5 de junio de 2012

5 faros de Asturias. Avilés.


La semana santa era una buena fecha para escaparse unos días a Asturias. Allí mi amiga Sara tiene unos estupendos apartamentos en la Montaña Central, en Morcín, un lugar  situado a los pies del mítico Angliru y desde el que todo está cerca,  ideal para hacer escapadas a cualquier sitio: a la capital del Principado, a una cueva con pinturas rupestres de hace miles de años, a una playa que se enfadó con el mar y dejó de estar en él, a senderos que discurren por las laderas de  desfiladeros o a la costa a ver el Cantábrico, algún puertecito marinero y… en esta ocasión, visitar un faro por dentro.

Mi amiga Belén Menéndez me puso en contacto con  un farero de los de toda la vida que vivió unos cuantos años en el faro de la isla de Sálvora y que ahora tiene su casa en uno de la costa asturiana. Este hombre además de farero es buena gente y se ofreció a enseñarme el faro de Avilés si el trabajo se lo permitía.

Quedamos para la mañana del lunes  en la puerta del reciento del faro y mientras él llegaba aproveché para hacer algunas fotografías del exterior. En su entrada pone “Faro de Avilés”, aunque en verdad el faro ni tan siquiera está en su término municipal (pertenece a Gozón),  pero Avilés está a un tiro de piedra, es la población más importante que hay en las inmediaciones y el faro es la referencia de entrada tanto a la ría como al puerto avilesino.


Siempre me atrajo este faro porque su torre es, dentro de las españolas, bastante original y tiene cierto aire con los faros franceses o portugueses.  Se construyó en 1.863 en la margen derecha de la ría de Avilés en el saliente de San Juan de Nieva, y su torre es troncopiramidal recubierta de azulejos en otros tiempos blancos y que hoy, debido a la contaminación emitida por la factoría de Ensidesa resultan de un color amarillento pajizo. Posee una cúpula completamente acristalada y la linterna está rodeada por un balcón y una bonita cornisa. En su óptica existe un sector rojo que avisa de los peligros del bajo de El Petón. El faro en principio iba a erigirse en la punta de la Horcada, en el extremo norte de la boca de la ría ya que era mejor ubicación para la señalización marítima, pero el lugar resultaba demasiado expuesto a los temporales.

La contaminación de Ensidesa no se quedó en cambiar el color del faro, también se encargó de estropear y hacer desaparecer como tal la playa de San Balandrán situada en la misma margen derecha de la ría y que era muy utilizada por los avilesinos que cruzaban a ella desde Avilés  a través de un servicio de barcas que unía ambas orillas. Hoy en día San Balandrán es solamente un recuerdo y un cenagal donde reposan embarcaciones abandonadas.

A mediados del siglo XIX la reina Isabel II visitó Asturias y el diputado local D. Estanislao Suárez Inclán aprovechó para obtener de ella la aprobación de un proyecto para el encauzamiento de la Ría de Avilés y otras mejoras costeadas a partes iguales por el Estado y el propio municipio.

El 8 de noviembre de 1.861 salen a subasta las obras de construcción del faro, imprescindible para la entrada a la peligrosa ría que deposita importantes barras de arena en su desembocadura, alumbrando por primera vez el 31 de agosto de 1.863.


Desde su construcción el reciento que ocupa este faro está amurallado. El primitivo edificio era de planta casi cuadrada, de una sola altura, rematando esquinas y puertas con sillería y estando el resto de la fachada pintada de color blanco. La cubierta era a 4 aguas de teja roja. Las características actuales del edificio principal son prácticamente las mismas  aunque el color de la fachada se ha cambiado por el crema. La entrada principal se produce por la cara Sur y tiene como novedad un cuerpo adosado a la cara oeste con las mismas características. Esta obra data del año 1.917.

La torre ha sufrido alguna reforma y la linterna fue sustituida en el año 1.957 por una aeromarítima de La Maquinista Valenciana y está electrificado desde  en 1.926. Su luz es de color  blanco (salvo el sector rojo) tiene un alcance de 20 millas y al ser fija(no gira) ofrece ocultaciones cada 5 segundos. El faro tiene una altura de 15 metros y su plano focal es de 40.*

Cuando entras a la torre lo primero que sientes es una sorpresa total. Nada tiene que ver su aspecto exterior con la escalera que sube hasta la linterna. Visto desde fuera lo lógico es imaginarse una escalera más o menos amplia, de obra, que corre pegada a las paredes de la torre, en cambio se trata de una escalera de caracol hecha de hierro e inmensamente más estrecha de lo que sería esperable a la vista de la torre.

Desde su balcón las vistas son realmente bonitas pues tienes la Ría de Avilés a tus pies, al otro lado la playa de Salinas y un poco más lejos, hacia poniente, la costa de Castrillón y la isla de Deva.

Se pasa el tiempo volando mientras charlo  con este hombre y aprendo cosas de este faro. Le gusta su trabajo y le duele el cada vez mayor abandono que sufren los que ya no tienen farero. Y como en esta vida todo termina la visita al faro de Avilés llega a su fin. Me siento feliz por haberlo conocido por dentro, por haber podido subir a su linterna y por haber podido ver el mundo igual que lo ven los fareros, pero sobre todo me siento dichoso por haber conocido a este hombre, una buena persona, generoso y amable. Y eso, generosidad, es lo que le sobra  y me pregunta qué plan tenemos para hoy. –Ver este faro, con esto ya tengo el día hecho.    - ¿Quieres ver el de Cudillero? – Y este farero asturiano me deja sin palabras, con el corazón en la boca y el pulso a 150.



*Los datos técnicos referentes al faro han sido tomados del libro "Faros del litoral asturiano", de Belén Menéndez Solar.


El viejo farero.

2 comentarios:

Saray Shaetzler dijo...

A ver si nos hemos cruzado esta Semana Santa en mi tierra, farero. Me hubiera gustado visitar esos faros

Saludos,
Saray Schaetzler

El viejo farero dijo...

Toda una alegría verte por el faro Saray. ¿Quién sabe? igual nos hemos cruzado y ni lo supimos. Yo no puedo hacer que visites un faro pero si puedo pasarte las fotografías del interior de algunos de ellos, de Portugal tengo un par de escaleras impresionantes.

Un beso desde el Sur.