esperando su mano, el mando que pone en funcionamiento el faro.

-Venga Miguelito, hoy tú eres el farero, gira ese mando y el faro se encenderá y se pondrá en marcha. Y Miguelito, nervioso como nunca lo había visto, acerca su mano y toma la pequeña palanca, y la gira... y el faro toma vida, igual que el muchacho, igual que este viejo farero...

Unos instantes de mirarlo todo, de vivir un sueño, un tímido grito: ¡¡Farero...!! y un abrazo que me llega a lo más hondo del alma.

No le hará falta, pero su padre y una pequeña cámara de vídeo se encargarán de que este momento no lo olvide fácilmente. Tampoco a mi me hará falta nada para ello.

-¿Bajamos?

-Claro. Farero... ¿tienes zumo?.